¿Cuál es tu mejor consejo para viajar barato?
Necesitaba escapar y quería hacerlo cuanto antes. Aquella relación, que empezó cuando ella era menor de edad y él veinte años mayor se había convertido en una pesadilla. Empezó con un » no te pongas eso que pareces una de la calle» siguió con gritos inesperados por cualquier comentario que le molestase, continuó con una primera bofetada de «es que me sacas de quicio» y ya, esta última vez, había tenido que coger la baja porque todo su cuerpo era de color azul moretón. «Si me dejas te mato o mato a alguien a quien quieras mucho» y ella sabía que, después de quince años era muy probable que cumpliera con su amenaza. Pero iba a hacerlo. Se marchaba. No habían hijos pero sí sobrinos. «Descuida!» Le dijo su hermana mayor. «Limítate a correr sin mirar atrás. Cuando pregunte por tí le diré la verdad. No tengo idea de dónde está».
Lo más duro de todo el plan de huída había sido avisar en el trabajo que se iba. Sólo se lo había comunicado a sus jefes. No quería comprometer a sus compañeros y amigos después de que ella desapareciera. Sería muy duro para ella saber en la distancia que él habría conseguido acceder a un ser querido y que le había hecho el mismo daño que a ella en aquellos dieciséis años de convivencia. Pero aún tenía su instinto de supervivencia activado y no quería morir a manos de aquél a que ella, al principio, miraba casi como un guía espiritual. Qué equivocada estaba y qué poco caso le hizo a su padre que la advirtió que aquella diferencia de edad tenía mucho de metedura de pata cósmica!! Pero claro! A los quince años una adolescente cree saber muchas cosas y no sabe qué equivocada está hasta que ya está atrapada como un pequeño insecto en una gran tela de araña.
Pilló el vuelo de madrugada, con el móvil, a un destino que eligió solo por barato. Borró el historial de búsqueda tras comprar el billete. El vuelo salía al día siguiente porque sabía que a él no le quedaba más remedio que ir a cuidar de su madre enferma. Sus hermanas, según él «esas zorras», habían puesto un turno y, sin contar con él, que entendía que por ser varón no le tocaba, le dijeron los días a los que debía acudir a echar un ojo a su madre que ya se había caído dos veces en su casa. La enfermedad avanzaba pero ella aún le plantaba cara. Solo que sus hijas no querían que ella librara esa batalla sola. Por eso los turnos. Y, en aquella familia criada en que aquello era cosas de mujeres, al hacer un calendario les faltaron manos y les sobraron días y lo incluyeron a él que ni trabajaba ni tenía cargas familiares. Solo controlar a su pareja, claro! pero eso ellas preferían no saberlo no fuera a ser que se dieran cuenta de el bicho que tenían por pariente.
Y llegó el día. Había hecho la maleta en secreto y la tenía en el maletero del coche. Una maleta minúscula, con el contenido justo para un nuevo principio. No tendría ni que facturar el equipaje ni enseñar pasaporte alguno. «Ni muy cerca que pueda alcanzarme, ni muy lejos que me exija una documentación de la que carezco» pensó al comprar el billete.
Pasó el control policial y se sintió un poco más aliviada. Pero solo un poco. Esperar a que anunciaran su vuelo era una auténtica tortura y, sentada allí, detrás de una columna, miraba con disimulo a todo el que pasaba por delante buscando su sitio de embarque.
Llegó la hora. Se puso en la fila y siguió mirando por encima de su hombro por si alguien se acercaba a ella. Entró en el avión y buscó su asiento. No escuchó cuando las azafatas enumeraban lo que debía hacer en caso de emergencia. Su emergencia ahora es que el avión despegara. Que nada ni nadie detuviera aquél vuelo. Ya en el aire, cuando se apagaron las luces de abrocharse el cinturón, cogió sus auriculares para ver una película. Le daría tiempo. De repente, sintió una mano en su brazo y dio un brinco. Miró a la azafata que estaba allí, de pie, sonriente ofreciéndole la comida del vuelo. Entonces sonrió también. Estaba a salvo y era lo único que le importaba. No volvería a ver a familiares ni amigos pero podría respirar tranquila, vestirse como le diera la gana, reírse de lo que quisiera…La vida le daba otra oportunidad y no iba a ser ella la que la tirara por la borda. A pesar de que, ese nuevo capítulo iba a vivirlo en completa soledad. «No importa» se dijo. «Eres libre y eso no volverá a quitártelo nadie. Jamás!»