El dolor de la ausencia

A esta semana que dejo atrás la he exprimido como un limón. No he tenido un rato de estar conmigo misma y mis pensamientos y eso que lo he intentado con todas mis fuerzas pero no ha habido manera. Cuatro de estos días he ido al gimnasio, y, a veces, he salido de un sitio con la ropa del gym puesta para llegar corriendo cual Cenicienta fitnes casi en punto a la clase dirigida.

Para arreglar mis emociones, voy a terapia y, ahora he añadido el arteterapia a la ecuación y, pareciendo la palabra, quizás, algo tonta, no lo es en absoluto. El martes, como principio de actividad, comenzamos (bueno, yo solo lo intenté) con unos movimientos que pretendían ser un color, un sentirlo y  expresarlo. Antes de acabar, yo estaba pensando en coger la puerta. Según mi terapeuta, esa chica joven y sabia, a veces este tipo de cosas para gente con tanto oculto dentro como yo y hacer esto puede ser una actividad de riesgo. Lo cierto es que, crear algo con mi imaginación y mis manos, me acerca y recuerda a mi tía y, ahora mismo, eso me provoca un dolor de duelo, uno que casi consigue que salga despavorida de allí sin mirar atrás. Nadie puede tomarme como una garantía porque hay cicatrices dentro de mí que, al tocarlas, consiguen que todo el dolor vuelva. La situación de esta muerte en vida en la que está atrapada, me provoca una angustia casi insoportable. Me gustaría rescatarla como hice una vez con mi hija, pero si gasto la poca energía que tengo en eso, no podría sacar a mi hijo adelante. Él es un adolescente y ella pasa de los 60. Y no es mi hija, aunque la quiera como si lo fuera. Qué curioso! Nunca sabes hasta qué punto alguien es importante para tí hasta que se va, aunque ella aún viva atrapada en una mente llena de monstruos. Qué injusto! Si viviera lo que merece, estaría ahora en un spa atiborrándose de zumos y creando vasijas de barro o pintando algún cuadro maravilloso y ahora solo ve la tele y mira sin ver culebrones. Qué mala suerte!

Hoy voy a dedicarme a pintar esos dibujos que hay de puntos y que, muy mal lo tienes que hacer para que no veas qué dibujo es. Y así conectaré con ella, con el dolor de su ausencia, y, mientras transite ese duelo, pondré música, encenderé una vela y viajaré a esa parte de la infancia en la que fui feliz, cuando observaba a mi tía crear magia con sus manos!

Por lo pronto, hoy en Avatar ha habido un motín y han decidido ocupar mi mañana entre compras y cafeterías donde tomar el segundo desayuno. Por eso esta entrada sale ahora y no a la hora habitual pero es que mi vida gira en torno a los que quiero porque ya ésta se encarga luego de arrebatarlos de entre tus manos y llevarlos a un lugar oscuro, frío y solitario. Por eso he cerrado mis ojos y me he dejado llevar con ellos, como una Wendy saltando desde la ventana de su cuarto tras Peter Pan en un viaje hasta el país de Nunca Jamás para ver si así, haciendo feliz a otros consigo olvidar la tristeza que me cubre como un manto.

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2 respuestas a “El dolor de la ausencia”

  1. Aquí vuelvo, Ana.
    Ahora te leo y se me arruga más el alma. Te entiendo tanto… Yo sigo cargando con el dolor por mi hermana, no hay día que no se me cuele en la cabeza, y saber que ya no está me parte por dentro. Y lo de tu tía debe de ser muy parecido también, que esté, pero vivir en su mundo, es echarla de menos y encima sabiendo que está.
    Me he emocionado con tu plan, con la vela, la música y esa infancia feliz mirando a tu tía hacer magia con las manos.
    Estoy segura de que el arteterapia, poquito a poco, te va a regalar cosas bonitas, y hasta ratos de risa, ya lo verás.
    Aquí tienes a alguien que te lee y te entiende.
    Un abrazo grande y buenas noches. 💝🥰🌷

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