La jefatura

Esta semana, una vez más, me ha pasado por arriba. La víspera de Reyes, avisaron a mi aún marido de que se había muerto un tío político suyo, y la sorpresa inundó la casa porque él era una de las pocas personas con las que nos rozábamos en el exterior y además, era un hombre aparentemente muy bien de salud. Así que, el día de Reyes, después de abrir los chicos los regalos, salió a dar el pésame a su mujer y no volvió hasta las 6 de la tarde. Mi aún marido digo, porque yo estuve todo el día malísima de la alergia, que empeoró cuando quité el árbol, paso imprescindible para indicar el final de las fiestas aquí en Avatar. El árbol no puede estar en el salón y yo asumir que mi hijo vaya al cole sin desconcierto alguno. No computeriza ese tipo de coñas, así que lo quito aunque me vaya la vida en ello.

Luego, el trabajo y sus cambios. Nueva forma de llamarnos, Nueva estructura en las oficinas, plazas que se eliminan para crear otras, jefaturas por un tubo, que, como le dije a mi hermana da lugar a jefes de grupo, jefes superiores, jefes supremos, dioses…Un asco! Total, que, después de preguntarnos si queremos susto o muerte, nos dijeron que si queríamos postularnos para jefes de grupo. La emoción fue tal, y la motivación tan enorme que quedaron tres plazas vacantes. Miramos a las jefaturas como vacas en un prado. Esa emoción. Ese derrape. Ayer un compañero me preguntó que porqué no me presentaba. Le dije que porque estoy esperando a que me den una plaza,  mi plaza, que conseguí hace casi dos años. Que está muy bien hacer creer a la gente que esta oficina funcionará y será más ágil (spoiller, no) pero a los que sabemos que la Justicia no funciona porque nunca le ponen medios no sea que los metamos en la cárcel, nos tienen hasta el parrús. Me ha enumerado los motivos por lo que cree que soy una buena lideresa, ha hecho que me equivoque aceptando los escritos porque no creí ser vista como jefa ni de un cortijo, mascullé por lo bajo un: «lo pienso» y aquí estoy, mirando al techo pensando en asumir una jefatura. Si me presento me la darán seguro! Ni idea de qué hacer.

El miércoles me tocó terapia a la que llegué como un cable pelado. Mi terapeuta debería enchufarme a algún sitio para dar energía como una dinamo. Salgo de la terapia corriendo porque mi hija me dice que tiene migraña y voy a buscar al crío que sale de la suya. Llego jadeando como una actriz porno porque tengo diez minutos para atravesar una calle y media en diez minutos, pero llego. Tengo buen fondo. El cardio en el gimnasio ya se nota. Lo beso cuando sale como quien acaba de ganar una carrera. La terapeuta del niño flipa muchísimo con mis juegos malabares horarios.

Elegí al sosainas como preparador de Gestión procesal y, el jueves, en la primera clase, entre que habían más de 300 personas conectadas, ya digo que el tío se vende bien, mi conexión a Internet que iba y venía, y que, después de llevar  dos horas corrigiendo un supuesto,  avanzarnos que iba a empezar a explicar Civil, que mi hija, mi churri, a las 8, siempre siempre comienza la cena, excepto el miércoles que le dio migraña, y que, a pesar de todo, quería cenar, y lo intentó, hasta que le dije que, ni ella estaba para cenas, ni su hermano moriría por tomar un bocata y un vaso de leche puestos por estas manitas. Total, que el jueves, al no haber cenado el día anterior, hizo humus, y, mientras yo escuchaba, o intentaba, escuchar al profesor, ella le daba duro a lo de moler garbanzos. La miré, suspiré, y apagué el ordenador abandonando la reunión a la francesa. A las bravas, maldiciendo el no haber ido al gimnasio para oír una clase entrecortada en unión de una batidora a toda potencia. Al girarme, veo a mi hijo tapándose los oídos evitando el ruido y no puedo más que pensar que, ojalá tener yo un oído que me permitiera escuchar cualquier menudencia. Él seguro que se cambiaría por mí alegremente, y yo podría sacrificarme con el mismo sentimiento alegre para evitarle esos malos tragos.

Hoy me he levantado teniendo noticias de mi tía. Me encantan sus fotos de la nieve que hiela a Europa, y que yo no veo más que en fotos! Ojalá ver nevar una vez en mi vida! Parece que, poco a poco, le apetece tener contacto con el exterior, saliendo de su Avatar interior,  sin prisas. No hay ninguna aquí, al otro lado. Se harán las cosas como ella desee, a su ritmo. Al otro lado le espera siempre el cariño de los suyos.

Ahora me voy al gimnasio. Mi espalda protesta mucho cuando no voy, y llevo sin ir toda la semana menos el lunes. Si. Fui la víspera de Reyes. Necesitaba tener una excusa para llegar, meterme en el trastero, empaquetar los regalos y subirlos a casa como si mi tribu fueran los pies silenciosos o algo así.  Hoy me voy como digo al gimnasio.  después de hacer transferencias bancarias, de pagos de comunidades, coger el carro, ir al gimnasio, entrar al súper a comprar…todo eso sola. Para disfrutar un poco de mi diálogo interior, ese que me ve como a mi hijo, con los dedos en los oídos porque con el estrés  no tengo tiempo de escuchar, al que agradezco poco, pero al que debo todo. Al que me puso donde estoy. Al que me hizo lo que soy. Una superviviente! Buen día terrícolas!!

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2 respuestas a “La jefatura”

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