• La vida larga

    ¿Qué piensas de la idea de vivir una vida muy larga?

    Si viviera una vida larga, tendría que ser desde la premisa de no dar ninguna lata a mis hijos si es que ellos llegan a ancianos claro! Porque hay un tema del que nunca se habla, por doloroso, porque ningún padre quiere conocer estadísticas que están ahí y son públicas,  pero para quienes las reciben, son una mierda.  Aunque la muerte forme parte de la vida misma, es un asunto tabú. Como digo, las estadísticas indican que, mal que nos pese, la muerte, en Avatar, llega antes siempre que a un terrícola.  Como unos 20 años menos de esperanza de vida. Es una cuestión de comunicación, de no saber explicar qué te pasa, de no querer tener mucha interacción con alguien que no es familia o amigo. El médico. Uno de mis jefes vive las mismas circunstancias que yo, aunque sus hijos presentan mayores dificultades. El otro día, su hijo mayor convulsionó y acabó en la UCI. A eso se le llama sufrir una regresión. Ha aparecido en su cuerpo algo muy asociado al autismo.  La muy temida epilepsia. El pobre hombre, que es la sal de la vida, estaba que se arrastraba. Yo, como una rata cobarde que sabía que si iba a su despacho me iba a poner a llorar, decidí enviarle ánimos a través de una compañera. Si duro es sufrir una enfermedad, cuando le pasa a un hijo tuyo es varias veces peor.

    También ocurre que no es que no quieras, sino que no puedas comunicarte. Que tengas una maraña neuronal que no te permita expresar lo que sientes, y, todo, en su conjunto, hace que la ansiedad y la depresión entren en tu vida, desgraciadamente, muchas veces para acabar con ella. Yo creo que, en este post de Anabel Cornago, se explica mejor https://www.instagram.com/p/DTF4b6MDv4j/?igsh=N3NvZjJubjkxbHFr

    Anabel tiene un hijo, Erick, que es dos años mayor que mi hija. A ella empecé a seguirla antes de que nos dijeran lo que pasaba realmente con la peque,  tan pronto, que creo que mi hija tenía como unos 18 meses cuando localicé el blog de Anabel. «El sonido de la hierba al crecer» se llama. Yo hacía lo mismo que ella con Erick, pero yo, además, trabajaba. Anabel daba conferencias y cursos porque, en poco tiempo, estudiando mucho a su hijo, se convirtió en una eminencia.  Nos conocimos en persona unos años después, en uno de los dos mil cursos que he hecho. Se daba en uno de los hoteles más pintureros de mi ciudad, con tantas estrellas que se salen de su fachada, rodeada de chavalas psicólogas, logopedas, terapeutas…todas queriendo llevarse el título y sus horas acreditativas. También habían madres, tres en total, porque es incompatible tener un hijo/a autista, y pagar un curso de, a lo mejor, doscientos euros, que era lo que tuvimos que pagar.

    Total, que, en un descanso, con unas pizzas de por medio, nos dijo, sin ningún tipo de edulcoración qué debíamos esperar, cuál era nuestra realidad, y hasta dónde se podía llegar si nos poníamos manos a la obra. Yo no hablaba mucho, no suelo hacerlo cuando estoy con alguien que no conozco, pero tomaba mucha nota mental. Y una de las cosas que ya hablamos ahí fue de que era muy posible sobrevivir a un habitante del planeta azul. Se hizo un silencio en la mesa, que estaba en la avenida de la playa, y, como en un cuadro de Sorolla, nos quedamos muy quietas, para que se captara el mar, el sol…y nuestra tristeza. Entonces supe que debía cuidarme como un jarrón Ming. Que debía estar por mi pequeña. Que era mi obligación aprender todo de ella para, si era necesario, poner mi voz en su sentir. Tanto me apliqué a ello que, en la noche de Reyes, ella, que sabía que le iba a caer algo, me oyó poner los paquetes y, cuando volvía para mi habitación, me giré y le dije que no se le ocurriera ir a ver qué o qué no eran los regalos. Se estaba lavando los dientes y se quedó parada, como si le hubiera dicho: «foto!!» Me preguntó que como sabía lo que iba a hacer. Le contesté achicando los ojos como un capo de la mafia: «porque te conozco». Llegué a la cama riendo. Has hecho un buen trabajo, pensé. Solo te hace falta salud para disfrutar de él. Solo te queda el enano…solo!!

  • La jefatura

    Esta semana, una vez más, me ha pasado por arriba. La víspera de Reyes, avisaron a mi aún marido de que se había muerto un tío político suyo, y la sorpresa inundó la casa porque él era una de las pocas personas con las que nos rozábamos en el exterior y además, era un hombre aparentemente muy bien de salud. Así que, el día de Reyes, después de abrir los chicos los regalos, salió a dar el pésame a su mujer y no volvió hasta las 6 de la tarde. Mi aún marido digo, porque yo estuve todo el día malísima de la alergia, que empeoró cuando quité el árbol, paso imprescindible para indicar el final de las fiestas aquí en Avatar. El árbol no puede estar en el salón y yo asumir que mi hijo vaya al cole sin desconcierto alguno. No computeriza ese tipo de coñas, así que lo quito aunque me vaya la vida en ello.

    Luego, el trabajo y sus cambios. Nueva forma de llamarnos, Nueva estructura en las oficinas, plazas que se eliminan para crear otras, jefaturas por un tubo, que, como le dije a mi hermana da lugar a jefes de grupo, jefes superiores, jefes supremos, dioses…Un asco! Total, que, después de preguntarnos si queremos susto o muerte, nos dijeron que si queríamos postularnos para jefes de grupo. La emoción fue tal, y la motivación tan enorme que quedaron tres plazas vacantes. Miramos a las jefaturas como vacas en un prado. Esa emoción. Ese derrape. Ayer un compañero me preguntó que porqué no me presentaba. Le dije que porque estoy esperando a que me den una plaza,  mi plaza, que conseguí hace casi dos años. Que está muy bien hacer creer a la gente que esta oficina funcionará y será más ágil (spoiller, no) pero a los que sabemos que la Justicia no funciona porque nunca le ponen medios no sea que los metamos en la cárcel, nos tienen hasta el parrús. Me ha enumerado los motivos por lo que cree que soy una buena lideresa, ha hecho que me equivoque aceptando los escritos porque no creí ser vista como jefa ni de un cortijo, mascullé por lo bajo un: «lo pienso» y aquí estoy, mirando al techo pensando en asumir una jefatura. Si me presento me la darán seguro! Ni idea de qué hacer.

    El miércoles me tocó terapia a la que llegué como un cable pelado. Mi terapeuta debería enchufarme a algún sitio para dar energía como una dinamo. Salgo de la terapia corriendo porque mi hija me dice que tiene migraña y voy a buscar al crío que sale de la suya. Llego jadeando como una actriz porno porque tengo diez minutos para atravesar una calle y media en diez minutos, pero llego. Tengo buen fondo. El cardio en el gimnasio ya se nota. Lo beso cuando sale como quien acaba de ganar una carrera. La terapeuta del niño flipa muchísimo con mis juegos malabares horarios.

    Elegí al sosainas como preparador de Gestión procesal y, el jueves, en la primera clase, entre que habían más de 300 personas conectadas, ya digo que el tío se vende bien, mi conexión a Internet que iba y venía, y que, después de llevar  dos horas corrigiendo un supuesto,  avanzarnos que iba a empezar a explicar Civil, que mi hija, mi churri, a las 8, siempre siempre comienza la cena, excepto el miércoles que le dio migraña, y que, a pesar de todo, quería cenar, y lo intentó, hasta que le dije que, ni ella estaba para cenas, ni su hermano moriría por tomar un bocata y un vaso de leche puestos por estas manitas. Total, que el jueves, al no haber cenado el día anterior, hizo humus, y, mientras yo escuchaba, o intentaba, escuchar al profesor, ella le daba duro a lo de moler garbanzos. La miré, suspiré, y apagué el ordenador abandonando la reunión a la francesa. A las bravas, maldiciendo el no haber ido al gimnasio para oír una clase entrecortada en unión de una batidora a toda potencia. Al girarme, veo a mi hijo tapándose los oídos evitando el ruido y no puedo más que pensar que, ojalá tener yo un oído que me permitiera escuchar cualquier menudencia. Él seguro que se cambiaría por mí alegremente, y yo podría sacrificarme con el mismo sentimiento alegre para evitarle esos malos tragos.

    Hoy me he levantado teniendo noticias de mi tía. Me encantan sus fotos de la nieve que hiela a Europa, y que yo no veo más que en fotos! Ojalá ver nevar una vez en mi vida! Parece que, poco a poco, le apetece tener contacto con el exterior, saliendo de su Avatar interior,  sin prisas. No hay ninguna aquí, al otro lado. Se harán las cosas como ella desee, a su ritmo. Al otro lado le espera siempre el cariño de los suyos.

    Ahora me voy al gimnasio. Mi espalda protesta mucho cuando no voy, y llevo sin ir toda la semana menos el lunes. Si. Fui la víspera de Reyes. Necesitaba tener una excusa para llegar, meterme en el trastero, empaquetar los regalos y subirlos a casa como si mi tribu fueran los pies silenciosos o algo así.  Hoy me voy como digo al gimnasio.  después de hacer transferencias bancarias, de pagos de comunidades, coger el carro, ir al gimnasio, entrar al súper a comprar…todo eso sola. Para disfrutar un poco de mi diálogo interior, ese que me ve como a mi hijo, con los dedos en los oídos porque con el estrés  no tengo tiempo de escuchar, al que agradezco poco, pero al que debo todo. Al que me puso donde estoy. Al que me hizo lo que soy. Una superviviente! Buen día terrícolas!!

  • Ya vienen los Reyes!

    Hoy es el último domingo de estas fiestas. Para algunos países, esto se acaba el día 1, pero aquí aún quedan los Reyes Magos.

    Este año he sido una buena niña, y, sin poder dar crédito, en una mañana compré los regalos para los chicos. A mi aún marido le harían falta unas zapatillas de andar por casa, pero me molesta salir a pillarlas cuando él ayuda cero en la adquisición de regalos, y me regala nada. Yo los compro, los llevo al trastero, en un momento de descuido, bajo a empaquetarlos, los subo a casa como un sioux, y los pongo bajo el árbol. No tiene idea de qué he pillado. Y se la sopla, además!

    Al enano le compré un globo terráqueo, porque estudiar La Tierra y no ver cómo es hace que, por ejemplo, suspenda Geografía. Luego le compré un libro de chistes, a ver si por esas pilla el gusto a la lectura. Odia leer, y es algo que me entristece mucho. Yo le digo que  leer es vivir otras vidas, es creer que todo puede ocurrir con la magia de lo que sucede entre sus páginas, es aprender a disfrutar de la palabra creatividad, y él se pone de perfil. En plan, amos no me jodas mamá!  Y por último, un juego para jugar en familia, de palabras, y de la agilidad para decirlas. Seguramente me elija como pareja, y acabaremos perdiendo de manera estrepitosa. No importa. En esta vida hemos venido a pasarlo bien en la medida de lo posible.

    A mi hija le compré una agenda, un bloc de notas con un precioso dibujo de Alicia en el País de las Maravillas, y un set de cremas para cara y cuerpo que ella, siendo la Eowin de nuestra familia, con su rostro níveo, disfrutará cual enana.

    Para mí, como autoregalo, aunque no sé yo si hacerlo, he pensado en adquirir el temario de un preparador sosainas que vive en la isla de enfrente. Prepara el cuerpo al que quiero ascender y, es cierto que, a pesar de su falta de expresividad, se vende muy bien. Publica comentarios de gente que, en pocos meses, ha conseguido superar el examen y conseguir plaza con él, y yo, la verdad, es que, con el preparador que estoy, nunca he conseguido siquiera llegar al aprobado.

    Me he puesto como límite hoy, no sea que, cuando quiera apuntarme, me diga que ya no hay plazas. El sosainas tiene un grupo reducido, y, encima, debe ser que muchos son de la península que el horario de sus clases te la pone con el uso horario de la piel de toros. El mote, la verdad, lo entenderían si lo oyeran hablar. Tiene la expresividad de una efigie, mientras que mi profe, que es de Alicante, solo falta que en una de sus clases coja unas castañuelas y empiece a bailar, todo por buscar el aprobado de sus alumnos. Pero…no ha funcionado para mí en Gestión, que es el cuerpo al que quiero llegar, porque para algo me pagué la diplomatura aguantando clientes maleducados y compañeras insolidarias. Para poder alcanzar unas metas que nadie en mi familia había alcanzado. Para no creer en la inercia. Para salir del bucle. Trabajaba en un supermercado, por horas, en turno de tarde, y soñaba con sacar la cabeza del atolladero en el que estaba. Y lo hice, y, al cabo de unos años descubrí que había volado tan alto que me había topado con otro planeta. Y ahí me quedé a vivir. En Avatar!

  • Feliz año!

    Esta semana ha sido muy corta, demasiado diría yo. El martes 31 estuve todo el día creída de que el año acababa el miércoles. Hasta que caí en la cuenta de que me tocaba cenar con la familia política y ahí lo entendí todo. Estaba tratando de evitar lo inevitable, y eso que fuimos a las nueve y pico y volvimos a las once, después de recoger mesa, fregar cacharros, barrer por debajo de la mesa…Ir a comer con mi suegra y mi cuñado es hacerlo sabiendo que, hasta lo que vas a comer, debes prepararlo tú, y luego recogerlo, por supuesto! Le dije a mi aún marido que porqué no venía ella, que tenemos ascensor y rampa de acceso y me ha dicho que eso sería un rollo. Es decir, ella va cada semana al sur de la isla a visitar a su hermana, sube unas escaleras enormes para acceder a la casa, escaleras que luego debe bajar una mujer que camina con taca-taca, y eso no es un problema! Se lo digo y me contesta algo a lo que ya no presto atención. Me molesta terriblemente comer en una casa en la que vuela la ceniza del tabaco de mi cuñado, donde la vajilla amarillea, donde los vasos están empañados, donde los paños de cocina huelen a humedad, en definitiva, acabo compungida y sin ganas de comer. Ni de beber! Le replico que no cuente conmigo para vivir esa guarriexperiencia nunca más.  Miento. Soy gilipollas y, en vez de tomar una decisión y sostenerla, trago. Además, tuve un dolor de cabeza para rematar el día bien interesante y eché mano del ibuprofeno. Cada año lo mismo!

    En fin, que salí a escape de su casa, después de soltar a mi hija de unas órdenes que le dije a mi suegra que se las diera a su hijo, y nos fuimos a partir el año a casita. A Avatar. Mi aún marido no parte el año jamás con nosotros, tal vez lo haga en el trabajo, pero nunca con su familia. Se fue a dormir entendiendo que, también, había trabajado ese día y bla bla…y yo me quedé con los chicos en el salón. 

    De repente, me entran dos notificaciones en tik tok. Mi hija me ha mandado dos videos de mujeres antes y después del divorcio y, la verdad es que ambas salen ganando por goleada. Miro a mi hija de reojo. Se hace la muerta y yo hago lo mismo. No quiero ponerme trascendente. Solo quiero comerme las uvas.

    Le digo al enano que vaya a dormir con su padre y este me dice que va a ver qué es eso de las uvas. Le explico lo que debe hacer. «Ve y coge doce uvas» le ordeno. Coge un puñado, las mete en el vaso y empieza a contar. Le pido que las saque y tenga la paciencia de contar hasta 12. Lo hace.

    Llega el momento de partir las uvas. Pillo un canal autonómico porque ya en el resto del país llevan una hora en el 2026. Le explico al niño que, a cada dong, va una uva a la boca. No todas a la vez. Miro para mi hija y le digo que esto no es Madrid y que aquí no hay cuartos. «En serio?» Me dice. Joder! 20 años viviendo en la Tierra y aún tenemos esa duda!

    Empezamos a comer unas uvas que están horrorosas. Me da la risa y no continúo. Mi enano se une a mis risas y me dice que le ha gustado su primera experiencia partiendo el año. Mi hija se las acaba. Cómo no!! Luego nos besamos y brindamos con agua por el nuevo año. Nos abrazamos como si fuéramos un equipo los tres. SOMOS un equipo!! Y con ese calor corporal y esas risas compartidas me voy a la cama. A soñar con un 2026 lleno de papel en blanco y de anécdotas por vivir. Me giro y doy las buenas noches. «Feliz año mi hijo!» Digo. Y acto seguido caigo fundida en negro!

  • Y si…

    Hoy es el cumpleaños de mi padre. Cumple 81 años, me lleva 26, y no sé si está vivo o muerto. Hablando con mi hermana le he dicho que difícilmente nos íbamos a enterar de su fallecimiento puesto que sus hermanos (tenía 3) han muerto hace tiempo ya.

    Yo llevo haciendo desde ayer un: «si mi padre nos hubiera querido…» Si sus sentimientos hacia nosotras hubieran sido otros, mi hermana y yo nos hubiéramos quedado viviendo juntas. Por ejemplo. No me hubiera mentido diciendo que su cumpleaños caía el mismo día en que mi madre se fue, un 26 de noviembre, haciéndome sentir fatal durante años y reciminando a mi madre algo que era incierto. La pobre mujer tuvo que enseñarme el libro de familia para quitarse el título de mala mujer de encima, aunque yo, la verdad, lo único que pensé cuando me dijo que era su cumpleaños, fue pensar que ya habían fechas en el calendario como para elegir ESE día. Y sentí un poco de lástima hacia la figura paterna, lástima que no fue nunca recíproca.

    Si él me hubiera querido siquiera un poquito, me habría apoyado, por ejemplo, en darme estudios. Yo deseaba hacer derecho pero él no quería cumplir ese deseo. Él solo quería que yo no existiera, como ya había hecho con mi hermana que se había marchado con mi madre. Creo que se intercambiaron una o dos cartas, pero él, al que le encantaba ser la víctima, prefirió decir, seguramente, que no tenía noticias de la niña. De hecho! A la gente que lo rodea en la actualidad, no les dice que tiene dos hijas por ahí. Imaginen! Quieres quedar como el pobrecito de la peli, y tu mujer te abandona y se lleva a una de tus hijas. La más bonita de las dos. La más sociable. La number one. Pero tienes un problema, que tu primogénita, ese pedazo de grano en el culo, vive y comparte el mismo aire que tú, y fíjate! tiene boca y buena memoria, y algo aún peor, sabe lo que ignoras a su hermana. Además, por ese odio soterrado que le tienes por lista, la tratas como si fuera basura y, cuando estaba recomponiéndose de un accidente de coches, por poner un ejemplo,  durante una visita de dos horas, decidió hacer como si ella no estuviera en la misma habitación.

    Recuerdo salir de allí, llorando, y llegar a casa de mi abuela y ella pegar los trozos con un abrazo. «No digas que no te quiere mujer! Es solo que él no sabe demostrar cariño!!» Ay abuelita!! Ella también acabó entendiendo que no era que no sabía, sino algo peor, que no le daba la gana.

    Primero me cerró el grifo económico, aunque nunca lo que le daba a mi abuela porque ella lo amenazó diciéndole que, si no había dinero, yo debía volver a vivir con él, y, claro! un trago de lejía le era más apetecible que eso. Me puse a trabajar, primero a jornada completa y luego a turnos. El gusanillo de estudiar seguía ahí y me decidí a hacer la diplomatura de turismo, que era privada pero que se pagaba mes a mes, en una cuota de lo que hoy serían 60 euros. Le daba a mi abuela parte de mi sueldo, ganando 350 euros, le aflojaba 200, así que lo que restaba era para el transporte, aunque casi siempre iba caminando, y poco más.

    Luego, como broche final, me dijo que dejara de molestarlo, y entonces le dije parte de lo que sentía. Le pregunté que porqué no tenía los redaños de decirme la verdad. Que no me quería. Que le molestaba mi existir. Que hubiera preferido no haber tenido retoños, mientras él se retorcía como un gusano para ocultar que la palabra padre no estaba hecha para su persona.Entonces recogí mi orgullo, los pedazos que encontré a mi alrededor, mi tristeza, y salí por la puerta de una casa que vendió al poco. Para que no quedara huellas de lo sucedido. Para tirar los recuerdos, las fotos, ropa, muñecas…todo a la basura. A pesar de ello, me recompuse, salí adelante y me convertí en la mujer que soy hoy día. Una que necesita terapia para avanzar, cierto, pero una mujer que ama a sus hijos. Sin ningún atisbo de dudas.

  • La plaza

    Hace muchos años, tantos como diecisiete, teníamos una niña que no hablaba. Y cuando digo esto, quiero que entiendan que no decía ni ay, ni señalaba, ni daba una señal de agrado ni nada de nada. Con la preocupación inicial, vino la visita al pediatra, a la mutua y a un neuropediatra. Tras ir a este último, que nos aconsejó ponerla en terapia, como ya había hecho anteriormente su pediatra, y antes de salir por la puerta, nos dijo que la chiquilla era lista y muy inteligente y que él auguraba que, en torno a los cuatro o cinco meses, diría algo más que «apoite» que nunca supimos su significado, aunque yo creo que quería decir «malo» y «cuyá» que significaba «hola». Lo conseguí traducir porque lo decía siempre al ver a alguien por primera vez. Yo andaba  intentando que no se metiera en líos grandes, como por ejemplo, subirse a la ventana y sentarse en el alféizar con las piernas por fuera en un segundo piso, encontrarla liándose el cordón del estore en el cuello, que ya conozco de algún accidente en el que el crío no tuvo la suerte de mi hija, y el estore saltó hacia arriba llevándose su vida por el camino, y pasaba todo el rato observándola como un águila, desde mi altura de adulta, girando en torno a su cabeza para caer en picado y sacarla del peligro.

    Cuando salimos del médico, nos aferramos en lo que nos dijo y comenzamos la terapia y a arruinarnos todo junto y a la vez. La terapia era tres veces por semana y, en medio de esperar a que dijera mu, la enseñé a señalar, y digo la porque no recuerdo a su progenitor en esas preocupaciones, le quité el pañal, un fin de semana de esos que duran cuatro jornadas porque la gente hace puente, el biberón…y un día, trasteando en la cocina, descubro que hace un rato largo que no la oigo, y me preocupo al instante. Salgo corriendo y comienzo a gritar su nombre, no sé porqué, porque mayormente nunca recibía respuesta, por toda la casa. Me la encuentro en el salón, poniendo los libros en fila, y, al entrar yo, se gira, me mira, y me pregunta qué, como si lo hiciera todos los dias, lechuga como una fresca que diría ella hoy día y entonces mi alma se separa de mi cuerpo, y, levitando se acerca a ella, la abraza, y hace una fiesta. Cuando vuelve a mi cuerpo, mi alma y él deciden que este  ha sido el día más bonito de sus vidas. Y así, llenos de emoción, continúan en la lucha porque ese qué se convirtiera en  algo más.

    El lunes, después de limpiar la cocina, y esperando a que llegara su padre para comer, me tiré a mirar el móvil. Veo que me ha entrado un mensaje de nuestro preparador y lo abro. Empiezo a leer y entiendo que el correo es para mi hija, cosa que me desconcierta. Hasta que llego a «y visto que en el turno al que usted se presenta las plazas son X, y hay X aprobados, se ha de entender que usted ha sacado su plaza y…» No leí nada más. Esta vez mi alma y mi cuerpo permanecieron unidos porque el letargo de tantos años y la edad, hicieron que no pudieran revolotear como dos palomas. Salté de la cama, grité, giré para enfilar la salida de mi habitación derrapando en la carrera, y me la encontré en la puerta de su habitación de la que había salido para ver si me había matado. La abracé muy fuerte y le dije que ya era funcionaria, con permiso del juramento y la toma de posesión, y lloré y lloré y lloré…tanto, que creí que me iba a deshacer como un azucarillo ante tanta lágrima. Y así nos quedamos, yo abrazada a su cuerpo, que no era capaz de interiorizar la noticia, y ella repitiendo que no podía ser, que qué fuerte. Entonces mi hija tuvo 3 años y yo 38. No quise decirle que me había dado los dos días más felices de mi vida. Pero lo ha hecho. Dos veces!! No hizo falta porque, durante un segundo, entré en Avatar y se me permitió hacerle ver el alcance de su logro. «Solo me queda el enano», pensé. Y con  el ánimo de alguien que hubiese ganado la lotería ese día, mi cuerpo se llenó de energía para las batallas que nos queda por pelear. O me quedan. O le quedan. Da igual! Vamos a conseguirlo!

  • El cumpleaños de mi tía

    Hoy es el cumpleaños de mi tía. Lo llevo recordando toda la semana, porque a todas horas me acuerdo de ella, aunque nunca la nombre, aunque no pregunte a sus hijos. Da igual! Ya hace tiempo partió a otro mundo, uno en el que  es feliz, donde, por fin, es ella misma. La llevo recordando tanto y la tengo tan interiorizada, que anoche tuve una pesadilla horrible. Una en la que yo hacía creer no se qué mentira relacionada con escribir y que estaban a punto de descubrir que yo era un fraude total. Lo curioso es que la que me quitaba la máscara es alguien a quien sigo en redes porque tiene un blog y me gusta como escribe. «Me encantaría escribir así» pienso cuando la leo. Yo creo que ha sido un síndrome de la impostora en forma de mal sueño y, para hacerlo más angustioso, se producía en casa de mis abuelos, una casa que, aún después de 26 años, recuerdo perfectamente y donde viví un montón de situaciones penosas. Es curiosa la mente! Como te lleva de un rostro a un lugar concreto, a una vivencia concreta. Mi tía siempre me animó a escribir, porque era capaz de ver en mí cosas que yo creía incapaces de hacer. Como lo de escribir, o las oposiciones. Ahora mi confianza está huérfana sin sus palabras de aliento. Es lo que tiene la vida. Que no es inmutable. Que cambia al segundo. Que no es en absoluto predecible.

    Mi tía y yo éramos muy afines. Nos gustaba leer, escuchar música, pasear, ir al teatro…yo hacía lo que podía y compartía con ella los momentos que me permitían los años. Ella me lleva seis a mi, así que, hubo días en que tuve que ver cómo se iba a tal o cual sitio, mientras yo tenía que quedarme a estudiar o irme a visitar a mis padres. Qué frase! Ir a visitar a mis padres! Tampoco me importaba! Nos queríamos, sí, pero supimos crear cada una un espacio propio, con amigos distintos, situaciones diferentes. Y esa distancia que impuso la edad fue la que me hizo ver que algo no andaba bien. Como un cuadro que ves muchas veces y, de repente comienzas a captar sus trazos únicos, los errores, los usos de luces y sombras…y entonces caí en la cuenta pero no podía decir nada porque me hubieran tomado por loca. Ella es la persona más dulce del planeta. No podía ser que estuviera tan mal! Y menos por una cuestión de salud mental!

    Y así vivimos hasta que un día ella decidió que dejaba de ocultarse. Que se iba a comportar como ella sentía, sin importarle ya ni marido (que, para ser honestos, se lo merecía) ni hijos. Y llegó su primer ingreso. Mi madre, que nunca fue objetiva con la gente que amaba, fue a visitarla a Alemania, viajando un montón de kilómetros con mi hermana, para ayudar al marido. Volvió diciendo que lo que tenía su hermana lo había provocado él y yo dejé que él sudara un poquito de tinta y me callé que aquello venía de cuando aún ni se conocían. Pobrecito mío! que ya por aquel entonces tenía y disfrutaba de  los brazos de otra compañera sentimental, con la que llevaba un montón de años,  todo ello, claro está, sin decirlo a la familia de su mujer, no fuéramos a decirle que le podían ir dando mucho por donde cargan los camiones. Tampoco tardó mucho en dejar  claro que su mujer le importaba cero, así que, cogí el móvil y lo saqué de mi vida en el mismo momento en que, en un viaje en coche hasta mi casa, con mis dos chicos avatares detrás, me dijo que si no me importaba criar a su hijo pequeño desde ese día hasta el día de mi muerte. No podía creer tanta poca vergüenza! Le dije que no y no he vuelto a saber de él si no es porque hay gente de mi familia que aún es capaz de hablarle sin vomitar a la vez. Carezco de ese cuajo. Qué le vamos a hacer! Tal vez esté harta de padres que lo son solo de boquilla. Seguramente.

    Me ha levantado el enano bien temprano y me he tirado al móvil para felicitarla. Me ha respondido con menos de dos líneas y ya no ha visto mi respuesta.

    Como dice Neruda: «Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo» pero yo ya sé que ella no quiere causarme ningún dolor, y esta no será la última vez que yo le escriba.

  • El primer trimestre escolar

    Ayer dieron las notas, y, como somos un país moderno, ahora, si no tienes una aplicación para verlas, o haces caso de la aplicación del cole, no te enteras de qué va la cosa. No quiero pensar en esos niños cuyos padres a penas pueden sacar la cabeza de entre las facturas para no ahogarse con ellas y, que además, practican el noble arte de decir que ellos no acabaron el colegio y que la vida los ha tratado muy bien. Mientras, tú observas los tatuajes que cubren su brazo, los ojos, que brillan de una manera sospechosa, sus gritos desde que su crío hace un poco de ruido…gente a la que he conocido, que han estado a mi alrededor…y solo puedo sentir un miedo y un frío intensos. «Por el amor de Dios, no te dejes ir de esta manera! Quédate en el eje que atraviesa tu vida! No te dejes arrastrar por la oscuridad que una vez habitó en tí!!»

    Yo no me acordaba de que debía conectarme a Internet, pero es que, además, el miércoles me llamó su tutor y ya me dio un avance. El enano suspendía cinco asignaturas, y yo, sin preguntar cuáles, estuve a punto de nombrar a todos los ancestros del tutor y míos. Se lo digo al padre, porque estamos hablando que la llamada se produce sobre las tres y pico de la tarde, y, a esa hora, él y yo estamos boca arriba, como dos cucarachos, descansando y cargando pilas para una tarde de traca. Aún me quedaba, a esas horas, ir a mi terapia, organizar la del niño, comprar un regalo para poner bajo el árbol…en definitiva, un problema del primer mundo como una casa, pero que debemos afrontar porque somos adultos funcionales.

    Cuando vuelve el padre de recogerlo en el cole, le pregunto que cómo le han sentado los suspensos y él, como buen padre de Avatar me dice que al niño le dan las notas el viernes y que será entonces cuando hable con él. Me cabreo. Al niño ya le han dado las notas y ya sabemos lo que hay. No voy a esperar al trámite. Me acerco al salón, y sin saludarlo, le digo lo que hay y que, cuando vuelva al cole, irá con la toma de la concerta, su medicamento para tratar el tdah. Me visto, y, al salir por la puerta, me pregunta que a dónde voy. Le contesto una majadería y cierro la puerta. Salgo del portal y está lloviendo. Esto, unido al aire fresco, me permiten bajar el ataque de nervios que llevo. Pienso en el esfuerzo que hemos hecho para conseguir cinco calabazas. Saco el móvil de mi bolso y, haciendo malabarismos con el teléfono y el paraguas, le envío un mensaje a su terapeuta. Quiero que le deje bien claro que medicarse no es un castigo, que,  primero nos recomendaron, y ahora, con las notas, nos obligan a esta decisión.  Ya el paseo me deja pensar con claridad y siento en cómo debe estar él que ha hecho el esfuerzo mayor. Al volver a casa, y tras una terapia que me aclara las ideas, y agotada de caminar buscando el regalo, lo abrazo y le digo que vamos a conseguir salir de esta. Vaya que si! En peores plazas he toreado!

    Ayer, al ver las notas, esas que dice su tutor que lo van a obligar a repetir, veo que tres de las asignaturas cateadas son de evaluación continua, francés, que deberían eliminar del sistema educativo porque no entiendo a quién puñetas le importa ese idioma, y quien lo quiere hablar lo hace desde un cole específico o en una academia, plástica, amos no me jodas! que el niño viene de Avatar!!  y tecnología, otra puta mierda. Luego, las dos asignaturas de su tutor. Biología y Geografía. Qué casualidad! Ha aprobado matemáticas, lengua e inglés, que tienen mucho peso específico en una persona autista a la que hace unos años le preguntabas cuántos dedos teníamos en las manos y, cada vez, se contaba los dedos para darte una respuesta, muchas veces equivocada. Las notas son malas pero no terribles y, bajo mi punto de vista, ha suspendido Geografía con el ánimo de hacernos entender que, o hay pastilla, o aquí todos lo vamos a pasar mal. A contrapelo. Sin ayuda. Como él con un niño en el aula que se lo debe hacer pasar tono valle de lágrimas. Ese rollo! Lo entiendo y lo asumo, aunque, tal vez, si lo viera colgado de algún sitio a punto de caerse, le diera como ayuda lo que él a nosotros. Soy un poco como El Padrino. El respeto y la familia son dos pilares fundamentales en mi estructura cerebral. Y este ha ensuciado, con las dos calabazas, mis dos pilares. Y se va a enterar! Sin acritud!

  • La Navidad en Avatar

    Llevo como unos quince días tomando creatina durante el desayuno, eso, y magnesio, no porque haya oído a la influencer de turno decir que si estás en menopausia te lo tomes que ya verás y bla bla, sino porque médicamente, deberían  ser de toma obligatoria desde que vas entrando en la madurez. Que he leído y me he informado y llego a conclusiones casi cuando mi cuerpo ha dicho stop. Todo este rollo anterior lo he largado para que entiendan que yo, a.c (es decir, antes de la creatina) era una mujer sin energías siquiera para soplar, e iba bien justita para atender las necesidades de los chicos, pero ahora, tomando esa maravilla sideral, no sólo puedo llevarlo todo de forma correcta, sino que, además, hago planes con ellos.

    Total, que el lunes 8, decido hacer el árbol de Navidad y, el día antes, fui preparando a mi hijo para dar una vuelta por la calle comercial que hay cerca de mi casa y ver el encendido de las luces. Como el plan en sí no era atrayente, le dije que lo invitaba a un helado, que una conoce a sus retoños y sabe dónde les aprieta el zapato. Al final, a fuerza de dar el coñazo, conseguí que viniera la hermana que iba con los brazos cruzados y repitiendo que qué había de guay en ver un encendido. «Tal vez que nunca has visto uno??» Le contesté.

    Después de ver cómo se iluminaba la calle, acompañado todo de unos uy, ay, más falsos que el carajo, nos fuimos a la heladería. Pasamos por otra que debe ser nueva pero al ver que se formaba un poco de cola y que los sabores no eran muy variados, seguimos hasta la que vamos siempre en la que hay que coger número. Pillo un ticket y, oh my god, hay  17 personas por delante. Dejo a mi hija con el hermano y me meto en una tienda de informática donde recibo malas noticias. Lo que busco ya es del pleistoceno y tengo que pedirlo online. Vaya por Dios! Ahora tengo que esperar a que me llegue un paquete del lejano Oriente, ojo cuidado que no me gusta recurrir a ciertas páginas pero es que solo las de Oriente envían a las islas,  porque mi televisor y el juego de la wii son incompatibles y porque el mando de la tele ya no está in sino out. Hay que joderse!!

    Salgo corriendo esperando ver a mis hijos en la puerta del negocio con sus helados en ristre. Recibo un mensaje de mi hermano. Barrunta los nubarrones que me cubren la cabeza y me pregunta. Yo le contesto a tropicones porque urge buscar a dos habitantes de Avatar solos en medio de un gentío enorme y mi entusiasmo por esta salida coge las de Villadiego. Cuando los encuentro, aún les quedan dos números por delante. Mi entusiasmo vuelve de Villadiego y me da dos tortas por semejante ocurrencia de salida. Al final, los atienden, y mi hija que no quería nada acaba animándose a pedir ella también un helado. Al salir les explico que viene durante la semana un frente frío y que, seguramente, no hubiéramos podido ver nada navideño hasta casi el día de Navidad. Me contestan al unísono que se la suda muy fuertemente toda esa necesidad de pasear, pretender alucinar con unas luces que a ellos plin, comprar a destajo mierdas para gente que no han querido acercarse a ellos ni con un palo…Cuando les pregunté que qué les había empujado a acompañarme en la idea, me contestaron que había sido un diez por ciento por el helado que se iban zampando y un noventa por ciento de querer hacerme feliz. Nos quedamos en silencio un rato largo, que rompí diciendo que quería que amaran estas fechas como lo hacía la abuela. «Bueno! Podría ser! Con el tiempo!» Me contestaron. «Espero que no sea uno tan lejano que no pueda vivirlo junto a ellos» pensé. Y, cuando me di cuenta, estábamos frente a Avatar. Un sitio donde la Navidad tiene un sentido distinto, una visión distinta. Que no inferior! Solo diferente! Como el mapa neuronal de sus habitantes!

  • El cumpleaños de mi hermano

    Hoy me he levantado por el ruido de una tormenta. Al principio me ha extrañado pero, al asomarme a la ventana, he visto que mis oídos no me engañaban. Me he acordado de cuando viví unos meses en la península y, como una carambola de billar, me trasladé al cumpleaños de mi hermano ayer. Él pobre cabrón está en Costa Rica, sufriendo como solo una persona como él es capaz de sufrir, es decir, está exprimiendo cada minuto de su vida a tope.

    Me voy a preparar al desayuno y veo a mi enano saludándome desde el sillón. Ayer colgué una foto de mi hermano de pequeño, y mucha gente vio que se parecía a mi hijo. Y si, se parecen. Incluso en la parquedad de palabras. Vuelve mi memoria a mi hermano, merendando y viendo «La Sirenita» de Disney, calladito, recién duchado, que sólo me miraba a través de sus pestañas tamaño jirafa cuando yo le preguntaba alguna cosa. Parpadeaba una vez. Asentía o negaba con la cabeza. Volvía a los dibujos. Yo debía de ser la hermana coñazo porque le llevo unos buenos 17 años, pero era lo que había y, aún hoy, habré subido un par de peldaños en la categoría, no muchos más!

    Eso me lleva a cuando le apareció un testículo de color verde y, a mi pregunta de si le duele me contesta que no. Mi madre me mira y yo le devuelvo en la mirada toda la gravedad del asunto. Sin decir nada. No queremos asustarlo. Lo lleva a urgencias y, prácticamente, no vuelven a salir del hospital hasta dos años después. Él sale con un montón de heridas de guerra, en una batalla contra la muerte, y mi madre con una coraza dorada que la convierte, a partir de ahí, en una mujer diferente. Habían ganado la batalla, aunque la guerra duraría varios años más.

    Tambien lo recuerdo jugueteando con el amigo, corriendo de un lado para otro, mientras yo sostenía un cubata, que ahora no bebería ni muerta, y lo miraba como un camaleón. Un ojo a quien me hablaba y otro a él. Ejerciendo de hermana coñazo. Cuando mi madre me preguntaba que si lo había visto, yo le señalaba al punto exacto, y por ahí pegaba mi madre un grito de vuelta a casa.

    Comienzo a desayunar, y eso me lleva a una tarde de cena en casa de mi madre, diciendo que le obligan a leer un libro de Eduardo Mendoza, «Sin noticias de Gurb». Yo vendiéndole el sentido del humor de Eduardo y él contestándome que me lo lea y le haga un resumen. Yo, como buena hermana coñazo le digo que no. Que se lo lea él que el trabajo de estudiar es todo suyo.

    Para compensar, no sé si fue por ese tiempo, mi madre estuvo un día fuera, y mi tía y yo decidimos hacer turismo. A eso se apunta mi hermana, y mi hermano que nos suplica que le dejemos faltar ese día al cole. Me convence a la primera, pero para ejercer de hermana mayor coñazo le hago que me ruegue un poco más. Mi tía le da la bendición urbi et orbi, intercediendo antes de que yo saque la fumata blanca. Mejor! Así no bajo de categoría ante sus ojos! Le ruego que no de detalles de una jornada inexistente de cole a mi madre, que no es tonta, y es lo primero que hace cuando nos sentamos a cenar, mientras yo lo fulmino con la mirada. Como buena hermana coñazo.

    Hoy puso en su estado imágenes de lo que parece una discoteca enorme, mientras cae confeti, humo, y la gente baila en medio de todo eso, con la música sonando y actuando de enlace entre aquellos cuerpos y toda la parafernalia. Me imagino a mi hermano allí, en medio, con su móvil en ristre, ya sin correr, sin supervisión, saltando, libre, celebrando su cumpleaños. Celebrando la vida misma.