¿Qué es eso que sabes ahora y que le habría ahorrado mucho sufrimiento a tu yo más joven?
Hoy me he levantado con migraña, producto de una discusión con mi marido. Una discusión absurda pero que pone el foco en que, por mucho que lo intente, por mucho que ponga de mi parte nada es suficiente. He hecho todo lo posible por ceder, adaptarme, pero nunca ceder es suficiente y pasamos de negociar días para estar los dos juntos, a decirme que tengo sobrepeso e indicarme qué debo cenar. Mi cabreo ha sido tan monumental que he acabado pagándolo con salud. Si yo pudiera viajar en el tiempo, hasta mi juventud, le pediría por favor que aprendiera a poner unos límites seguros y que no deje que la gente que ella cree que la quiere, como su novio, avance en su terreno hasta límites como los de su peso. Porque sí, me dejé hace unos días subir en una báscula porque él quería demostrarme que yo iba por mal camino y, en vez de dejar las cosas así y permitirme buscar una solución, decidió pasar al peldaño siguiente. Controlar qué debo comer. Como le paré los pies, me hizo un gesto de desprecio, y cuando le dije que no volviera a repetirlo porque se iba a arrepentir, lo hizo de nuevo.
Entonces sentí que caía en un pozo profundo y en ello seguía al llegar a casa mientras intentaba aferrarme a algún sitio para evitar seguir cayendo.
Anoche vinieron mis espíritus a visitarme. Primero mi madre y su marido y luego mi tío. Él ya es la segunda noche que lo hace. Me han recordado las cosas que pasamos juntos y el montón de veces que sacamos la cabeza de hoyos más profundos que este. También me han recordado lo fuerte que soy. A mi tío lo he despedido con un abrazo. Entonces dejé de caer y me quedé flotando en ninguna parte. Abrí los ojos y me encontré con los de mi hijo. Me abrazó y noté que ascendía un poco. Me volví a dormir, y al despertar me encontré con la cara de mi hija. Y seguí ascendiendo. Luego he mirado hacia abajo y he visto qué me impide seguir subiendo. He visto la mano de mi marido sujetando mi tobillo. Lo he mirado con pena, me he soltado de él, y he seguido subiendo, poco a poco. Despacio. Sin prisas.