Mi descanso

¿Necesitas un descanso? ¿De qué?

El fin de semana pasado, después del cero en Geografía de mi hijo, tuve un intercambio de correos con la profesora de esa asignatura pidiendo entender el porqué de ese suspenso. Pregunto que si ha sido por mala conducta. Siempre poniendo el foco en que mi hijo se las trae en lata. Error. Me suelta que ha sido porque no entregó un trabajo que debía hacer por escrito y del que no sabíamos nada. Me dice que ella le dijo que apuntara lo del trabajo en su agenda. Le contesto que para qué está la aplicación del colegio, cosa que le duele porque ella ni siquiera aparece en los créditos. Se enfurruña por lo que le escribo, demostrando con ello una gran madurez (ironía modo on) y me contesta que, ELLA ya me escribió un correo preocupada por el niño (a principios del curso pasado) y que si quería ver los exámenes debía acudir al centro. Amos, no me jodas!! Mi respuesta fue la propia de una madre que tiene más paciencia que Job, y, por no llamarla niñata malcriada, le expliqué que existen unos aparatos, muy usados en la docencia, llamados fotocopiadoras y que con ella podía hacerme un par y no hacerme perder un día de trabajo. Me los envió cinco días después (no encontraría la fotocopiadora al igual que yo no encuentro mi paciencia ya con estas chuminadas) y vemos que ha aprobado la recuperación de la asignatura con un cinco. La única alegría en todo este maremágnum de despropósitos.

Esta semana ha traído un 2 en Biología. Alguien sabe porqué? Ni él ni yo tampoco. Así que toca arremangarse, escribir correo, esperar que este profesor no tenga la madurez de un chupachup, y ya estaría.

El próximo movimiento planeado será enviar a la dirección del centro una queja formal por escrito, para luego tomar las medidas administrativas y judiciales que me sean oportunas. Estoy ya muy cansada de pedir, de rogar, que no me dejen fuera de lo que pasa a mi hijo entre las paredes del colegio. Y yo he llegado al punto álgido del hartazgo.

El miércoles fui a un dentista para una limpieza bucal. Sufro de dolores en la mandíbula inferior y, por ello, pensé que, con una limpieza las cosas fluirían mejor, como así ha sido. Lo malo es, que, al verme la boca, ha notado que tengo bruxismo, que chirrío los dientes mientras duermo vaya! Mi placa de descanso, que la tengo hace mil años, ha muerto entre mis dientes y debo hacerme otra. Ahora imaginen a una persona con una ansiedad feroz, con su poquito de estrés postraumático, que no soporta que la toquen, en una cita de dentista sola con el señor (el dentista es un hombre orquesta y no tiene ni secretaria) en un cubículo, él intentando crear un ambiente de cordialidad, frente a mis monosílabos y mis ojos entornados de desconfianza. Lo que debía durar unos diez o quince minutos, se extendió a una hora. Como la limpieza. Me anestesió la boca por completo y aún así fui capaz de vomitar de los nervios. Dice mi psicóloga que el bruxismo se debe a rabia no expresada. Salí de allí con mi rabia ocultándose entre los pliegues de mi ropa, abrazada a mí, llorando desconsolada. Soy capaz de hacer un drama cada vez que voy al dentista? Si. Encima, entre tanto pago, mi sueldo ha hecho una salida de mutis y ya casi tengo la cuenta pelada. Soy pobre cual rata, y, para celebrarlo, nos fuimos a un bar a unas pocas calles de casa a comer los tres. Fuimos con mi hija, a la que debemos obligar que salga a visitar el planeta Tierra haciendo deporte en un gimnasio o acompañándonos a estas salidas. Ella no suele intervenir en la conversación, sonríe cada vez más amplio a medida que se va zampando los platos que llegan, hasta llegar a una sonrisa plena  porque ya tiene la barriguita llena. Sin hablar mucho. Eso lo deja para cuando estoy con la tablet, viendo el capítulo de alguna serie, con su hermano durmiendo abrazado a mi y su padre roncando en la otra punta. Entonces ve imprescindible preguntarme qué outfit debe llevar al gimnasio al día siguiente. Yo miro la hora, las 23:30, la hora normal de cosas que preguntarle a mi madre que está a punto de caer en los brazos de Morfeo. Yo intento contestarle sin el ánimo de arrancarle la cabeza que es lo que apetece cuando estás agotada. Pero ella es así y yo debo respetar su tempo.

Hoy, al ver la pregunta de Jet sobre si necesito un descanso, he pensado que, tal vez, unas vacaciones de discutir sobre los derechos de mi hijo, sobre ser madre a tiempo completo, de ser mujer llena de recovecos y de cosas no contadas que pone difícil cualquier intento de proximidad, de confianza, que gruñe desde que ve que estás intentando alcanzar su corazón o su alma,  podría ser lo que me pidiera en ese deseo de descanso. Pero creo que lo tengo difícil. Nadie pone de su parte. Ni siquiera yo, mal rayo me parta!


6 respuestas a “Mi descanso”

  1. Ana, leerte es como sentarse contigo en la cocina a última hora, con el cansancio ya sin filtros y el humor sosteniendo lo que puede.
    Se nota cuánto tiras del carro, cuánto te importa todo y todos, aunque a veces el mundo parezca empeñado en ponerte zancadillas… con profes, dentistas y agendas invisibles.
    Me ha dolido y me ha hecho sonreír a la vez, esa rabia apretada en la mandíbula, que la conozco, créeme, esa paciencia estirada hasta casi romperse, y esa escena tan vuestra en el bar, con la sonrisa de tu hija creciendo plato a plato.
    Quizá no sea un descanso grande lo que toca, sino pequeños respiros robados, como esos momentos de sofá, serie y preguntas imposibles a deshora.
    No estás sola, aunque a veces lo parezca, y aunque gruñas, se nota que tu corazón sigue abierto… incluso cuando dice que no.
    Te mando muchísimo ánimo, preciosa.
    Un besito y feliz noche. 💝🥰🌷

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