La botella de tinto

¿Cuál es tu bebida favorita?

Esta semana he estado sola. Mi compi se fue de vacaciones y, como siempre pasa, cuando eres una unidad ponen, para que no te aburras, muchas demandas acabadas en -ísimas, tres millones de escritos, bien de juicios con explicaciones previas al juez, todo ello mezclado pero no agitado con mis labores de jefa. Esta semana tuve una reunión que el organizador catalogó de confidencial, y yo de monológo con ligeros tocamientos hacia su persona mientras alcanzaba las más altas cotas de placer, que diría uno de esos librillos de la editorial Jazmín que me leía de zagala. Mientras él hablaba, yo miraba el móvil porque mis hijos, solos en casa, me esperaban a comer, y me estaban tupiendo a llamadas por tierra, mar y aire, sorprendidos de mi incomunicación y de mi impuntualidad. Le digo a mi hija que estoy en una reunión y que deje de llamarme. Me dice que es su hermano con el fijo de casa. Suspiro y miro para el monologuista. Pienso: «a ver si cierra ya la boca que para oírle decir que es seguidor del Sevilla FC no estamos aquí!» Ha  debido leer mi pensamiento porque, en el acto, me ha dicho que puedo irme que él sabe de la faena que tengo en casa. Abro la boca para explicarle que nunca me he parapetado detrás de mis hijos para hacer menos curro o salir antes pero luego pienso en las chorradas que está soltando y se me pasa. Me las piro con vientos frescos, indignada porque no ha explicado nada ni ha dejado explicar sobre los problemas que dará la implantación de la nueva oficina.

Después de esta reunión, tras la que tuve que contestar a mi equipo en voz alta que él puso la condición de que no podíamos soltar prenda, mientras los compañeros me miraban con cara de pez agónico porque no saber qué va a suceder y que no te den algo de luz es algo muy chungo, fui a preguntar al resto de funcionarios que quién venía el lunes a trabajar porque, en algunos juzgados, han decidido pillarse vacaciones o una baja, todo sobre la premisa de a mi no me vas a pedir que haga el trabajo de dos. Eso, más la suma de los años que llevan trabajados, más la envidia soterrada, más su hijoputez hacen un total de al menos cinco personas a restar el próximo lunes. Esas, más el que es todo eso y además, no da la cara. Veremos quién más se quita la mascarita. Con compañeros ya trasladados a nuevos destinos. Llevo sola cinco plantas de una torre y ya el lunes, con los traslados debo restar a cuatro personas. Como me quieran putear me veo con el culo como la bandera de Japón. Todo fetén!!

Total, que, el jueves, al salir del curro con el buen rollo que vi en mi equipo, que sé que es provisional porque como meta la pata me van a crujir, salí con la necesidad de abrazar aunque fuese a una farola. Un poco de support. Me voy al gimnasio a saltar como un protón y sigue sin ser suficiente. Vuelvo a casa y, mi aún marido abre una botella de vino, tinto para más señas y un jamón ibérico bien y nos sentamos a la mesa. Me dice que me nota angustiada. Bebo. Le explico que tengo problemas en el trabajo. Me contesta que no quiere oír mis aventuras judiciales. Bebo. El vino es bueno y entra bien pero ya voy un poco tinkiwinki. Estamos hablando de que al día siguiente trabajo, tengo que ponerle el disfraz de spiderman al enano que no se pone otro desde hace 4 años. Eso sí, con su correspondiente visita al bazar chino a cambiar el tamaño del mismo, que él es autista pero yo no soy ciega y veo cuando el disfraz le queda tan ceñido que se marcan lo que vienen siendo sus cositas. Ya me he vuelto una experta. Le descoso el disfraz y le pongo velcro para que pueda orinar sin usar la cremallera de la espalda. Le subo las mangas cosiendo todo sin máquina de coser que mi aún marido ve no necesaria, no como sus tropecientas mierdas que ahogan la habitación del niño. Me acuerdo de que por coser a toda prisa, he llegado al gimnasio y me ha tocado un sitio minúsculo donde saltar. Miro a la botella. Bebo. Le oigo decir que mi familia y sus coñas tienen la culpa de los males de mis hijos. Lo miro. Me río. No tiene ni puta idea de por dónde va la cosa o mejor, no quiere recordar la conversación con el neuropediatra. «O es autista su marido o lo es usted!» Miro la botella. Bebo.

A las 3 de la mañana mi cabeza dice: «holiiiii!!!» Me levanto a la cocina. Bebo agua mientras me cago en todo. Es lo que tiene agarrarse a un tóxico. No sólo no te soluciona nada sino que además te mete en más líos. Bueno! Este ha sido uno pequeño. En peores plazas hemos toreado. Unas en las que me han salido toros enormes, negros, sin ninguna intención de dejarse abatir, solo que yo no he sido capaz de acabar con sus vidas a espada. Yo he preferido que hayan caído agotados en la batalla. Salir victoriosa y seguir mi camino.


3 respuestas a “La botella de tinto”

  1. Ana, te leo y solo puedo decirte que menuda semana… y menuda tú.
    Llevar tanto peso en el trabajo, llegar a casa y seguir resolviendo, cosiendo, organizando, aguantando comentarios que no ayudan… cansa a cualquiera, de verdad.
    Es normal que haya momentos en los que te vengas un poco abajo.
    Pero incluso en medio del lío se nota tu fuerza. Te puedes enfadar, puedes equivocarte, puedes desahogarte… y aun así sigues adelante. Eso dice mucho de ti, de lo valiosa que eres.
    Ojalá encuentres más ratitos que te den calma de verdad, no solo un parche. Y que alguien te cuide un poco también a ti.
    Mira yo no suelo beber alcohol, pero hoy una amiga me recomendó un vino tinto algo afrutado, y hace un ratito ya te había leído esta última entrada; me he abierto mi botellita y me he servido una copita para brindar contigo a tu salud.
    Pasa un poco de todo y de todos, por favor y cuídate.
    Qué descanses. 🥰❤️🌷

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    • Aquí estoy! Cuidándome! Sin acordarme de lo que me espera mañana, de que no hemos acabado la maqueta…no importa! Quedan días! Ahora estoy con el peque, disfrutando de su compañía, que es más curativa que el vino. Un beso! Buenas noches y feliz descanso! ❤️🥰😘

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  2. Lo de los trabajitos manuales del cole, es que no lo puedo entender, Ana.
    Hace unos días mi nieta tuvo que hacer con un gorro, o mejor dicho encima del gorro, una pista de tenis 🤦🏼‍♀️ ¿tú lo ves normal?
    Yo creo que es completamente absurdo, sabes quién se lo hizo al final? Pues eso… Jajaja jajaja me entretuve un montón en lo que ella estudiaba lengua y literatura. 🤦🏼‍♀️😂💝🥰

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