El canario

Soy un pájaro canario que vive en el interior de un árbol al fondo del todo de un jardín. Mi casa está justo al lado de una vivienda que, durante un tiempo fue una vivienda familiar y que luego adquirió un matrimonio para pasar largas temporadas vacacionales en ella. Antes los veía, de hecho, llegar juntos cargados con su equipaje. Más tarde, empezaron a llegar por separado. Ella siempre primero que él. Regaba el jardín, limpiaba las terrazas, y, al poco, se unía su familia.

La he visto dar la bienvenida a su hija y sus nietos, sus hermanos y hermanas, amigas que pasaron sus vacaciones junto a ella…hasta que partían de nuevo a la rutina de la vida diaria y mi pareja y yo dejábamos de oír ruidos ajenos.

Solía venir también un señor alto, moreno, con ropa cómoda. Se acercaba a una barbacoa de piedra del jardín, encedía un fuego…y mi pareja y yo volábamos a otro sitio mientras el humo inundaba todo el árbol. Comían luego en una mesa y unos bancos de piedra que hicieron poner bajo mi casa, y que subieron hasta ahí a golpe de grúa, y allí festejaban el cumpleaños de la hija mayor, o la propia vida misma. Así, un año tras otro hasta que, uno de ellos, el penúltimo, se produjo algo que dejó a todo el mundo sin salir de casa. Los humanos llevaban mascarillas cubriendo las bocas y entonces todo se volvió menos ruidoso, con menos humos no sólo de la barbacoa sino de los coches que veíamos por cientos cada día y cada noche mi pareja y yo.

Ese año vino la dueña de la casa sola con su hija mayor. Durante un mes las vi reír muchísimo, aplaudir a una cantante que trabajaba muy cerca de la vivienda y cuyos aplausos agradecía puesto que los clientes del restaurante no se estiraban nada en los alagos, hablar largo y tendido… Cuando se despidieron la una de la otra, se llevaron cada una en el corazón el mes más feliz de sus vidas. A mi solo me faltó gritarles que lo habían conseguido sin barbacoas de ningún tipo pero, como soy de natural tímido, preferí reservarme la opinión.

Al año siguiente todo fue muy raro. La señora vino en épocas navideñas pero salió de la vivienda muy enferma. Luego, un silencio pesado cubrió la casa y, a pesar de que llegaron días vacacionales, no volví a ver a nadie. Luego vino el marido con gente que no habíamos visto nunca. Más adelante apareció la hija, con el rostro cubierto por una tristeza que no había visto nunca y entonces entendí. La dueña de la casa ya no estaba entre nosotros pero sí su espíritu que comenzó a visitar el jardín y la vivienda mientras estaba su familia en ella.

Un día me miró y me preguntó si podía tomar mi cuerpo unos instantes. Quería decirle a su hija que ella compraría aquella tristeza profunda, para llevársela muy lejos y que la felicidad volviera a su rostro. Se lo permití porque soy un canario de muchos años que, a mi edad, que el espíritu de alguien me pida algo tan increíble no me parece extraño. Me he curado de espanto. Eso, y que soy muy generoso! No quiero ver a mi pareja si a la señora le da por no marcharse!

Volé hasta la figura de la hija que estaba asomada en la terraza y entonces noté a su madre que le dijo que compraría felicidad a raudales y que se la daría a manos llenas si con eso conseguía devolver la alegría a su rostro. Entonces la hija me miró muy seria, como si el hecho de que un pájaro canario hable con la voz de su madre no fuese algo como para dejar a cualquiera patidifuso y contestó: «No hace ninguna falta que te lleves mi tristeza y que me compres o me vendas felicidad. Yo te llevo en mi corazón, muy dentro, y con ello mitigo la pena de no volver a verte. No te preocupes por mí». Entonces sonrió. No como antes no, pero sí con la certeza de tener a su madre cerca, contemplando su vida. Me besó en la cabeza, soltó una lágrima y terminó con un: «y ahora deja al pobre canario! A ver si tras esto no lo cuenta!» Y entonces volví a ser enteramente yo y la hija…volvió a ser enteramente ella. Y cada uno volvió a su vida, como si nunca hubiera ocurrido un milagro entre nosotros.


2 respuestas a “El canario”

  1. Querida Ana.
    ¡Qué historia tan bonita has creado!
    Ese canario estará muy contento de haber podido dejar que alguien se reencarne en su cuerpecito para poder dar un mensaje de amor, aunque la hija bien sabe que ese amor lo lleva bien dentro y aflora en cada gesto que ella hace, con sus hijos sobre todo.
    El finde pasado te leí, pero no me dio tiempo a dejarte comentario, ya lo haré, estuve con reunión de familia en casa y fue cansado, aunque muy gratificante.
    Me pondré al día en cuanto pueda.
    Cuídate y sigue disfrutando si estás en la casa del sur.
    Un besito muy grande, preciosa. 🥰❤️🌷

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