LA DESPEDIDA

Hoy me he acordado de la cantidad de cosas bonitas que me trae este mes a la cabeza. El miércoles cumplirá el enano 11 años y su hermana lo hará el último del mes. Siempre ha sido un mes especial porque siempre suelo hacer un repaso de lo vivido hasta ese día concreto, hasta que la vuelta al sol se completa. Pero hoy, no sé si por el agotamiento que llevo esta semana, los recuerdos me han pasado por arriba.

En estas fechas son los viajes que se llaman de fin de curso, pero que constituyen el final de la primaria y el comienzo de la ESO. Antes, cuando yo era niña te ibas de viaje cuando tenías 14 años. Ahora no. Ahora lo haces con 12. Antes la temática tenía que ver con catedrales, museos, monumentos, lugares históricos…ahora consisten en arrastrar a los críos de un parque temático a otro. Que vean mucho plástico y escuchen muchos gritos. A mi, en mi viaje, me llevaron al de Madrid. Mi hija se recorrió la península yendo de un parque a otro, de un desconcierto a otro. Así la hicimos más independiente. Nos costó la vida prepararnos para ese momento, todos nosotros. No solo ella. Este año le toca cumpleaños volviendo de Barcelona viaje que consistirá únicamente en volver a ver a la gente que queremos, llenarnos de su cariño, ponerlo en un huequito en nuestros corazones, y tirar con eso hasta la próxima vez que podamos verlos.

Bueno, pues cuando llegó el día de la despedida, después de la congoja de despedirme de ella en casa, porque alguien tenía que quedarse con su hermano que era muy pequeño por entonces, y, como salían al alba, después de despedirme de ella, me fui al Facebook y escribí esto:

«Hemos estado meses preparando este viaje. Es el primero en su vida que hace sola, sin su familia, acompañada únicamente por compañeros y profesores. Ella es autista y, aunque esto la hace diferente, sabe, porque sus padres se lo hemos repetido un millón de veces, que no la hace inferior y que puede conseguir lo que se proponga. Va sin móvil porque no tiene edad para ello, o eso pensamos sus progenitores, ¡Pero es que solo tiene doce años! Ha sido un trabajo diario de hacerle entender la cantidad de cosas que pueden suceder y cómo resolverlas. Han sido nueve meses de preparar este momento concreto, el tan ansiado día de la partida.

¡Y se fue! Se despidió de mí nerviosa porque no sabe la cantidad de experiencias bonitas que le tocarán vivir en una semana. No le he dicho eso de «pórtate bien»o «no hagas tonterías» o «ten cuidado». Esas cosas que, cuando las oyes a un adulto te parecen un rollo. Yo solo he sido capaz de abrazarla muy fuerte para memorizarla entera. Y uno se queda con el corazón encogido porque nunca nos habíamos separado. ¿Es le de vida? Si. ¿Estás alguna vez preparada para ello? Por lo mal que me siento, la respuesta es no. Ahora toca esperar el regreso».

Y después de escribir sobre lo que sentía, me volví a la cama, me acurruqué en silencio, y comencé a llorar. A sacar una angustia que no se despegó de mi hasta su vuelta.


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