Querido hijo

Querido hijo! Hoy es tu cumpleaños y ya son 12 las velas que soplas en la tarta de cumpleaños. Tienes los mismos años que el edificio donde trabajo y es que, después de nacer tú, los astros se alinearon y, durante un tiempo, las cosas fueron maravillosas.

Luego llegaron tus fijaciones con las campanas, tu llanto si no pasábamos por delante de la iglesia para mirarlas «las campanas mamá, las campanas». Así y todo, yo estaba empecinada en que tú no eras como tu hermana, y resultó que no, que no lo eras, porque se me olvidó, vaya por Dios! que eras distinto porque nadie es un calco de su hermano, ni de nadie. Puedes parecerte mucho físicamente pero ir a tu aire en cuanto a forma de ser.

Resultaste ser un chaval sonriente, lleno de energía, tanta, que un día me pediste por favor que te comprara algo para dormir relajado, lo habías visto en un anuncio, porque estabas hasta el pelo de saltar en el colchón como un pez fuera del agua cada noche, eres bromista y capaz de pillar las bromas de los demás.

Recuerdo el día del diagnóstico. «Es igual que la hermana» me dijo la terapeuta, y yo sabía que no era por la forma de ser, ni porque se parecen como dos gotas de agua, no, me lo decía porque, de manera inesperada, tú también venías de Avatar, como ella, y, los dos, con el tiempo, sabedores de ser del mismo planeta, han hecho piña, en la misma donde está tu padre, la que imagino como tu queridísimo Bob Esponja. Yo soy la Calamardo de vuestras vidas. La que alucina mucho cuando los veo hablar en un idioma que no entiendo, que está de mal humor, aunque yo no soy nada vaga, y no tengo su ego. Cuánto lloré por la noticia! Me apeteció mucho ir a una plaza, cortarme el pelo a cuchillo, gritar y arrancarme las vestiduras. Luego todo el mundo me decía que ya tenía la experiencia de tu hermana, lo bien que estaba y bla bla. Sí, ya tenía la experiencia y casi 8 años más. No sabía de dónde diablos iba a sacar las fuerzas para ayudarte. A veces pienso que, en algunas cosas has dado pasos para atrás porque estoy mayor para ser firme. Luego hablo con tu terapeuta, vemos los avances y se me pasa. Pero es que eres tan de Avatar, que, no me sorprende cuando la gente me pregunta si eres mi hijo, a pesar del parecido.

Hoy cumples años, y yo, cumplo risas, llantos, carreras detrás de ti, acompañamiento, amor de pata negra, y abrazos, miles de abrazos en estos 12 añazos.

Hoy me han avisado que ha llegado a la Isla tu cama, así que, la próxima semana, comienza otro capítulo de tu vida. Se acabó el colecho, viva tu independencia, tu autonomía. Esa tan necesaria ahora que tu padre y yo envejecemos!

Te quiero hijo, no lo olvides jamás de los jamases. Pero no te quiero mucho como la trucha al trucho, que decía tu abuela, no. Te quiero profundamente y te llevaré en mi corazón y serás parte de mi aunque me vaya. No me iré muy lejos, descuida, iré en busca de mi abuela y mi madre, y, las tres te protegeremos. Porque eres parte de nosotras. Porque estás encajado en nuestra alma. Y así será. Hasta el fin de los tiempos.

, , , ,

8 respuestas a “Querido hijo”

  1. Querida Ana,
    hoy, al leerte, se me encogió el alma.
    Tu texto me atravesó como una ola que arrastra recuerdos, emociones, y ese amor inmenso que tú sabes traducir en palabras como nadie. Mientras te leía, pensaba en que hoy también es el cumpleaños de mi nieta: también 12 años, también un puñado de velas que encienden ternura y cicatrices.
    Y no pude evitar sentir que, incluso en eso, estamos unidas.
    A veces me asombra cómo los lazos más verdaderos no necesitan verse, ni hablarse a diario. Hay algo en ti, en tu manera de amar, de resistir, de entregarte, que siento tan cercano… como si mi corazón reconociera el tuyo, a pesar de la distancia.
    Sé que cargas un sufrimiento muy grande, y me duele profundamente. Porque no es justo. Porque nadie debería tener que sostener tanto dolor, y menos aún mientras da todo por amor.
    Y en ese dolor tuyo, también me reconozco. Porque yo también sufro, y mucho, por la vida que les ha tocado a mis nietos: por los golpes, por los gritos, las vejaciones, por ese padre que nunca los quiso, que solo los ha usado como herramientas de castigo contra su madre, sin pensar jamás en ellos.
    Y ese sufrimiento, Ana… ese, aunque no sea la misma causa, pero también nos hermana.
    Pero también me une a ti algo más: la fuerza de seguir, el amor que no se rinde, esa forma en que seguimos abrazando la vida, aunque duela. Porque somos mujeres que quieren con todo, que se quedan, que luchan, que acompañan, aunque el alma esté rota en pedazos.
    Hoy siento que te quiero un poquito más. Por lo que eres, por lo que entregas, por lo que resistes.
    Gracias por compartir lo que llevas dentro. Gracias por ser faro, incluso cuando la niebla no deja ver.
    Te abrazo con todo mi corazón.❤️🥰🌷

    Le gusta a 2 personas

    • Muchas felicidades a tu nieta. Espero que el tiempo y los años le hagan mitigar el dolor de haber tenido un «padre» como ese, aunque la palabra le quede grande. Como al mío. Eso y otras vivencias comparto yo misma con tu nieta, contigo, y luego una abre un blog para soltar la espita de todo lo que bulle dentro y voilá! resulta que encuentro gente tan maravillosa como tú, con comentarios que hacen que me emocionen porque como tú bien dices, compartimos muchas vivencias comunes. Me sonroja que en este mundo los adultos utilicemos a nuestros propios hijos como arma arrojadiza. Esas cosas no deberían suceder. La infancia debe cuidarse como un jarrón Ming, como una pieza delicada, como lo que es en realidad. Un abrazo enorme desde la distancia. Mucha fuerza para seguir peleando por los que amas! ❤️🥰

      Le gusta a 1 persona

Replica a manuelwarlok Cancelar la respuesta