No sé en otros países, en otras Comunidades Autónomas, en otras provincias, cómo llevan lo de valorar a una persona para darle un grado de discapacidad del tipo que sea. En mi provincia, formada por tres islas, esto es un trámite penoso. Ocurre en la actualidad que, los diagnósticos médicos o psicológicos son cada vez más certeros y han aumentado en los últimos dieciocho años y esto hace que la derivación sea mucho más rápida que antes y que el volumen de personas con un diagnóstico de autismo sea mayor. No porque hayan más casos, sino porque se detectan de manera más eficaz. Cuando empecé a moverme en este ámbito, era difícil coincidir con alguien que tuviera un familiar autista. Esto ha cambiado muchísimo. Ahora, en mi círculo de amistades o conocidos, es más común preguntarme por dudas que a todos nos sobresalta cuando tenemos nuestras primeras sospechas, o por trámites que no sabes cómo realizar porque la administración no lo pone nada fácil.
Para pedir cita, bien sea para valorar una primera vez o para una revisión debes aportar un informe (que puede ser privado o no) y rellenar un formulario. Debes pedir cita para poder llevar la solicitud y luego esperar a que se te llame.
Imagínese ahora un gigantesco embudo donde un montón de gente necesita de esos servicios, atendida por una plantilla que no se ha renovado en todos estos años. Además, a esto debemos añadir el parón como consecuencia de la covid-19, y eso da como resultado que hemos presentado nuestra solicitud en mayo del 2023 y será muy probable que no nos llamen y den cita hasta mayo de 2025. Una absoluta vergüenza. Mientras tanto, ayuda que vinieras percibiendo, se te retira. No puedes acceder a ninguna beca porque tu certificado está caducado, se te retiran ayudas si estudias en la universidad, ayudas muy potentes, por el mismo motivo, esto es, no puedo demostrar que sigo siendo autista, por ejemplo.
Además solo puedes solicitar la revisión un mes antes de que se caduque el certificado. Así evitan que, en vez de dos mil expedientes que tienen actualmente en lista de espera, la cifra se multiplique y se les vaya por completo de las manos.
La primera vez que fuimos, la espera era de seis meses. Ya entonces las psicólogas, algunas, te citaban antes de la apertura del Centro que es a las 8 y media de la mañana. A nosotros nos citaron a las 8, con la esperanza de la doctora de adelantar el trabajo diario. LLegamos y nos atendió una psicóloga absolutamente maravillosa, que años más tarde ha sido sustituida por una que nos dice siempre que un día le dará el alta a nuestra hija, por eso de que no sabe que el autismo no es una enfermedad sino una condición y no tiene cura. En fin. La cita. Comezó con una entrevista a los padres y luego, siguió con unas pruebas a la niña. Entonces podías ver, in situ, hasta dónde llegaba el alcance del problema. No puedes intervenir ni hablarle a la niña durante las pruebas. Y ves el cuadro al completo. Recuerdo en una revisión, cuando ya su terapeuta había descartado que fuera autista que la psicóloga le puso la imagen de un chaval entrando a una casa corriendo. Por una ventana que daba a un jardín, se podía ver un corro de niños alrededor de una tarta de cumpleaños y al cumpleañero con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando le preguntó qué veía en la imagen mi hija le contestó que al niño corriendo. La psicóloga siguió preguntándole que porqué corría el chico, y mi hija le contestó que porque tenía prisa. Prisa para qué?. Y mi hija enmudeció. Le pidió que observara la escena, que se fijara en los detalles y ella seguía sin ver la fiesta de cumpleaños.
Luego le dijo a la niña que fuera a jugar que iba a hablar con sus papás, y entonces nos dijo, casi en verso, por la delicadesa con que lo hizo, que no estaba de acuerdo con la conclusión del diagnóstico privado. Que ella seguía viendo en la peque razgos del Espectro Autista. Y yo me la creí absolutamente. A ella no le daba igual decir una cosa que otra. No es lo mismo tener un catarro que una neumonía, ni se trata igual (aunque, insisto, no hablemos de una enfermedad). Lo que ella dijera afectaba directamente al futuro de mi hija. Y ella no era su paciente!!La había visto dos veces en su vida solamente. Pero es que la prueba daba como resultado que la teoría de la mente mi hija hacía aguas por todas partes! Es decir, no era capaz de anticipar las intenciones del niño que quería llegar a tiempo al cumpleaños. Y eso era un hecho, y acababa de suceder delante de mi. Y me llamé idiota por creer durante ese tiempo que mi hija no era autista. Y que no había más!! Pero es que deseas con tantas fuerzas que todo sea un error y estén todos tan equivocados…!!
A la semana siguiente, antes de la terapia le conté lo que había dicho la psicóloga a la terapeuta de la niña. Volvió a reiterarme su diagnóstico y siguió sin bajarse de su ego. Entonces pensé que siempre es mejor cuando estudias y no te dejas llevar por opiniones que son en apariencia sesudas. Y decidí prepararme y estudiar. y dejar de oír cantos de sirena que solo me llevaban al caos.