La calma de unas vacaciones rutinarias

Estamos de vacaciones en la casa del sur. En los primeros días, fui incapaz de mirar los destrozos que había hecho Therese en la fachada pero ya cogí impulso, y, junto con mi aún marido bajé al jardín a mirar la herida de la terraza. Esta seguía ahí pero, los hierros oxidados que bajaban hasta el jardín, habían sido pintados y empastados por una visita que tuve, una que se refugió en la casa porque la tormenta impedía moverse e ir de visita a la isla de enfrente. A mi me sirvió para saber de primera mano si la pobre casa salía volando, porque la tormenta se hizo fuerte aquí y a ella le sirvió de parada y posta hasta el final de las lluvias. Como agradecimiento, me pintaron los hierros y me arreglaron un par de desperfectos. Así y todo, se ven un par de heridas que hay que curar, pero ya llamaré el lunes para pedir presupuesto. Ahora estoy de vacaciones, curándome la herida del fracaso de la jefatura. Ya pensaré en problemas el lunes próximo.

Los días aún están regulares y hace un poco de frío  aunque vamos a la playa cada tarde, sentamos nuestros panderos, nos damos un baño en el agua helada, llevo al crío hasta unas boyas que, en cuanto las giras, son un arcoiris de vida marina, le explico lo que yo aprendí a menos años que él, saco una bolsa de papas fritas que comemos un rato y nos vamos de vuelta a la casa. Aquí cenamos en la terraza, mientras observamos la vida nocturna y nos reímos de las colas que los ingleses son capaces de hacer para tomarse una copa en un bar de estos en los que necesitas una cartera abultada para pedir alguna cosa. Es pijo a morir y la gente que acude a él son la antítesis de otro local que está enfrente y donde puedes ver a los clientes jugando al bingo. Concentrados. Como si les fuera la vida en ello. Si me pusiera de pie en la barandilla de la terraza y diera un salto de pértiga, caería en medio del local entre aplausos de extranjeros. Así de cerca está el borrachinche, que así lo llamamos, pero, para nuestra sorpresa, y a pesar de la proximidad, no escucho la música que pincha el dj de turno. Solo oigo el viento colándose por entre las ramas del árbol que preside el jardín, para luego mecer las palmas de las palmeras de alrededor, llevándote despacio a un lugar relajante y cálido. La casa es refugio, es hogar, son recuerdos, anécdotas, risas, juegos, llantos…y todo lo que atesora la convierte en un sitio mágico en el que pasas de un dolor mandibular por estrés a un estado de calma que te lleva a no desear que estas vacaciones acaben.

Esta mañana mis hijos han salido a comer churros a una cafetería que solo los hace los sábados, aquí cerca, a la entrada del pueblo. Mientras me despedía de ellos desde la terraza del último piso, he visto que anoche llovió así que, como ayer estuve podando fuera, el olor a plantas, tierra mojada, flores, alcanzaba el segundo piso. Me quedé allí pensando en el peque, que me preocupa y mucho en esta adolescencia en la que va entrando con fuerza. Es adolescente si, pero me pide dormir abrazado a mi y, si tiene una pesadilla me despierta para que lo consuele.

La casa consigue llenarme de la calma y la energía suficiente para encarar el último empujón de un curso que acaba, unos cumpleaños que comienzan a finales de abril y terminan en mayo, un replantearme qué quiero hacer ahora que he decidido colgar las oposiciones, a qué voy a dedicar mi tiempo. A ordenar mi hogar. Esa es la respuesta. A hacer de la casa donde vivo un lugar donde vivir y no un trastero. Necesito orden y calma. Y para eso tengo esta casa. Para llenarme de ambos. 

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4 respuestas a “La calma de unas vacaciones rutinarias”

  1. Hola Ana.
    Te leo entre el caos que tengo yo aquí con mis ñapas (obras domésticas)🤦🏼‍♀️ en un ratito que he parado.
    Según iba avanzando en la lectura de tu día, me daba tranquilidad imaginar que estabais ahí en el agua fría del Atlántico, disfrutando; después, con ese aroma a tierra mojada, a flores, a vida desde tu ventana… Me encanta.
    Yo ya voy teniendo algo más colocadas las cosas, pero no veas la que se lía para cuatro chapuzas que te hacen, mi casa también es alta, y desde el primer piso al último, se llenó de polvo por tan solo hacer dos rozas en la pared.
    Bueno ya voy viendo la luz jajaja jajaja.
    Espero que estos días de asueto te llenen a ti también de esa luz para que todo se arregle muy bien, yo sé que lo harás, eres una súper heroína y una gran madre y persona.
    Un besito muy grande. 😘💗🌷

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    • Muchísimas gracias Yvonne! Yo solo de pensar en lo que me espera y que hay gente que lo hace hasta por placer y siento una envidia de lo más sana. Me alegro que, por lo menos tú, vayas viendo la luz. Muchísimas gracias por comentar y gracias también por esos piropos tan lindos. Viniendo de alguien tan luchadora, valen por dos. Un abrazote! 🫂❤️💫

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  2. Si estuviera cerca te ayudaría sin pensarlo; antes disfrutaba con las obras, es más mis amigas, me solían llamar Mary obras, jajaja jajaja, siempre estaba ideando qué hacer, ahora la cosa es distinta, todo me cuesta mucho y más y me siento muy cansada, pero siempre sacaría un ratito para echar una mano si hiciera falta.
    Mil besitos.😘🌷

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