Hoy me he levantado healthy que es algo que suelo hacer cuando mi aparato digestivo protesta. Pocas veces lo hace porque yo finto muy bien lo de cuidar lo que como pero con el calor, con la menopausia, los años mismos, hacen que la torre que tú creías firme se vaya yendo a tomar por el jander que diría Chiquito y ya los quiebros de cintura que hago para evitar problemas dejan de funcionar. Y, Houston, tenemos un problema! Antes, una resaca la solucionabas en un pis pas. Las agujetas de hacer deporte, esa cosa que practicaba solo en la clase de gimnasia allá por el pleistoceno, no me duraban un día entero. Ahora como algo un poco fuera de lo regular y mi aparato digestivo protesta de muy mala manera, tanto, que he comenzado el desayuno con fruta y acabaré el día con una ensalada, más fruta y agua. Que no se diga! Luego, si ya si eso palmo, seré un excelente abono para plantas.
Por si fuera poco, anoche la menopausia decidió coger un pandero enorme y empezó a aporrearlo dentro de mi cabeza como los monos esos que tienen dos platillos. A esa velocidad. He tenido que oír todas las puñeteras veces que mi marido se ha levantado de la cama, que ayer salió y los excesos que llevaba en el cuerpo no le han dejado dormir. He pensado que él se lo merece pero que yo, que trabajo de lunes a viernes, me merezco dormir como un bebé, o en su defecto un sacerdote y que alguien acabe con mi vida de manera rápida e indolora. A la mierda las medias tintas!
A lo del pandero y los paseos de mi marido, se ha unido el calor. Porque aquí, en Avatar, se piensa mucho en el cambio climático y no ponemos ni un ventilador porque su ruido molesta y no pueden dormir. Añadamos a eso que mi marido se sigue tapando con el plumón (un minuto de silencio por las fatigas que paso al verlo) y para qué queremos más. Que alguien me remate!
Ahora, en un último acto masoquista, para terminar de hundir mi fin de semana y ponerle la guinda de «has sido un finde de mierda» voy a refrescar la casa, que consiste en fregar los pisos y limpiar los baños mientras chorreo sudor por cada poro de mi piel. Yo! Que no sudaba nunca! Que he sido un jarrón Ming de mantenerme imperturbable mientras todo se derrumbaba a mi alrededor, ahora sudo como una puerca y me enfado como una mona (otro minuto de silencio por esas dos comparaciones odiosas) mientras quito todo lo que mi marido ha puesto por el suelo y yo no he tirado aún a la basura. En fin! Si. Es cierto que mi hija tiene 20 años y me echa una manita, pero sin abusar que la chavala está opositando.
En fin, voy a hacer la croqueta, a bajarme de mi cama donde escribo estas tontadas que dejo al mundo online, y a poner una lavadora. Así comienza mi calvario que terminará cuando pase la fregona por el salón. Y luego, ya si eso, puedo pedir que me den la puntilla en el rellano de la escalera. Al fresquito. Morir si, pero sin asarme. Sin ensañamiento.