Estamos en la casa del sur y, después de estos tres días y medio, no volveremos a verla hasta marzo. Hemos venido para que el niño, que no tiene colegio hoy, disfrute un rato de la playa, para limpiar la casa, y para descansar un poco. Aunque la palabra descansar, con tres personas que son de Avatar, es algo que suena a chufla. Cuando salimos de lugares comunes y venimos aquí, se produce un desajuste que me deja los nervios de punta. Por ejemplo, hoy celebrarán el cumpleaños de mi suegra, que fue en realidad el martes, y pretende, mi aún marido, en una zona turística, buscar una pastelería de calidad. Entramos en una que es lo más de glamour en un sitio donde el guiri es el rey, y salió sin ninguna. Cuando mi hija me preguntó, le dije que había rechazado las tartas por no tener forma redonda. Su cerebro no computeriza que, para una señora de 89 años a la que hasta el oro le parece basura, comprar una tarta de cumpleaños rectangular, es solo un peldaño más hacia la decepción definitiva. Da igual cómo lo hagas, siempre lo harás mal a sus ojos. Así que yo le hubiera comprado la tarta con forma rectangular. Para que, cuando la critique lo haga con saña. Y con razón también!
Como se han acostado todos temprano, se han levantado casi, a la misma hora intempestiva que el niño. Han desayunado, alborotando en la terraza, han hablado, han reído, ha hecho mirar a su hija reseñas en Google, y luego se han abrazado y besado para volver cada uno a un lugar distinto de la casa. Mientras yo los observo, miro a mi alrededor todo lo que hay que limpiar, escucho a la parejita de canarios en el árbol y recuerdo otros tiempos en los que, a veces, carecías de intimidad porque compartían vivienda hasta tres familias distintas. Mi madre hacía magia con las habitaciones, aunque nunca nadie hizo por ella lo que ella sí hizo por muchos. El nivel de gastos pagos que tuvieron con ella, solía ser de una desvergüenza inaudita. Pero a ella la hacía feliz y, hasta su marido, que tenía dinero pero no ejercía, movía su cartera cual mayoret, invitando a diestro y siniestro. Es lo que tiene vivir con una persona del nivel de encanto que mi madre, que ha conseguido incluso, que aún hoy yo hable de ella en presente.
Ahora el árbol que hay en el jardín no permite ver el mar en la lontananza, y pienso que debo buscar a alguien que lo pode. Y entonces vuelvo a mis recuerdos. Cuando me levantaba temprano con mis peques, y oía al marido de mi madre ponerse un calzado cómodo, sigilosamente, sin intuir que ya era observado por tres pares de ojos. Se sonreía al verme, le daba besos a los críos, y luego me decía que se iba a dar un paseo largo o corto dependiendo de su nivel de energía. Luego salía sin hacer ruido y lo veía marchar con un andar ágil que no demostraba los años del caminante. Jamás creí que un día no lo vería más, que no oiría la risa de mi madre, ni olería más su perfume que, junto a su cuerpo, daba un aroma singular y agradable, acogedor, como lo era su corazón, como lo era su hogar, y familiar, muy muy familiar.
Me da una pereza extrema pasar de este estado contemplativo, a levantarme para limpiar esta casa enorme, pero luego pienso en la energía de sus dueños anteriores y se me pasa.
Esta noche honraremos a nuestros difuntos y no habrá mejor forma de hacerlo que encender velas y recordarlos con cariño. Los guiris van disfrazados y con las calabazas del truco o trato que a nosotros nos la sopla. Yo prefiero el recogimiento, unas flores, encender velas, el silencio de mis labios y la charla de mis recuerdos. En definitiva, quiero homenajearlos como se merecen, teniéndolos en mi corazón hasta que yo vaya a encontrarme con ellos.
2 respuestas a “Esta noche de difuntos”
Ay Ana, no sabía que el papá también era algo más que un habitante de Avatar… un día me comentaste algo pero no pensé que él también, ahora entiendo que es un integrante, y tal vez por eso su forma de actuar en ocasiones.
Vuelvo a decirte la pena que me da no tenerte cerca; te habría preparado una de mis tartas, con base de pudin y cobertura de frutas, que siempre quedan dulces pero sin empalagar, seguro que os habría gustado, además hasta la decoración que le doy entra por los ojos.
Me ha conmovido cómo recuerdas al marido de tu madre, con tanto cariño, a tu madre y lo generosa que debía ser, así como su perfume; fíjate si eso marca, que yo aún guardo un botecito del que usaba la mía, y a veces me pongo un poquito.
Tus palabras me dejan esa sensación de hogar que se lleva dentro, incluso cuando la vida ya ha cambiado de escenario.
Qué manera tan bonita tienes de hacer sentir y e contagiarnos tu forma de mirar.
Te deseo un feliz fin de semana. 🌷
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Muchísimas gracias Yvonne! Hoy sería un día en que ese postre habría entrado de maravilla porque los primeros días fuera de Avatar son duros. Me alegra saber que lo que escribo se reciba como lo que es, una forma de transmitir lo que late en mi corazón, un hogar que llevo a todas partes gracias a mi madre
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