Llevo una semana laboral complicada por decirlo de una manera suave. He descubierto, a mi pesar, que el dinero que van a pagarme por la jefatura no compensa en absoluto todo el curro que me ha caído encima. Por ciento y pocos euros más, he tenido que aguantar llamadas todo el rato a mi teléfono personal, a pesar de haber dado mi extensión y de que estoy en mi puesto casi sin moverme a no ser que esté apagando una urgencia del tipo «yo no tengo compañero porque bla bla bla, y ahora estoy solo bla bla…» mientras yo le digo que si quiere milagros vaya a la Virgen de Lourdes, que hay bajas que no se habían cubierto en seis meses. La gota que ha colmado el vaso ha sido que, como digo, por ciento y pocos euros, después de poner a mi grupo en cada sala, he tenido que añadir un suplente para que los señores y señoras juezas se sientan en calma y duerman tranquilos pensando que todo en las vistas va a salir bien. Así que me vi hasta las mil añadiendo nombres, pensando que no debía poner a alguien que estuviera de permiso y, cuando acabé, me había equivocado. Creo que dos veces, veremos a ver mañana. Total, que subo con el listado de persona-sala, y empieza alguien a gritarme (una compañera) que qué era eso de la persona sustituta. Le digo que no me grite, que entiendo los nervios de todos, que no me pagan lo suficiente para soportar su mala educación y, justo en ese momento decido irme de la jefatura. No voy a hacerlo efectivo hasta después de Semana Santa, donde espero, a esas alturas, cobrar, porque esa es otra! hasta ahora nadie ha visto un euro!
De manera honesta pensé que ese curro lo haría alguien a quien pagaran más, que me daría el trabajo hecho, y que yo me limitaría a ejecutar sus órdenes. Estamos hablando de que cobro menos que alguien que tramita un expediente y con el cuádruple de estrés. No compensa. Y además, con el tema de la segunda evaluación de mi hijo encima, que es otro estrés añadido.
El martes tuve una tutoría telefónica con el tutor del niño, para quejarme de la asignatura de Geografía. Me entero de que el famoso paisaje debía ser un trabajo con otra compañera a la que mi hijo, sin saber, dejó tirada y que debió realizarlo sin ayuda. Le pregunto si le parece normal no poner esto en la aplicación del cole para tener, padres y alumnos, los conceptos claros. Le pregunto que porqué la profesora no se da de alta en la aplicación y me contesta que ella está. Le replico que no y él insiste en que sí. Esa tarde recibo la invitación al classroom de esa asignatura. Por lo visto no sabe contar, y no sabe que, 18 alumnos da un total de 18 invitaciones a los correos de dichos alumnos. No a los padres. A los alumnos a los que ve cada día. Debe ser que ella se da cuenta de que existe mi hijo, solo cuando el niño no toma la medicación y se comporta de manera disruptiva en clase. Eso sí que sí. Escribo cuatro correos y solo me responde un profesor. Al día siguiente vuelvo a reenviar los correos a quienes no me han respondido. Estamos hablando de que pido saber los contenidos de los exámenes y de las adaptaciones puestas y estamos a miércoles. Los exámenes comienzan este próximo lunes. Me contestan todos menos la de Geografía. Reenvío el correo. Como una gota malaya. Igual. Me responde y tomo nota de todos los contenidos de las asignaturas. El trabajo de sacar a mi hijo adelante sí que me gusta, y sin aguantar gritos. Todo online!
Anoche tuve un sueño en el que contaba a mi madre todas mis cuitas y, en medio de la conversación, mi madre me decía: «Mira niña! Por esa mierda que vas a cobrar ni te molestes! Y ya sabes lo que te he dicho siempre, que para que el pajarito cante, los dineros por delante!» «Una para saber y otra para aprender» continuó. «Pero si ni te pagan, con esa lección ya aprendida te coges el tolitoli» Yo la miraba sonriendo, cuando no riendo directamente, y mi sueño se relajaba más profundamente cuando ella me soltaba alguna de sus frases. Llegando al amanecer me dijo: «Bueno mi niña, me retiro a mis aposentos!» Me cogió la cara con las dos manos y me plantó un beso. La vi subir las escaleras de su casa del sur mientras yo me quedaba en el salón «más triste que un torero, al otro lado del telón de acero» que diría Sabina, con el olor de su perfume en mi cara. Entonces abrí los ojos, me giré, vi al enano con los ojos ya abiertos, lo besé como hizo mi madre conmigo en el sueño y me levanté para enfrentar un nuevo día. Uno lleno del perfume de mi madre.
2 respuestas a “La decisión”
Tu madre tiene toda la razon, estar en medio es una faena te asan los de arriba y te asan los de abajo, animo y adelante seguro que aciertas con lo que decidas.👏👏👏
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Gracias Manuel!! ❤️
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