Hoy nos volvemos a casa llenos de energía. Hemos llegado aquí, hemos cargado nuestras baterías vitales y toca regresar a una rutina que volverá en todo su esplendor la segunda semana de septiembre. O vendremos porque hacerlo es un suicidio. Aquí todo se mueve a lo bestia a partir del día 8, que es festivo en algunas zonas de la isla cosa que aprovecha la peña para coger el último puente antes del inicio del cole. Todo el mundo se hace humo, tanto que, no siendo en penal, no se señalan ni juicios, excepto algún juez venido de otros lugares que se ve celebrando juicios él solo en toda la planta. Será la última vez que le pase porque incluso escaseará en el juzgado de personal por más que pongan leyes para que esto no pase. La economía procesal en uno de los sitios con más litigios de este país suena a chufla pero esa es otra historia.
Total que ayer pasamos nuestra jornada playera a donde íbamos buscando un poco de paz, con una lancha llena de gente, con música electrónica hasta los topes de alta, tanto que te alejabas de la playa y seguías escuchando, y yo me volví a mi juventud, cuando entraba a los locales cubata en ristre y bailaba como si no hubiera un mañana. Iba siempre, como ayer, con la expectativa de divertirme, bailar y marchar para mi casa. Muchas veces fui sola y, al salir, me sentía como algún perrito abandonado en la calle, cosa que ya no veo gracias a Dios, y los miraba diciendo que quién fue quien le estaba haciendo pasar por aquella vida, como si yo no tuviera suficiente con lo mío, como si pudiera ayudarlo de alguna manera. Llegaba a casa, me desmaquillaba y me acostaba sin dormir pensando qué iba a hacer con mi existir, cómo salir de aquel Matrix vital que me tenía atrapada como una tela de araña bien tupida. Cuando volví de mis pensamientos, ya me dolía la cabeza. Qué curioso es el cuerpo! Cómo te manda mensajes diciendo que no vuelvas nunca más a esos años! Que no recuerdes! Como en la Casa de Bernarda Alba de mi amado Lorca. «Silencio! Silencio he dicho!» Y callé. Y el dolor calmó.
Mientras cenábamos los chicos y yo, descubrí, porque comemos en silencio y sin conversar, que una luz que puso mi aún marido en la entrada y que se enciende por el movimiento, hacía su función pero sin movimiento mediante. Venía detectando yo, por la alarma, que la luz se encendía de madrugada y que el programa me alertaba de que alguien andaba en la terraza. Primero culpé a la gata que duerme entre las cosas de la entrada pero luego descubrí que ella no pasa ni de coña por donde está el aparatito de marras. Como tengo una imaginación de estas que te dejan agotada, me puse a imaginar a mi madre y a su marido juntos los dos jugando en la terraza, volando libres, disfrutando junto a nosotros de la jornada de sábado. Enciende. Apaga. Me sonrío. Qué pena no poder compartir esto que pienso con nadie. «Bueno! Te queda el blog» me digo. Enciende. Apaga. Creo que alguien lanza su aprobación de mi idea. Enciende. Apaga. Me sonrío. «Te quiero mamá!» Me digo. Enciende. Apaga.
3 respuestas a “Una tarde de sábado”
Me encanta la idea que tu madre y su marido estén en el jardín y la luz los detecte, aunque tú no los veas, pero bien sabes que son ellos.
Yo creo mucho en todo eso y además es que me ha pasado cada cosa, que si te contara, pensarías que estoy como una cabra montesa, pero es que lo más gracioso es que me han pasado cosas de ese tipo estado acompañada de gente muy sensata, no Antoñitas las fantásticas, no!
Yo también pienso que tu madre está en esa casa con su marido y seguro que allí os sentís así de bien por su esencia.
Muchos besitos y muy buenas noches, Ana.🥰❤️💝🌷
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Si. Yo al principio era una descreída pero no, hay cosas que son inexplicables o solo se explican si pones a esas energías invisibles en la ecuación. Ayyy! Cómo me gustaría oír esas historias tuyas! Un beso enorme y buenas noches! 🤗🫂❤️😘
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Me imagino sentada contigo en ese jardín, en tu banco, al caer la tarde con los pajaritos esos que te cantan…
Y nosotras charlando y contándonos todas esas historias y muchas más…
No descarto volver alguna vez a las islas y hacer todo lo posible por conocerte, me encantará darte un abrazo y decirte a la cara cuánto te admiro y lo que te aprecio.
Algún día llegará y si antes te acercas tú por Madrid, por supuesto avísame, a ver si lo hacemos posible.
Mil besitos.🥰🌷
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