Estamos en la recta final de exámenes en el cole del chiquillo y todo se ha convertido en un concurso de estos en los que tienes que saltar mucho y agacharte para no caer al barro. Se juntan días de asuntos del colegio con dos semanas repletas de asignaturas a aprobar, con visita Papal, lo cual reduce hasta el infinito esas dos semanas. No habrá colegio porque no se podrá salir de nuestra casa ya que los actos del Jefe del Estado Vaticano, culminarán a dos pasos de donde vivo. Vamos! Que mi pequeño barrio va a reventar con tanta gente.
Esta semana empezamos, permítanme que me incluya porque aquí su madre ha echado el hígado, con matemáticas, francés y geografía e historia. En la víspera de este último, el niño y yo nos dejamos la piel, sin yo entender aún que mi hijo está hecho de un entramado complejo y delicado que, ante el menor sobreesfuerzo cae y no lo hace en forma de cansancio sino de migraña. Esa madrugada primero me desperté yo como presagio de mal augurio. Luego me tocó él el hombro quejándose de un fuerte dolor de cabeza. Salí corriendo a buscar la medicina y, tras un rato de ponerle frío, besarlo en la frente, arrepentirme de haberlo exprimido como un limón, se soltó de mi abrazo y abrazó la taza del retrete para vomitar. Luego limpié el desaguisado, me arrastré a la cama, y volví a abrazarlo como un náufrago a su tabla. Para que ese pequeño me salvara a mí, para transmitirle que todo estaba bien y que le dieran mucho al examen. Al día siguiente informé de la noche toledana al colegio y cuando volvió a casa me dijo que le habían dividido el examen. El lunes lo terminará. Y si suspende no pasará absolutamente nada porque aquí lo único importante es su bienestar y donde ponemos el foco aquí en Avatar.
Luego me fui a un taller creado por el gabinete a donde acudo a terapia que, básicamente, consistía en presentarte unos productos para la piel, veganos, y a los que yo no tenía el placer. Iniciamos el taller con una meditación guiada y nos pedía mi terapeuta que nos reencontráramos con nuestro yo del pasado, un yo «de cualquier edad» nos dijo. Yo salí pitando a abrazar a mi yo de cuatro años, a abrazarla como nadie había hecho hasta entonces, a besarla como tampoco había sido besada, a decirle lo guapa, lo lista, lo tranquila que podía estar porque resultaba que ella era yo y que iba a conseguir un montón de cosas bonitas y buenas. Luego me despedí de ella, me giré, no sin antes decirle que era una persona maravillosa, y abrí los ojos. La chica junto a mí lloraba y no me resultó extraño porque en ese instante caí en la cuenta que jamás se puede volver atrás, y eso, aunque es propio de la vida misma, es un asco.
Salí de allí en flotabilidad, llamé a mi hermana a la que le dí las felicitaciones porque mi sobrina ha sacado unas notas dignas de lo que se curra sus estudios, y después de ponernos un poco al día de lo divino y de lo humano, entré a comprar tres paquetes de café molido, no de fábrica, no, molido delante de tus barbas, por el que pagas un precio razonable por un producto que te entregan en unos envases maravillosos y me fui a mi casa sintiéndome merecedora de ese capricho. Entonces recordé que mi hermana y yo hablamos de un taller que iba a dar una figura top del panorama de la psiquiatría, y ella, cuando me dijo el precio, me oyó decir que qué caro. Si tenemos en cuenta que pagó más por ver a un grupo coreano que le encanta a su hija, pagar ese dinero porque ella considera que se lo merece y que es bueno para su bienesta el qué caro debí sustituirlo por un «cómpralo que te lo mereces!»Nada es caro si te da gustito, si te da felicidad, si consideras que te lo ganaste y ya te digo yo que aguantar a compañeros (algunos) y jefes por un sueldo te hace merecedora de todo lo bueno. Con moderación, claro está, porque el sueldo es finito, pero creo que se me pilla lo que quiero decir.
Al llegar a casa abracé a mis hijos, me disculpé porque con la vorágine de la semana me equivoqué en la hora de su terapia, y me preparé mi cena. Al levantar la vista, vi a mi aún marido mirándome con cara de que algo dentro de él se estaba resquebrajando a pesar de su pose de tío duro y borde que lleva enseñando hace meses. Alcé mis cejas, le pregunté que si se le ofrecía algo, ante su negativa hice una broma, y me tomé la cena sin volver a acordarme de su persona. No quería recordar que ante actitudes de mierda de otros, tu autoestima se va a tomar vientos y yo la necesitaba cerquita de mi. Disfrutar del yo me lo merezco todo porque sí, porque soy válida, porque he conseguido un montón de cosas y aunque no fuese así, aunque fuese una ameba, seguiría mereciendo todo lo bueno.
Le dije al peque que se duchara, que estaba muy cansada y que me iba a la cama. Cuando me deslizaba al mundo de los sueños llegó él y se abrazó a mi. Yo lo acogí como a una de mis personas favoritas y no como una tabla de salvar nada. Y, abrazados los dos nos fuimos juntos a Nunca Jamás.
3 respuestas a “Soy merecedora de todo lo bueno”
Mucho ánimo y suerte con esos exámenes, aunque tienes razón en que lo primero es lo primero y los resultados académicos, en cualquier caso, siempre van detrás del bienestar. Fuerza para tu chiquillo —y para ti— en esa recta final y ánimo con lo del Papa, que menudo lío la visita vaticana…
Por lo demás me quedo con esa frase tuyo de que me merezco todo lo bueno y creo que la convertiré en mantra. Sin saberlo, hoy necesitaba leer algo así… Gracias por escribirlo ☺️
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Mil gracias a ti por pasarte. Y muchísima fuerza para esta etapa dura por la que transitas. Sé que suena a topicazo pero, cuando te leo, siempre regreso al mantra de esta entrada por si algún día, mi cuerpo dice esto ya no lo puedes disfrutar más o debes hacerlo de forma distinta. Un abrazo enorme! 🫂
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Querida Ana, me encanta ver cómo te desvives por el bienestar de tus hijos.
En cada palabra se nota el amor tan grande que les tienes y lo mucho que te implicas en todo lo que les pasa.
Seguro que no siempre es fácil toda tu lucha, pero qué bonito es leerte y ver que, por encima de todo, lo importante para ti es que estén bien.
Qué bueno es que hagas esas terapias para tu niña interior, eso beneficia mucho, lo sé por experiencia, no dejes de hacer cosas para ti, así como nos cuentas.
Te mando un abrazo grande con todo mi cariño. ❤️😘🌷
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