Los consejos

¿Cuál es el consejo más profundo que te han dado? ¿Lo seguiste?

Me han dado tres consejos importantes dos de las personas a las que yo más quiero y, por supuesto, precisamente por eso, los he seguido los tres. El primer consejo vino de mi tía más querida. Por aquellos años, yo era soltera, pasaba una temporada vital con mi madre, que duró unos meses, trabajaba en un restaurante de comida rápida y tenía una depresión tremenda. En ese restaurante había un día, los martes creo, que venía el camión de mercancía y estábamos descargando aquella máquina hasta las dos de la mañana. Primer día que me quedo hasta esa hora y, al salir e ir a la estación de tren, me informan para mi horror que el primero hasta la playa sale sobre las seis de la mañana. Mi alma abandona mi cuerpo y grita despavorida por toda la estación. Salgo, y me dirijo sin rumbo fijo por la calle en la que trabajaba, mirando las marquesinas de las guaguas mirando alguna que fuera a mi destino. Tengo la suerte de cruz. Veo llegar a una patrulla de la policía nacional y paro el vehículo con un gesto. Me dicen que suba y me llevan hasta la Plaza de Catalunya y allí me dicen que pregunte. La gente acaba de verme bajar de un coche patrulla y a esas horas. Mal rollo lo de preguntar. Todo el mundo pasa de mi cuerpo serrano. Se para una guagua y el chófer me dice que él no, pero que va a llevarme hasta la parada que sí. Me deja en un descampado sin luz de esos en donde muere la primera de las chicas tontas de las pelis de terror de cuarta y con un tío con mala pinta. Veo llegar la guagua y nos subimos el chico y yo. Resulta que no tiene mala pinta, es solo que está reventado del curro porque en ese descampado solo hay almacenes. La última parada era en el pueblo situado a kilómetros de la playa, ergo de mi madre, ergo vete buscando un banco donde dormir en febrero, con un frío pelón, con un abrigo rojo que era la única alegría de aquella situación. Me había quedado sin dinero, no tenía móvil, no existían o eran solo para ricos, y no podía llamar para que vinieran a buscarme porque habían cabinas pero funcionaban con monedas. Una pareja me dio el dinero para hacer la llamada y vino mi madre en su coche cochambroso, regalo de un vecino que le daba autonomía de su segundo marido. Cuando conté mi aventura por la mañana, mi tía me dijo: «siempre debes llevar dinero por si una emergencia, un mapa por si te pierdes y las llaves de casa por si te quedas tirada, y mirando al marido de mi madre siguió, «que siempre hay algún cabrón o cabrona que te puede dejar tirada en medio de ningún sitio». Capté el mensaje.

Su segundo consejo vino cuando preparé mis primeras oposiciones en una academia que resultó ser un chasco. Presenté mi solicitud para el examen y me olvidé porque creía que la academia iría avisando de si habían salido las listas de admitidos, fechas de exámenes etc. Nop. Cuando fui a mirarme, había sido excluida sin posibilidad de reclamación sino por la vía contenciosa. Mi aún novio y yo tuvimos una bronca monumental porque él decía cosas muy desagradables sobre mí, yo me defendía, pero en realidad pensaba que todo eso que él decía era verdad. Ese fue el eje sobre el que giraba nuestra relación hasta que le expliqué mis límites. Y uy! Qué sorpresa! Ha dejado de hablarme! Qué pena y qué horror!

Cuando se lo conté a mi tía me dijo: «de las cosas importantes no delegues en nadie. Si algo te interesa, tú y solo tú te debes encargar de todo». Y así hice. No he vuelto a delegar en nadie. Malo también ser muy radical que, con mi madre en el hospital, presenté una documentación de forma errónea y me ayudó una amiga porque me fue imposible hacerlo a mi. Y sí, existe gente buena y válida que te echa una mano y te acompaña. Solo tienes que salir de la desconfianza.

El tercer consejo llegó después del diagnóstico del pequeño. Que el neuropediatra nos dijera que todo se debía a la genética, señalando a mi aún marido o a mi, mientras yo colocaba las piezas que me faltaban en nuestro puzzle vital y todo me cuadraba, decidí que me divorciaba. Tanta perfección, tanto poner el dedo en que su familia es santa y la mia pues ya ves, todavía vivir el luto por el suicidio de mi tío, me hizo alejarme de él como de una peste.

Salí a pasear con mi madre y ella me pidió que pensara si lo dejaba todo por las razones correctas o porque yo quería dejar Avatar y dejarlos a todos en su planeta y largarme a vivir mi vida. Que Avatar tenía sus desventajas pero, que si lo miraba de bien cerquita y veía todo lo bueno, no iba a querer marcharme. Lloramos mucho y elegí estar presente en la vida de mis hijos de una manera más resiliente. Y aquí seguimos!

Es curioso pero, este último consejo decidí aplicarlo al trabajo y mirarlo desde más cerca. Ver todo lo bueno, que lo tiene y ayer, en voz alta dije: «somos un equipo que no tiene a ningún gilipollas entre sus filas!». Entonces una compañera me miró y me dijo: «Bueno, bueno, aún no hemos hablado de tí!» Y todas nos reímos a carcajadas. He estado sumida en la queja y hacer eso no es bueno para ninguna convivencia. Uno debe mirar todo desde bien cerquita y, como dijo mi madre sabia, mirar todo lo bueno incluso, de lo que no lo parece a simple vista!


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