Hola Miguel! Te escribo esta carta solo para darte las gracias. Gracias por haber escogido a mi madre como tu mujer. Elegiste muy bien a la madre de tus hijas. Ella ha dejado una impronta en nosotras que no necesita de ti para ser las mujeres que somos hoy día. Te informo, aunque creo que lo sabes, que tienes unos nietos maravillosos. Es cierto que para tí nunca serán lo suficientemente buenos. Tuviste siempre la costumbre de compararnos con toda la gente a la que querías más. A la que valorabas más.
Hoy es el día del padre, y, después de ver cómo fuiste con nosotras, llegó el conocer a hombres que ejercían de padre con placer, con ganas, con desvelos…y sabes qué? No siento ninguna tristeza. Solo un profundo agradecimiento a que mis hijos hayan tenido mejor suerte que yo.
Otra cosa. No debiste ir al velatorio de la abuela. Tú dijiste que se había muerto tu suegra, pero, una semana antes de su fallecimiento, hablando en lo que no sabía era una despedida, le expresé mi pesar por tu trato con mi hermana. Y ella me preguntó: «¿y contigo? ¿Qué le hiciste tú? Siempre has sido una buena persona y has sabido salir adelante a pesar de las dificultades. Yo estoy orgullosa de ti». Por eso sé que ella no te hubiera querido allí. No quería a nadie que no supiera amar en la misma proporción que ella. A todo o nada.
Por último, quiero que sepas que te has perdido un amor inmenso, como el que no has recibido en tu vida. Y yo lo siento muchísimo. Pero sigo con mi vida.