¿Qué piensas de la idea de vivir una vida muy larga?
Si viviera una vida larga, tendría que ser desde la premisa de no dar ninguna lata a mis hijos si es que ellos llegan a ancianos claro! Porque hay un tema del que nunca se habla, por doloroso, porque ningún padre quiere conocer estadísticas que están ahí y son públicas, pero para quienes las reciben, son una mierda. Aunque la muerte forme parte de la vida misma, es un asunto tabú. Como digo, las estadísticas indican que, mal que nos pese, la muerte, en Avatar, llega antes siempre que a un terrícola. Como unos 20 años menos de esperanza de vida. Es una cuestión de comunicación, de no saber explicar qué te pasa, de no querer tener mucha interacción con alguien que no es familia o amigo. El médico. Uno de mis jefes vive las mismas circunstancias que yo, aunque sus hijos presentan mayores dificultades. El otro día, su hijo mayor convulsionó y acabó en la UCI. A eso se le llama sufrir una regresión. Ha aparecido en su cuerpo algo muy asociado al autismo. La muy temida epilepsia. El pobre hombre, que es la sal de la vida, estaba que se arrastraba. Yo, como una rata cobarde que sabía que si iba a su despacho me iba a poner a llorar, decidí enviarle ánimos a través de una compañera. Si duro es sufrir una enfermedad, cuando le pasa a un hijo tuyo es varias veces peor.
También ocurre que no es que no quieras, sino que no puedas comunicarte. Que tengas una maraña neuronal que no te permita expresar lo que sientes, y, todo, en su conjunto, hace que la ansiedad y la depresión entren en tu vida, desgraciadamente, muchas veces para acabar con ella. Yo creo que, en este post de Anabel Cornago, se explica mejor https://www.instagram.com/p/DTF4b6MDv4j/?igsh=N3NvZjJubjkxbHFr
Anabel tiene un hijo, Erick, que es dos años mayor que mi hija. A ella empecé a seguirla antes de que nos dijeran lo que pasaba realmente con la peque, tan pronto, que creo que mi hija tenía como unos 18 meses cuando localicé el blog de Anabel. «El sonido de la hierba al crecer» se llama. Yo hacía lo mismo que ella con Erick, pero yo, además, trabajaba. Anabel daba conferencias y cursos porque, en poco tiempo, estudiando mucho a su hijo, se convirtió en una eminencia. Nos conocimos en persona unos años después, en uno de los dos mil cursos que he hecho. Se daba en uno de los hoteles más pintureros de mi ciudad, con tantas estrellas que se salen de su fachada, rodeada de chavalas psicólogas, logopedas, terapeutas…todas queriendo llevarse el título y sus horas acreditativas. También habían madres, tres en total, porque es incompatible tener un hijo/a autista, y pagar un curso de, a lo mejor, doscientos euros, que era lo que tuvimos que pagar.
Total, que, en un descanso, con unas pizzas de por medio, nos dijo, sin ningún tipo de edulcoración qué debíamos esperar, cuál era nuestra realidad, y hasta dónde se podía llegar si nos poníamos manos a la obra. Yo no hablaba mucho, no suelo hacerlo cuando estoy con alguien que no conozco, pero tomaba mucha nota mental. Y una de las cosas que ya hablamos ahí fue de que era muy posible sobrevivir a un habitante del planeta azul. Se hizo un silencio en la mesa, que estaba en la avenida de la playa, y, como en un cuadro de Sorolla, nos quedamos muy quietas, para que se captara el mar, el sol…y nuestra tristeza. Entonces supe que debía cuidarme como un jarrón Ming. Que debía estar por mi pequeña. Que era mi obligación aprender todo de ella para, si era necesario, poner mi voz en su sentir. Tanto me apliqué a ello que, en la noche de Reyes, ella, que sabía que le iba a caer algo, me oyó poner los paquetes y, cuando volvía para mi habitación, me giré y le dije que no se le ocurriera ir a ver qué o qué no eran los regalos. Se estaba lavando los dientes y se quedó parada, como si le hubiera dicho: «foto!!» Me preguntó que como sabía lo que iba a hacer. Le contesté achicando los ojos como un capo de la mafia: «porque te conozco». Llegué a la cama riendo. Has hecho un buen trabajo, pensé. Solo te hace falta salud para disfrutar de él. Solo te queda el enano…solo!!