La intuición es la hermana guapa de la ansiedad. Creer que el cosmos, tu olfato o lo que sea te va a dar una idea de lo que va a suceder, puede dar lugar a escenarios catastróficos que se convierten en angustia y sufrimiento. No somos videntes. No vemos más allá o a través de nadie. Sólo nos guiamos por la experiencia y, con eso, le hacemos un traje con unas medidas equivocadas a quien se ha cruzado en la vida. O equivocamos por completo situaciones que intuimos diferentes a lo que son realmente.
Yo, sin ir más lejos, he intuido que mi madre, al cabo de los años, vendría aquí a pasar los últimos años de su vida. A su isla. A mi casa. Ahora, con el paso del tiempo, veo esos pensamientos solo como una majadería. Mi madre quería mucho a sus hijos, a los que tenía cerca, a sus amigas. Ella no se hubiera alejado para morir junto a mi. Qué va! No porque no me quisiera, sino porque dejaba demasiado amor atrás!
Otra de las veces en las que confié en la intuición fue cuando nació mi hijo. Decidí que su nacimiento no había sido como el de su hermana, y que, por lo tanto, él no pertenecía a Avatar. Negué la mayor cuando, de nuevo mi madre, me dijo que el niño no tenía comportamientos «normales». Ni cuando me lo dijeron en la guardería, ni, aún peor, cuando me lo dijo su terapeuta. Yo seguía aferrada a aquella primera impresión en el paritorio. Cuando a él, hecho un ovillo, lo pusieron sobre mi y ahí quedó. Quieto. Tranquilo. Disfrutando del piel con piel. Imaginen el chasco de tener que reconocer que mi intuición no servía para nada!
Ahora, cuando giro la cabeza, cuando echo la vista atrás, puedo ver a la intuición intentado convencerme de que lo que siento en mis tripas es una verdad verdadera, y yo, me aparto de ella y grito: «lo que sienten mis tripas es solo hambre!!
Vivir en Avatar, a mis 54, es un poco duro. Anoche se desveló el niño y, como un reloj suizo, me preguntó la hora a las 3:30, 4:30 y 5:30. A esas horas exactas. Antes me hubiera despertado con él y lo hubiera acompañado en su desvelo. Eso hacía con su hermana. Ya no tengo esa energía. Le di el mando de la tele, y en un tono agónico le rogué que no la pusiera a mucho volumen. Al cabo de un rato que no puedo precisar, estaba dormido. Luego se levantó a hacer pis, sobre las siete, y volvió a acurrucarse junto a mi y a quedarse dormido. Sorpresa mayúscula. Jamás había visto ese fenómeno. Siempre seguía el mismo ritual y me pedía el desayuno. Pero hoy le pesaban las horas sin dormir. Yo he dormido otro rato a su lado.
Me ha despertado mi hija. La he oído bajar las escaleras. Cuando vives con autistas, tu oído se hace finísimo porque, ellos se levantan, se van a un rincón de la casa, y allí se quedan, acurrucados. Mirando el infinito. Pensando. Echando de menos no vivir en el planeta que se merecen. Puede ocurrir que, buscándolos por la casa, al girar la esquina, te los encuentres y te lleves un susto cósmico. Por eso es importante ser como un sioux. Porque te evitas un infarto.
Total, que mi hija se ha levantado y ha empezado a hablarme de oposiciones, de tests, de la vida, de su vida, mientras yo suplicaba que no se parase al hablar y acabara de poner la cafetera. Necesito mucha cafeína. No he acompañado a su hermano en su vigilia, pero que me haya despertado, viva hacerse mayor! ha pesado en cómo me arrastro por la casa.
He oído una voz detrás de mi: «hoy no hay churros. Está lloviendo!» Eso mi marido. Otro gato sigiloso. Me ha dado un buen susto. Cómo no!
Total, que ha salido el sol, se han vestido y han salido a desayunar a la gasolinera que está a la entrada del pueblo.
Me he quedado sola, disfrutando del olor a tierra mojada del jardín, escribiendo. Y entonces caigo en la cuenta que aquí es mi lugar favorito. Donde está mi familia. Donde me acurruco con mi hijo y me vuelvo a dormir. Donde oigo a mi hija hablar. Me da igual de qué. Hace algunos años, verla como está hoy me hubiera parecido un milagro! Me gustan los lugares donde mi marido, sin un buenos días me habla de su interés. Esta vez, churros. Le he dicho que le pida al niño chocolate. Ha flipado con ese conocimiento que tengo del mundo, mientras yo me sonrío para mis adentros. No sabía que vendían churros. Ya ves, soy tu guía Michelín, le he dicho con sorna.
Ahora me levantaré de aquí y me pondré a limpiar cada rincón de esta casa. Para poder seguir haciendo recuerdos. Como los de hoy mismo!
¿Cuál es la primera impresión que quieres causar en los demás?
Ayer nos vinimos a la que fue la casa de mi madre. Siempre que llego, nada más abrir la puerta, siento una añoranza y unas ganas de volver a momentos pasados que no son ni normal. Aún me parece raro no ver a mi madre bajar por las escaleras al llegar, ella siempre me esperaba con la puerta abierta, y rodearme con sus brazos e impregnarme de su olor a perfume.
Me gustaría que la gente me viera como yo a estas cuatro paredes. Es una casa que pasa desapercibida, que se confunde entre otras, pero que, cuando te adentras en ella solo ves cosas bonitas, recovecos secretos que, al abrirse, ves lo práctico de su existencia. Sí. Soy práctica. No me gustan las complicaciones. Suficiente tengo con las de la vida misma.
He dejado de ver a los pajaritos que habían hecho nido en el interior del enorme árbol que corona el jardín, así como las avispas que revoloteaban perezosas al calor del verano y que, para horror de mis hijos, acababan perdiendo el rumbo y colándose en la casa. Pero imagino que lo mismo pasará conmigo, la gente me mirará y buscará cosas en mi que ya no existen, que han sido sustituidas por la madurez.
Ayer salí a comer con los compañeros de trabajo, los que estamos en primera línea para atender al público. Uno de ellos, antes de irme, me dijo que yo era su ídola. Qué horror! Él llegó a esa conclusión porque, exponiendo cada uno sus experiencias judiciales, dejamos ver, con sus propias vivencias, las miserias de la vida judicial. Abogados que, además de sólo poner palos a las ruedas de sus propios procedimientos luego van con el cuento a su cliente diciendo que es que la justicia es lenta, o jefes abusadores que actúan ante la impunidad más absoluta, delante incluso de enlaces sindicales, que, por política, les son afines…y acabé contando una anécdota que tuve con una juez de instrucción que, salió de su juzgado en busca de una bronca y me encontró a mi.
Ella estaba muy enfadada porque necesitaba un favor y el juez que llevaba mi oficina le había dicho que no. Entonces la vi salir de la puerta principal y dirigirse a nosotros. A mí, que era la que estaba en la entrada. Yo me arremangué porque sabía que aquello iba a ser duro, muy duro. Y fijé los pies al suelo para que los gritos de aquella energúmena no me tiraran al suelo. Le contesté. Algo que ella nunca había vivido. Y, en un alarde de inconsciencia le dije que ella tenía a la Junta de Jueces para, y cito textualmente, «ir a tirarse de las togas con todos ellos». Mientras se iba giró su cabeza y me dijo que me arrepentiría. Le contesté con un, que tenga usted un buen día, y respiré aliviada de quitarme a aquella fiera de encima. Al día siguiente acabé en un despacho y, a los pocos días, en otro. No hubo consecuencias pero fuimos la comidilla del edificio. Luego se metió ella en política y, para ganarse mi voto, me saludó muy afable por el pasillo, con la mismas ganas con la que esperó a que le sirvieran mi cabeza en bandeja de plata. Mi compañero dice que fui muy valiente. Yo creo que fui una loca a la que siempre le ha preocupado una única cosa, que no vuelva nadie a abusar de mi porque piense que puede hacerlo con impunidad. Pero es que mi compi no sabe nada de mi..en realidad, casi nadie sabe mucho de mí. Excepto mi madre. Y ella ya no está!
¿Cuál es la persona más famosa (para bien o para mal) que has conocido?
Hace muchos años, se metieron dos a robar a punta de pistola en un banco que había por mi antiguo barrio y que ya no existe. Salieron con el botín y fueron perseguidos por la policía.
Antes de que la policía pudiera dar con ellos, decidieron, porque no eran muy listos, enterrar las bolsas que llevaban, en la arena de una playa. Como si en vez de atracar un banco, hubieran hecho lo propio con un barco y, como buenos piratas, enterraran el botín. Pero ellos no contaron tantos pasos lejos de la orilla, otros a la derecha y otros pocos a la izquierda, no. Ellos enterraron el dinero tan cerca de la orilla que, al subir la marea, la bolsa con el dinero y las armas, fueron arrastradas por el mar.
Los detuvo la policía y, cuando les apretaron para que les dijeran donde estaba el botín, señalaron al hoyo vacío.
La policía no daba crédito y, enseguida se corrió la voz de que el dinero, los millones, estaban en el agua, o enterrados en algún sitio y los atracadores se habían confundido. Total, que, como la gente es de natural buena y honrada, se tiró un montón de gente a buscarlos con palas, equipo de submarinismo…y, la playa, que era el terreno exclusivo para las borracheras de mi abuelo, se convirtió en un lugar muy parecido a los que han sido bombardeados. Lleno de cráteres y de gente tirada en la arena. Como cadáveres de la propia batalla.
En esas estaban cuando mi abuelo, cuyo atuendo general solía ser la de un bañador corto, un paquete de tabaco enganchado al bañador, un vaso de tubo con su poquito de whisky, y su barriguita cervecera. Miró a todos con ese aire de condescendencia que da la sabiduría alcohólica, y se tiró a nadar que, en eso era como una foca. Ágil, rápido, magnífico.
Mi abuelo era de los que se adentraban en el mar, hacían un picado hasta el fondo, y volvía a salir a coger aire. En uno de sus picados encontró la bolsa del atraco. Salió con ella sin que le viera nadie, se la llevó a su trabajo, la guardó en su taquilla y salió para seguir haciendo lo que hacía siempre. Beber. Y, en esas, le contó a un colega de barra lo que había pasado.
Llegó a casa con su alcoholismo, la bolsa del dinero y el problema. A que todos en casa decidiéramos qué hacía. Como si se pudiera decidir algo después de haberlo piado. Lo dirigimos a la comisaría más cercana y allí lo dejamos.
El banco ofrecía una recompensa y, junto con el director de la entidad, estaba la cara de mi abuelo en todos los periódicos.
Creen ustedes que llevó la recompensa a su casa? Mi abuelo era de los que solo llevaban problemas. La recompensa la gastó con gente que el consideraba amiga y con mujeres que, por el módico precio de lo que llevara en los bolsillos, le decían que era el mejor amante del universo. A su casa llevó la pistola de uno de los atracadores y con ella entró apuntando al vacío hasta encontrar mi frente. Y ahí se paró. Me miró y se rió. Es cierto que la pistola estaba oxidada pero también lo es que, por el tamaño de ésta y por mis años, no caí. Le dije fríamente que me quitara aquello de la cara. Volvió a reír y bajó el arma. Fue recompensado por encontrar la pistola. Tampoco vimos su familia una mierda.
Esta es la historia de un perro común, que vino a caer en una familia no tan común.
Los primeros recuerdos que tiene Jerry de sí mismo, es la de estar metido en una caja de cartón, con sus hermanos por la que de vez en cuando asomaba algún humano para mirarlos. Como el que hace lo propio en una pastelería y piensa: «Cojo ese trocito de pastel? O mejor me abstengo que todo me va a la chicha?» Pues lo mismo pasaba con la gente que los miraba. No creían que les conviniera un animal de compañía. «Si se pone malo…Si me voy de viaje…Soy alérgic@…» Habían mil motivos para dejarlos en aquella cajita.
Un día llegó una mujer, de pelo negro y ojos de gata a la que no le faltaban motivos para no acercarse a la camada ni con un palo. No tenía dinero, a su marido no le gustaban los perros, ella los animales ni fu ni fa…Le dijeron que el cachorro era gratis. Y, como en una oferta de dos por uno, que podía devolverlo si la convivencia se le hacía cuesta arriba. Y, sorpresivamente, alargó la mano y lo escogió a él.
La convivencia fue, desde el principio, bastante buena, aunque el recibimiento por parte del humano hombre no fue precisamente la de tirar cohetes. Cuando miraba para él, podía ver cómo se preguntaba que dónde quedaba lo que opinaba sobre lo de tener mascotas, si su mujer no entendía que la vivienda era de ambos!. Así que decidió conquistar a aquél hombre en primer lugar. Ella ya estaba prácticamente en el bote. Él supo enseguida qué se esperaba de su persona, porque es un perro muy listo y, rápidamente, y, para no volver a la caja de cartón, aprendió las cuatro cosas que se le pueden pedir a un cachorro que acaban de destetar de su madre.
No tenía él mucho tiempo viviendo con sus humanos, cuando, al hombre le salió algo en la pierna que no tenía buena pinta. Un moretón sin haberse dado ningún golpe paseando con él. Raro. La mujer insistía en ir al médico pero él, quizás por haber sido desautorizado un montón de veces, decidió hacer como que no pasaba nada. Hasta aquél día.
Empezó a encontrarse mal, y, rápidamente, cayó de frente, con tan buena suerte que, su mujer, haciendo un esfuerzo que su esqueleto casi no le permitía, lo sujetó para que no se partiera la crisma. Llamó al servicio de emergencias mientras veía cómo la vida de su marido se escapaba rápidamente por encima del suelo frío.
Ella comenzó a llorar y Jerry se acercó a la humana para darle consuelo, para explicarle que, pasara lo que pasase, estaban juntos en toda esa historia.
Luego desaparecieron los dos dueños de la casa, él sobre una camilla y ella detrás, llorando. Luego vinieron los hijos a pasearlo y a darle de comer y Jerry pensó que, tal vez, le había tocado el palito corto y se iba a quedar sin dueños. Pero no! Al cabo de unos pocos días aparecieron los dos de nuevo. Sonrientes. Agradecidos por haber superado ese mal bache.
Al humano hombre se le recetó pasear. Había sufrido una embolia pulmonar porque lo que tenía en la pierna, el trombo, le subió a los pulmones y allí colapsó su cuerpo. Escapó por la mínima así que decidió que sería buena idea, teniendo mascota, en darse unos buenos paseos por el barrio con ella. Luego la llevó a los cumpleaños de su sobrina política, que cumple años en verano, que es alérgica, que tiene dos hijos autistas a los que las mascotas más bien no, pero que aman a Jerry sobre todas las cosas, y, poco a poco se fue haciendo con el corazón de todos. Eso, a pesar de que, en el primer cumpleaños, a la sobrina de marras, le rompió una figura muy bonita de una mujer africana. La rompió en un salto, por la cintura, y, cuando pensaba que lo harían también a la barbacoa, vio como la mujer le decía a su tía que el animal lo había hecho sin querer y que aquello tenía arreglo. Vivan las sobrinas inteligentes!!
Ahora, cuando alguien fallece, y para no tener que aguantar las charlas con familia que casi no conoce o soporta, también se lleva a Jerry a los velatorios. Y se quedan los dos tan pichis dando vueltas por el recinto hasta que baja alguien de las salas y se pone a charlar con él. Si no, ya sabe que aquello no durará más de una hora u hora y media, conoce a su mujer hace dos millones de años, y sigue con el paseo hasta que a Jerry le da la gana. Tanto es así, que hace poco se puso malo por comer piedras del jardín mientras su dueño andaba distraído hablando con los vecinos. Se puso igual de malo que su dueño pero consiguió expulsar lo que había comido. Y ahora pone mucho más cuidado que sabe perfectamente que, en esa familia, mucho dinero para veterinarios no hay. Lección aprendida
Jerry es el consentido de la familia. El más pequeño también, y ahí seguirá hasta que su vida perruna termine. O la de los humanos!
Qué es lo más caro que te has comprado (sin incluir la casa o el coche).
Nunca he podido permitirme un lujo. Cuando eres madre de dos chicos autistas y empiezas a priorizar, encuentras que la vida puede ser maravillosa porque puedes pagarles la terapia, los estudios y comer. Lo de las facturas…Bueno! Esas te dejaban la cuenta en números rojos y no pasaba nada. Calculaba siempre que seguiría trabajando en el sitio donde estaba destinada y, como me renovaban cada tres meses, tampoco me echaba a la boca algo que no pudiera pagar si me paraban.
Hasta hace bien poco, la vida ha sido eso. Mirar que pudiera pagar tal o cual cosa y pagarlo a base de reunir todos los meses una cantidad.
Me he gastado mucho dinero en las oposiciones. He debido estar en todas las academias y preparadores de la isla. Excepto con una que me quedaba a tomar mucho por saco, todos me conocen. He preparado con magistrados, con secretarias coordinadoras, con letrad@s de la administración de justicia, con funcionarios, con gente que daba clase como si fueran funcionarios y que aún eran interinos…Si a mi me diera el punto de poner los apuntes que he pagado, por poner un ejemplo, en mi piso, no dudo ni por un segundo que acabaríamos, mi marido, mis hijos y yo en el garaje al hundirse el suelo con el peso. Fueron 20 años en los que conseguí lo que quería ya más por pundonor que porque yo realmente pensara que podía sacar aquello. Cuando dijeron que era concurso oposición, me subí a ese tren, y conseguí llegar victoriosa a la estación. Aún recuerdo la cara de tristeza de mi madre cuando me dijeron que el examen sería en abril, el 17 concretamente, y allí estábamos, ella y yo, en el hospital. Yo cuidando de ella y, la pobre mujer, se viene a entristecer por causa de un examen! Recuerdo que le dije que eso no tenía ninguna importancia, y recuerdo que, una vez que ella se fue, decidí no presentarme. Hasta que se lo dije a mi marido y él, a fuerza de apelar a la amistad, porque siempre subíamos en el coche a dos amigas mías, me convenció de presentarme aunque solo fuera para ver qué tal el examen. Aprobé!
Otra cosa en la que he gastado un montón de dinero ha sido en entender el autismo. Cursos, congresos, y cualquier otra actividad que tuviera que ver con ello, han sido mi brújula. Ya he dicho muchas veces que mi madre me decía que era el dinero mejor empleado. El que servía para entender y para manejar las situaciones que se plantean en mi casa, en mi día a día. Ayer, sin ir más lejos, fui a una nueva peluquería con mi hijo. En la otra a la que vamos, a la que van toda la juventud del barrio más marginal de la capital, que está justo al lado de mi casa y de mi trabajo, va a cortarse el pelo allí. Nos dio hora para el 27 de noviembre!! Mi hijo ya parece un Beatle! Pues eso, que voy al señor que le corta el pelo a mi hija y le pido hora para el crío. Antes de irme le digo que no quiero rapadoras ni secadores porque el niño es autista. El hombre me pone la sonrisa más tensa de la historia. Taladra a mi hijo con la mirada a ver si tiene pinta de formar algún pifostio en su negocio. Mientras él va haciendo esos cálculos, yo lo miro fijamente. Para ver si el resultado, reflejado en su rostro será negativo o positivo. Fue positivo. Al salir, mi hijo me pregunta que qué significa ser autista. Respiro profundamente, y calculo qué voy a decirle. Hay que ir con pies de plomo. Que no se quede con la sensación, cuando he terminado de hablar, que, ni por un momento, piense que ser autista significa ser inferior a nadie. Él me contesta que alguien le ha dicho que ser autista es ser guapo. Ha debido ser su hermana! Me sonrío y le digo: «Eso, cariño, sin ninguna duda!» Y nos fuimos a casa. A descansar de todas las carreras de la semana. A vivir en Avatar. Hasta el lunes!
Mi asignatura favorita era literatura. Imaginen una niña delgada, feucha, nada llamativa, que tampoco deseaba llamar la atención de la gente, con unos problemas que, ya por esa época le llegaban por las cejas, intentando sobrevivir a cada uno de los días de su vida.
Por aquel entonces, vivía como diría mi admirada Isabel Allende, como en un retrato en sepia. Todo pintaba de ese color en mi vida.
Con la llegada de esa asignatura, aprendí a leer poesía, enamorándome de Machado, de Lorca, de los clásicos…Resulta que, una vez al mes debíamos leernos un libro, que te ponía la profesora como tarea. Me hice socia de la biblioteca municipal, porque no tenía dinero para libros, lo cual era una cosa alucinante trabajando mi padre de tipógrafo en una imprenta, y me entregaba a la labor con una pasión de las de verdad. Como la de una jovenzuela que fuera a reunirse con su amante. Llegaba del cole, me duchaba, merendaba, hacía los deberes en algún sitio lejos de las miradas de mi abuela a la que solo le importaba cuánta luz consumías con el estudio, y, por último, como cuando dejas lo mejor de un plato para el final, sacaba el libro de marras y lo iba disfrutando poco a poco.
Qué me gustaba imaginarme como protagonista! Fui el conejito estresado de Alicia, la hermana sensata de Orgullo y Prejuicio, Peter Pan que era capaz de salir volando por una ventana y desaparecer hacia Nunca jamás…
Cuando todo terminaba, cuando la historia acababa, necesitaba meterme en otra, como una yonki que huye de su realidad. Lo que yo procuraba pasar por aquella adicción sin hacerme daño. Esperando que alguien me gritara bajo mi ventana un «Rampunzel niña hechicera, échame tu cabellera!» Hasta que caí en la cuenta de que no iba a venir nadie en mi ayuda y debía salir de aquel pozo oscuro yo solita. Poniendo una mano delante de la otra. Un pie delante del otro. Con esfuerzo si, pero empujada por todos aquellos libros, por todas aquellas historias. Por mis personajes preferidos.
Si tuviera a mi profesora delante ahora mismo, la abrazaría con fuerza y le daría infinitas gracias por darme un primer amor. Un amor de los de verdad. Mi tabla de salvación!
De aquí a tres años ni siquiera sé si seguiré por aquí. No me pongo en plan tremendista pero, la vida misma es así. Recuerdo los planes que hacía mi madre. Ella decía que solo había que visualizar lo que deseabas con muchas ansias. Tan es así, que, increíblemente, y ante las ganas locas que tenía de arreglar su casa del sur de la isla, visualizando, visualizando, ganó la lotería dos veces. No se hizo rica, pero consiguió, unos años antes de irse, de dejarla muy bonita. Menos mal que la disfrutó a tope!
Dentro de tres años tendré la edad de mi marido. 57 tacos. Y él, desde que sople sus 60, se jubila. Años de servicio plus edad, dan como resultado que él estará jubilado mientras yo voy a trabajar. Hay algún problema? Pues no. Cero. Siempre he sabido esa realidad. Y él tiene ganas de jubilarse desde hace ya un par de años. Tiene un trabajo que no te permite estar achacoso y él, sin estarlo ya, sabe que no vamos para jóvenes. Ley de vida!
Mi hijo tendrá catorce y, en esas fechas, ya estaremos mirando qué va a ser de su futuro. Querrá seguir estudiando? No? Será ya autónomo? Seguiré siendo su lóbulo prefrontal para la toma de decisiones, o habré sido sustituida por pérdida de confianza? Quien sabe!
Mi hija entrará en los dos patitos. 22 años. Yo, a esa edad pensaba muy seriamente en dejar esta vida y hacerme humo. Espero ser lo suficientemente sostén para que eso no le suceda. Habrá aprobado las oposiciones? Seguirá contando conmigo o pensará que, definitivamente soy una carca? Tendrá pareja? Será autónoma?Tampoco sé.
Lo que sí sé seguro es que me quedan cosas por ver, por perder, por ganar…Seré gestora? Me importa eso realmente? O preferiré seguir acarreando expedientes sin ningún compromiso, sin ninguna presión? No me importa realizar tareas que tienen que ver con mi puesto anterior. Aunque llegará un momento en que me pasará como a una compañera. Que la veía por el pasillo por donde hacemos el reparto y no sabía si reír o llorar. Demasiado mayor para tirar de un carro (literalmente).
No sé qué decisiones tomaré en unos días, cuánto más en tres años. Lo que sí pediría, con permiso de quien se está llevando la suerte que debería tocarme a mi, aunque solo sea por los años, es vivir tranquila lo que me quede. Que el mayor sobresalto que me lleve sea la subida de precio de un corte de pelo. No va a suceder, pero ya me gustaría ya!
Y, por supuesto, quiero salud, necesito salud, para poder seguir acompañando a los que me quieren. Nada más. Bueno! Eso, y algún viajecito más!
Invéntate un día festivo. Explica por qué todo el mundo debería celebrarlo y cómo.
Deberíamos celebrar el día de estar sanos y ser felices. Para ello propongo que, durante todo un día, hubiera una jornada de puertas abiertas al acceso a la salud. A la física y a la mental. Me encantaría que existieran una especie de escaners, de esos que parecen el dintel de una puerta, pasar por él y recoger un papelito después. «Mira, yo que tú pondría más atención en lo que te ocurre y deberías ir al psicólogo» o salir de allí con el nombre de un buen médico especialista en eso que te ocurre y que no sabes de dónde viene. Nada de resultados funestos. Solo consejos. Así nos evitaríamos situaciones como las que ocurren en muchas familias, donde un componente de la misma, peregrina por veinte mil médicos y chorradas hasta dar con lo que tienen.
Mi madre estuvo, pues yo creo que unos dos años, buscando respuesta a un síntoma que nadie sabía de qué era. Le hicieron dos endoscopias o tres, la mandaron a un logopeda para darle rehabilitación vete tú a saber de qué, le dijeron que era la helicobacter. No. Era el páncreas. Todo venía de ahí. Pero ni siquiera casi al final de su periplo médico daban con lo que tenía. Y solo hacía falta un escaner. O una radiografía. O yo qué sé!
Lo que sí sé es que a mi madre, si le hubieran planteado pasar por debajo de una estructura metálica para salir con un papelito que le dijera: «el problema de lo que usted tiene le viene de este sitio concreto, le recomendamos que visite a tal doctor» a ella le hubiera parecido divertido y práctico. Divertido porque a ella todas estas cosas futuristas le hacían gracia, y práctico porque no interrumpía ninguno de los viajes y homenajes que se dio para el cuerpo. Que fueron un montones y que, cuando pienso en lo que disfrutó respiro un tanto aliviada.
Y así debería ser ese día! Una celebración del hecho de seguir vivos, de respirar, de sentir el sol y el aire en tu rostro! Vivir una experiencia médica corta para aprovechar el resto de tu día, de tus días, como te da la gana. Eso sí, sin la obligación de ir al médico de marras si a ti lo que te apetece ante la enfermedad es ponerte de perfil. Que también sea válido vivir, y morir, como desees. Pero sabiendo que tú hiciste esa elección. Que decidiste no poner remedio. Porque no querías hacerlo. Porque vivir sin saber es otra forma de vivir. Y de morir!
Hoy he vuelto a desvelarme, pero si pasara ahora por el escaner, saldría con un papel que diría: «bienvenida a la vida en premenopausia, buen viaje!»
Hace unos años, hubiera enumerado aquí páginas y páginas que solía visitar para sacar información sobre el autismo y sobre el tdah. Aún hoy día, visito alguna, como es el caso de autismo diario, porque Daniel Comín, que es quien la lleva, es más intenso que un perfume de Lancôme, pero es un tío que cuenta un montón de verdades sobre los engañifes que existen en este tipo de temas. Estafadores hay por ahí una barbaridad! Gente que te dice que tus hijos deben llevar determinada alimentación y que con ello mejorarán, ojo! eso ocurre solo en casos en que la persona autista tiene alguna intolerancia desconocida alimentaria. Que le pongas determinadas lavativas con determinados productos que ya verás que bien…y, cuando vas a la web de Daniel te dice lo que tienes que oir. A lo mejor no en un tono correcto, ya digo que es más intenso que el carajo, pero sí con evidencia científica. Y eso amigos, es algo indiscutible.
Recuerdo el día que lo conocí. Me fui a una charla suya en a tomar por saco en esta isla solo para escucharlo. Como una fan loca. Pues bien, en uno de los descansos, como buena fan loca, me acerqué a tantear el asunto de mi hija, que por aquél entonces, a algunos profesionales, solo les faltó decirme que la niña era de Marte.Es decir,estaba absolutamente perdida y quería respuestas. Y respuestas ya. No cuando la niña fuera mayor. Total, que le explico lo que hace la cría y bla bla y me suelta: «No sé qué problema hay en decirte desde ya que tu hija es autista». Me quedé con cara de tonta y luego me reí. Era la primera persona que era honesta conmigo y en ese momento se lo agradecí. Y siguió: «Yo creo que la niña va a salir adelante, porque por lo que cuentas solo, tiene un buen pronóstico. Eso sí, procura formarte para poder ayudarla porque así, como vas hoy, eres la víctima perfecta de cantamañanas». Y eso hice. Hasta hoy. He hecho formaciones en su web, en el año 2020 concretamente, que no dan titulación pero sirven para obtener conocimientos. Y eso es lo importante. Por lo menos cuando eres madre o padre. Cuando eres un profesional que necesita inflar su currículum no.
Otra web que visito mucho es esta misma. Quién me lo iba a decir! Mi hermana me dijo muchas veces que me abriera un blog y que escribiera y que ya vería yo que bien…Pero me costaba muchísimo contar nada que fuera mío. Sé lo vulnerable que te vuelves cuando eso sucede. Lo que no sabía era que, con esto de escribir, iba a poner en claro situaciones y malos entendidos que han habido en mi vida a lo largo de 19 años. He ido muy deprisa, he estado muy pendiente de mi hija, y he descuidado a otra gente a la que quiero. A mis hermanos, por ejemplo. Luego llegó el enano, no sé porqué le llamo enano si está tan alto como yo, y entonces todo se difuminó y solo tuve ojos para ambos. He descuidado incluso amistades, y me he visto más sola que la una, con una ansiedad a mil por horas, una depresión de caballo, que me empujaron finalmente a pedir ayuda terapéutica. Ahí llevo desde el 2020. Contando mis cosas a Elena, que así se llama mi psicóloga, encajando piezas, tejiendo, reconstruyendo la persona que fui y a la que había olvidado. Se puede uno mirar al espejo y no reconocerse en absoluto. Y eso me pasó a mi. Hasta ahora, que empiezo a ser la persona que fui.