El calor y otras coñas

Hace un calor interesante (ejem) aquí donde estoy. Hay aire caliente, venido directo del Sáhara, un aire malo para la salud, porque más que respirar boqueas cual pez fuera del agua, y que los guiris llevan con una naturalidad que no comprendo. No sé si, buscando huir del frío de sus países les da igual caer en un brasero caliente. No importa. Existe la cerveza y las jarras que se venden en esta zona a granel. De hecho, el éxito de los sitios de por aquí está en el tamaño de la jarra y su precio. La comida no les importa mucho porque, para eso, están criados con fish and chips. Eso te convalida el estómago para casi cualquier cosa. Mientras escribo, además, pasan ante mí insectos voladores cada vez más grandes, a punto del desmayo, con el calor pegado a sus alas, solicitando que, por favor, los remate. La pareja de aves del árbol es la única que es feliz, pero claro, ellos están cobijados entre sus ramas y, por ahí, ahora mismo, me gustaría vivir a mi. Donde estoy sentada, hace, a las 9 de la mañana, casi 30 grados. He regado el jardín y he puesto agua en algunos cacharrillos que mi vecina teutona dejó en él para si quiere beber agua alguna tórtola u otro pobre animal.

En cuanto a mi muela, sigue sin estar bien. Ayer me levanté sin dolor pero, por la tarde, sin haber cenado, me fui a la cama con él pegado a mi rostro. Hay que tener paciencia, me digo. Mañana, según como me vea, iré al médico a ver qué me dice. Tenemos uno en donde trabajamos, porque, con los seguros privados queriendo quitarse a los funcionarios de arriba, te dan cita para cuando has muerto o así.

Es increíble como ha sido este fin de semana.  Hoy tienen planeado ir al restaurante a donde siempre iban mi madre y su marido. Hay que ir temprano porque no reservan mesa, no les hace falta. El dueño está podrido de dinero. Su secreto? Poner la carta en los salvamanteles, mesas y sillas de plástico, se sirve y se come en platos de postre y, hasta no hace muchos años, no ponían ni cuchillos, todo con tenedores de postre, una coña que eliminó el tercer marido de mi madre, que, como olía a tío con dinero, a pesar de su pinta de Paco Martínez Soria, y sabía de negocios de restauración un cachito grande, le dio al dueño un par de lecciones de porqué no se debe tratar al cliente como a una oveja. Comer si, pero pastar….Total, que mi familia planeó este finde el miércoles, cuando yo me levanté de la cama vomitando y en proceso de morición. Ellos, si, se asomaban de vez en cuando, me traían frío para ponerme, me decían que cómo podía haberme puesto así tras una extracción, y mientras ellos planeaban ya lo que harían al llegar aquí. Yo trataba de decir que con permiso de mi salud, claro! pero ellos no escuchaban mis ruidos agónicos.

Ir a la playa es otra cosa a la que venimos casi que, aunque llueva. Ayer estuvo nublado, pero así y todo nos fuimos a la orilla do mar con el enano. Mi hija dijo que ella se negaba a pasar frío, que es muy cachondo porque hacíamos esto mismo con ella, y se quedó en casa. Cuando volvimos me dolía del lado izquierdo de mi cara y me fui a mi habitación donde los oí en la terraza planeando el domingo. Cuando me asomé a la terraza del piso superior pude verlos y oírlos, mientras cenaban, usando ese idioma que casi no entiendo. Mi hijo hablando de arañas, su interés último, porque su padre, cuando viene aquí, se dedica a enseñarle cómo cazan, cómo se comportan, les muestra sus crías, mientras ellas hacen tan pichis sus telas de araña en las esquinas de la entrada. Yo ni hablo ni opino. Yo no pertenezco a ese mundo sesudo y lleno de conversaciones que ni entiendo. Para compensar, cuando terminaron de cenar subieron por turnos mis hijos y se acurrucaron junto a mi,  para decirme que me querían y que les pone muy nerviosos verme enferma. Lo entiendo. Ya han vivido una pérdida importante y saben lo que es. Yo les tranquilizo diciendo que no vivimos en la Edad Media y que, de esto, creo que no parto al más allá. Todo ello, claro está, acompañado de abrazos tranquilizadores y besos aliviadores de incertidumbres. Y así me quedé dormida. Llena del amor de los míos. Tanto, que apareció mi abuela en mis sueños. Y entonces ya alcancé el cenit de la felicidad.

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3 respuestas a “El calor y otras coñas”

  1. Ay Ana, pobrecilla, lo tuyo no es calor… es estar metida en un horno con vistas 😄 Ese aire del Sáhara es como abrir la puerta del horno y decir “venga, respira hondo si puedes”. Lo conozco eh, aquí también ha llegado alguna vez y es mortal.
    Y los guiris… ahí tan tranquilitos con sus jarras, yo tampoco lo entiendo, deben venir ya preparados de fábrica.
    Lo de los bichos pidiendo casi que los remates, me has sacado carcajadas, niña 😂 y tú ahí aguantando el tipo como una campeona, entre el calor, la muela dando guerra y la familia organizando excursiones como si nada… de verdad, tienes mérito.
    Eso sí, el final con tus peques subiendo a darte mimos… ahí ya ganas todo. Eso lo compensa todo, vaya.
    Cuídate mucho, en serio. Y que esa muela te deje ya en paz de una vez, que un dolor de muelas es lo peor, pero me encanta que no pierdas el humor.
    Que te mejores, te lo deseo de corazón, mil besitos. 🥰 ❤️🌷

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    • 😄😄😄 lo del horno con vistas me ha hecho mucha gracia. Mil gracias por tu empatía con alguien que vive en un planeta donde ésta parece que se hubiera ido de vacaciones a perpetuidad. Lo de la muela…o las consecuencias de su extracción, bueno, quiero ser optimista y pensar que está en vías de solución, por las buenas, o por narices cumpliendo las rutinas familiares! Feliz domingo! ❤️

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