El cumpleaños

Hoy es el cumpleaños de mi aún marido, y ya comienza su cuenta atrás para la jubilación. Echando la vista atrás, parece que fue ayer cuando nos conocimos, hasta que recuerdo que, para saludarme, a mi que iba vestida de negro, lucía una esplendorosa rapada rebelde, fumaba y lo miraba como a una bacteria peligrosa, producto de haber conocido cero hombres normales a mis dieciocho, me dio la mano. Él no podía adivinar la depresión de caballo que llevaba, ni que unos años después esa misma enfermedad me llevaría a decir que hasta aquí, que ya había tenido suficiente. Tampoco intuyó mis múltiples problemas y era tan ingenuo que pensaba que no entraba a la casa de mi abuela porque no sabíamos si lo nuestro iba en serio. Yo procuraba meter toda la mierda bajo una alfombra imaginaria que dio como resultado que un día, sin yo poderlo remediar, el problema se lo encontró de frente, y ese día, pensé que él no sería lo suficientemente fuerte para sostenerme. Me equivoqué. Aún así, sentía tanta vergüenza, él era tan ingenuo, y yo estaba tan harta de todo que un día le dije que habíamos terminado. Seguimos en contacto por esto de que él pensaba, con toda la razón además, que un día acabaría malamente todo ese drama familiar a la italiana, con gritos, con violencia, pero sobre todo, con seres humanos que vivían al límite de su psique. Lo que no sabía él es que yo, cada noche, como un general, planeaba una estrategia vital a una semana vista. «No te rindas, hay algo más allá de ese horizonte» me decía, pero perdimos el contacto y yo me desconecté de la única persona medianamente normal de mi vida. Entonces llegó el día de «hasta aquí!» y, tras fallar en el intento, hecha un auténtico estropajo, salgo de la Escuela de Turismo y zas! me lo tropiezo, como en las pelis. Le cuento que he decidido irme a vivir con mi madre y veo en su cara una profunda tristeza. Me invita a salir la víspera de mi partida y ahí me pide que le escriba. Me echo a reír y le digo que vale. Siempre me ha gustado escribir.

Íbamos a entrar en el año 92, en el año de las Olimpiadas, de la enfermedad de mi hermano, de no puedes vivir con tu madre porque ésta repite los mismos patrones dramáticos que tu abuela solo que los de tu abuela ya los tienes aprendidos y no quieres hacer lo mismo con tu madre. Y te vas. Y organizas tu vida de otra manera, y, un día, nos volvimos a ver y ya fuimos inseparables. Él me planteaba dudas vitales y yo se las resolvía con eficacia. Entonces parpadeamos dos veces y nos vimos con dos hijos, una hipoteca, un coche y mucha mucha pelea, pero ahora de otro estilo, la que sirve para convertir a tus hijos en seres humanos autónomos.

Hoy he acechado al dueño de la dulcería de la esquina y, cuando la he visto abierta, he corrido para comprarle una tarta de cumpleaños sabor polvito uruguayo, su preferida. Cuando la he enseñado, ha pensado que era de queso (odia el queso) lo que da una idea del viraje de nuestra relación, le hemos cantado el cumpleaños feliz, ha abierto el regalo de su madre, que le he adivinado que eran calcetines y calzoncillos, se ha arrastrado hasta la cama que trabajó de noche, y se ha dormido como un bebé.

Hoy iremos a comer fuera, a un restaurante de pescado que ha elegido él. Como siempre, lo hará sin reservar, porque odia hablar por teléfono y saldremos sobre las doce y media porque odia esperar y las colas. Él es así! y, cuando le decimos que es tan de Avatar como sus hijos, se pone en modo hiperfoco y ya no lo sacas de ahí hasta que le pones la comida delante. Ha sido un tío con suerte a diferencia de mi que siempre he bailado con la otra cara de la moneda.

Anoche soñé que me decían que había fallecido pero, al entrar a la habitación descubrí que solo dormía. Y pensé en su suerte, en que solo a él podría pasarle esa resurrección, solo él podría sorprenderse al ver mi cara de preocupación. «Te dije que te cuidaría siempre! No puedo dejarte aún!» Me dijo. Y entonces, me desperté.

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5 respuestas a “El cumpleaños”

  1. Ahora me has emocionado, Ana.
    Veo que a pesar de todo lo que nos vas dejando aquí cada fin de semana, me haces pensar que le quieres y te preocupas por él.
    Espero que paséis un día de cumpleaños muy feliz. Entiendo que no le gusten las colas ni esperar, a mí tampoco, ni los atascos de tráfico, es algo que me saca de quicio, fíjate a lo que me dedicaba 🤦🏼‍♀️ madre mía, aunque yo llevaba una sirena en el coche para ciertas ocasiones.
    Me ha entrado curiosidad con esa tarta con polvito uruguayo, aquí jamás la he visto, me gustaría probarla, aunque tampoco soy de tartas, la sacher y muy poco más.
    Lo dicho, preciosa, pasarlo muy bien y procura disfrutar mucho tú, que lo mereces.
    Un besito y un tironcillo de orejas suave para el cumpleañero. 💖🥰💐🎂🥂🌷

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    • Pues si vienes a las Islas, ese postre es un must. A mi gusto demasiado dulce, a su gusto, el preferido de todos! Muchas gracias por tus buenos deseos! Ahora soy yo la que se queda con la curiosidad. A qué te dedicabas que podías usar sirena? Mi reino por una sirena anti atascos!! 😄😄😄 Un abrazo fuerte! 🫂❤️💋

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      • Jajaja jajaja, pensé que lo sabías.
        Creo que en algún comentario te lo dejé caer, de manera velada.
        Cuando hablabas de tu trabajo, te decía que el mío en parte, estaba relacionado con los juzgados, pero solo para llevar gente allí.
        Policía Municipal de Madrid.
        Algo que no fue por vocación, pero me vi toda mi vida ahí al aprobar una oposición para tener un trabajo.
        Al principio, calle, como todo el mundo, de ahí los coches con suena, después, oficinas ya que la informática se me da bien, o se me daba, ya que desde que me jubilaron por enfermedad, cerré mi ordenador y no lo he vuelto a tocar.
        Qué cosas, eh…
        Bueno ya sabes un poco más de mi. Además de decirte que si la tarta es muy dulce, tampoco sería un santo de mi devoción, donde esté el salado, un buen jamón… Jajaja jajaja.
        Mil besitos, Ana. 🥰🥰

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