Un fin de maratón

Menuda semana hemos tenido en Avatar! Tras un lunes muy lunes en el curro, mientras rezaba además porque a mi hijo le saliera bien su último examen, cuando ya me deslizaba a buscar la ropa del gimnasio, comenzó a llover de una manera fuerte y constante. Como no podían llevarme ni traerme decidí cancelar la clase y me fui a la cama mirando con un ojo la climatología. Se me olvida que tengo ropa tendida fuera y caigo en coma nada más pegar la cabeza a la almohada. Me despierto el martes con un ruido ensordecedor en la cocina. Corro porque creo que ha reventado el termo. El sonido es de agua cayendo a granel. Llego a la cocina, abro la ventana y, para mi sorpresa, a mis 55 tacos, el agua cae como una cortina en el exterior. Jamás he visto llover así en mi tierra. Miro la ropa en el tendedero y me apuro a recogerla porque va a salir volando. Cuando saco la mitad de mi cuerpo, el viento consigue que me mueva como esos muñecos llenos de aire por dentro y que ponen fuera de algunos negocios. Como veo que la cosa está negra, escribo al tutor de mi hijo avisando que, ante tal temporal de agua, que mi aún marido trabajó de noche, que la escuela no tiene un transporte escolar seguro (apostillando que han dejado a los críos a la improvisación de sus mayores) el niño no acudirá a clases. Soy una visionaria. Ese día, a las 11 avisan a los padres de que vayan a por sus hijos. Se suspenden las clases, para ese día y para el siguiente. Yo tuve que hacer los juicios de un social porque mucha gente quedó atascada en carretera. Paños calientes. Que no se note que esta reforma está fatalmente implantada. Dientes! dientes! que diría la Pantoja.

Los problemas en el trabajo crecen y decido pedir el cese a fecha 31 de marzo. Pero…antes de ponerme a escribir, uno de mis compañeros me pide que me lo piense una semana, y le hago caso. Al día siguiente me dice una compañera que hay Letradas que quieren hablar conmigo de cómo se está gestionando la torre 1. Veo por dónde van las cosas y le contesto que les diga que no se preocupen. Que voy a cesar en el acto, que les vayan dando mucho, y que qué coño se creen ellas opinando haciendo una su trabajo sin remunerar y sin medios. Me despacho a gusto.

El jueves deciden dónde me van a poner. Ahora eres una pieza de ajedrez y puedes ser dama o puedes ser peón. Me toca peón y casi lloro de la emoción. Me asignan un puesto en el que, si me llaman del cole puedo ir sin ningún problema a buscar al niño. Podría jubilarme ahí y es maravilloso. Está hecho a mi medida. Cuando salgo del curro, me entero de que Noelia, por fin, ha conseguido lo que quería que es dejar de sufrir. He seguido su historia desde que, para poder morir, tuvo que pelear con su padre vía tribunales su derecho a decidir. Con esta batalla ya llevan como unos dos años y él ya había conseguido pararlo todo a golpe de medida cautelar. Su padre que, sin saberlo, hace lo mismo que hicieron en su día sus abusadores. Hacerla pasar por cosas que ella no quiere pasar, hacerla vivir cosas a las que ella no ha dado su consentimiento. Me alineo con su historia solo que yo no me lancé desde ningún lado y que a mis padres no les quitaron la custodia de sus hijas. En otra época más moderna yo hubiera sido ella y, tal vez por eso, al ver su carita en la tele, su lazo en el pelo, esos ojos tan tristes, su edad, una edad en la que yo también daba bandazos por ahí, pero estaba decidida a no dejarme llevar por los cánticos de la depresión, esos que te dicen que, tras la muerte llega el descanso. Tras la muerte llega la nada. Es lo que pienso! Al día siguiente voy a pedir un papel al centro Base para renovar la tarjeta de familia numerosa y me dicen que no pueden dármelo porque no está digitalizado. No discuto. Me voy al coche y me pongo a llorar mientras mi aún marido en vez de abrazar me dice que nos renovarán la tarjeta sin ese papel. Lloro aún más. Me pregunta que porqué lloro y le digo que me deje en paz. Entonces hace lo de siempre. Me castiga con el silencio.

Cuando llego a casa siento a mi madre conmigo. Dentro de mi. Insuflando buen rollo. Abro el ordenador, me meto en mi carpeta ciudadana y…tachán!! Era cierto. Nos renuevan la tarjeta sin el papel de marras. Me lo aprueban ese mismo día y me descargo la resolución. Me vengo arriba y voy a mirar las notas del enano. Vivo al límite! Me pongo en la segunda evaluación y veo que ha suspendido plástica y música. Ha aprobado francés. Matemáticas. Geografía. Levanto los brazos y grito un «siiiii!!!» lleno de gratitud y de alegría. Me siento como los corredores de la maratón. Exhausta pero feliz de que todo haya acabado bien. Ahora solo queda esperarlo y darle la enhorabuena con aplausos, abrazos y besos. No quiero que sienta jamás que la vida es tan dolorosa que decida partir y dejar un vacío en corazones ajenos en los que ni siquiera sabía que habitaba. Como Noelia.

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2 respuestas a “Un fin de maratón”

  1. Ana, querida… menuda semana, sí. 🤦🏼‍♀️
    De esas que te zarandean por todos lados y te dejan algo rota. Pero también de las que, después de llorar, de pelear y de atravesar la tormenta y te mojan mucho las ropa tendida, acaban regalando un final muy bueno y tranquilizador.
    Me alegro muchísimo de que, poco a poco, todo se haya ido colocando como debía.
    Lo del trabajo, que es tan importante, ese respiro que te han dado… no sé si queriendo o sin querer, porque algunas veces cambian de puesto a las personas pensando que las castigan y lo que hacen es beneficiarlas inmensamente, no sé si habrá sido ese tu caso; y los aprobados del peque, que valen oro, qué alegría me ha dado, te he imaginado levantando los brazos y gritando ese ¡¡¡¡¡¡Síiiiii!!!!!!
    Y encima lo de la tarjeta arreglado casi por arte de magia, que ya era hora de que algo fluyera sin más.
    Estoy segura que tu madre hace esa magia de insuflarte, de quererte y cuidarte, aunque tú pienses que al morir, te mueres y ya está, yo creo que no.
    Sobre lo de Noelia, bueno… Yo pienso que a esa niña la han abandonado sin más, sin darle el apoyo que necesitó después de su trágica vida, pienso que vivió sin amor de nadie, mucho paripé de su padre, pero como ella decía: si no me viene ni a ver, si no me llama, qué tristeza.
    Esta vida muchas veces es mucho más mierda que las nuestras, por muy mal que a veces nos sintamos, Ana.
    Disfruta mucho de todos esos logros y si has podido lograr leerme del todo, porque me enrollo como las persianas, espero que te llegue mi abrazo con todo mi cariño. 💝🥰🤗🌷

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    • Yo no solo te leo del todo sino que me emocionas con eso que comentas. Lo del trabajo es temporal, o no, depende de lo que se me ofrezca en tramitación. Es un curro para alguien como yo. Físico, tranquilo, sin necesidad de esfuerzos mentales. El trabajo de mi vida. Aunque ellos no lo sepan. Un beso enorme Yvonne! Y un abrazo que recoloque y alinee todas las malas experiencias! 🫂🌹❤️😘

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