Hemos tenido una semana muy tranquila aquí en la casa del sur. Excluyendo el que salieron las plazas que iban a ofrecerme para tramitación, que echó mi sindicato para atrás porque no estaban todas las que eran, no ha habido ningún sobresalto más. Sobresalto porque ver las plazas y deprimirme fue todo una porque todas eran de penal y mi alma, al leerlo, hizo la maleta y abandonó mi cuerpo. No me importa currar, pero ese orden jurisdiccional, no siendo la ejecución de las sentencias que es muy parecido a civil excepto en las penas de prisión. Vamos, que tienes que hilar fino por si dejas a alguien de más entre rejas y yo no sé si no me equivocaré dos millones de veces! En prisión me van a amar!
Establecí una rutina férrea de compra por las mañanas, cocinar a buena hora, siesta, esto último solo para mi porque mis hijos casi nunca, y sobre las cinco y pico, playa. Veinte minutos ida y otros tantos de vuelta que hago cuando el sol comienza a desaparecer detrás de la montaña, para que todos entendamos que el día va diciendo adiós. Eso ocurre sobre las 7 y media de la tarde porque la playa a la que vamos es la desembocadura de un barranco bien profundo y las montañas de su alrededor bien grandes. Llegamos a casa, duchas, cenas, dejo el lavavajillas funcionando y nos vamos a dormir.
Si quiero romper con la rutina lo digo un par de días antes, como por ejemplo, anoche cenamos en un sitio que está frente a mi casa. Pues eso lo advierto desde el jueves, eso, y que luego daremos un paseo, que se convirtió en una carrera porque mi hija tenía fichado un bolso mientras bajaba a la playa, y allí que fuimos a dar. El bolso, por supuesto, lo pagué yo a pesar de saber que su abuela le regaló mucha pasta en sus 21 cumpleaños. Yo hago como si no lo supiera.
A todo lo que he contado, le tenemos que añadir que mi hijo a la playa llega bailando como Michael Jackson y, cuando lo vigilo en el agua puedo oír sus jíjis imitando al rey del pop. Aún así, a pesar de que es un friki de trece años, de que lleva su bañador con un pequeño agujero porque no encuentro el modo en que lo suelte, a pesar de que, aún bailando procura evitar a la gente, ayer un grupo de chicos de más edad todos, lo invitaron a jugar a la pelota en el agua con ellos a lo que él dijo que no. Luego me lo contó como si no pudiera entender que esos chicos, viendo que es extraterrestre, lo invitaran a nada. «Eso lo llamo yo inclusión» pensé porque esos chicos llevan acudiendo a la playa toda la semana y ya han visto lo que hay, así que no se llevan a engaño.
He descubierto también cual es el foco de atención de mi hija ahora y es el de maquillarse los ojos aunque luego vaya a la playa. Ha ido incluso con unos brillos circulares pegados al párpado que yo miraba perpleja y que luego le puso a su hermano. Le dije que yo a tope con sus cosas, pero a la playa, con decoraciones que pueden contaminar el agua en la piel de su hermano va a ser que no. Estuvo de acuerdo y se lo quitó. Mientras ella iba tan ricamente con sus adornos, yo observaba la reacción de su cuerpo moldeado a golpe de gimnasio. Primero una señora extranjera con pinta de tener mucho dinero con un bolso que le hubiese yo robado con gusto, luego, a pesar de que iba yo escuchando un audiolibro, un silbido de admiración al entrar en la playa. Ella no escucha. Yo, me hago la muerta. Las chavalas la observan al entrar o salir del agua, algunas, las que son de corta edad pero bien de haber vivido, con envidia un tanto sibilina, porque no pueden con ese cuerpo tan bonito y esa cara llena de inocencia, la mayoría pensando que qué puede ocurrirle para que, a su edad, vaya con su madre y su hermano en vez de con un grupo de amigos que es lo normal a su edad. Yo me hago la muerta. Cuando volvemos a casa los camareros y los comerciales te atacan para que entres a cenar a sus locales, a pesar de que mi hijo va de tierra hasta las cejas, porque el ayuntamiento, a causa de algunos que duchan a sus hijos con el agua para lavarse los pies, corta el suministro y lo pone en periodos cortísimos, y bailando como Jackson. Algunos me invitan en inglés, que me creen guiri, mientras yo les respondo en un acento canario tan rápido y profundo que casi no pillan lo que les respondo. La mayoría de ellos son extranjeros.
Al final del camino de vuelta nos encontramos con una inglesa que sabe que yo no soy de su país ni de coña porque ya me ofreció en inglés y yo negué en canario profundo. Cuando le contestaba, siempre me deseaba buena tarde y yo a ella. Me gusta la gente así. Por eso decidí que anoche cenaríamos en su local, a pesar de no contar con un ambiente tan glamouroso como en otros locales. Salimos rodando por la abundancia de sus platos a dar un paseo y, tras adquirir dos bolsos, uno que me recordaba al de la inglesa de pasta y otro para mi hija, mi hijo señaló al cielo porque creía que un chico africano estaba lanzando petardos que no hacían ruido. En realidad son como una especie de yoyó que se iluminan al elevarse. Nos quedamos quietos, contemplando lo que para mi hijo era una maravilla, en silencio. Cuando hablé le dije que le iba a cambiar de bañador y que había que comprarle ropa, siempre aprovecho estos momentos de relax para dejar caer algo que provocará un cambio. Él me miró en silencio. Se estaba haciendo el muerto muy bien. Imitando a su madre!
Hoy vendrá su padre a buscarnos y ya le hemos colgado el cenar fuera antes de irnos. Han sido unas maravillosas mini vacaciones que repetiremos algo más alargadas en el tiempo ahora en julio. Yo ahora voy a regar el jardín. Para que me recuerde hasta la vuelta!
6 respuestas a “Las mini vacaciones”
Leerte me ha trasladado, por un ratito, a tu isla y tu rutina, que es posible que sea lo más parecido a unas vacaciones que tenga este año. Gracias por compartirlo y hacerlo tan bonito ❤️
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Muchísimas gracias a ti por leerlo! Espero que esas vacaciones tuyas se extiendan más allá de las letras. Un abrazo y un beso enorme! ❤️
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Querida Ana, te he imaginando haciendo todo eso en esa preciosa isla de tierra oscura y magnética.
He de decir que tal y como lo cuentas, ¡me encanta!
A la niña la imagino como una modelo exótica, que va dejando esguinces de cuello en todos los que la miran, jejeje, ¡qué guay!
Veo a un rubio alto y simpático por la playa, haciendo lo que le sale del mismísimo, sin importarle el resto del mundo, ¿pero sabes? mejor, la gente nos condiciona y a él, según describes como baila a su rollo, todo lo que puedan pensar le da lo mismo y eso es bueno, al menos así lo veo yo.
Espero que hayáis cargado las pilas en ese jardín con los pajaritos cantando para ti y tus niños.
Julio está a la vuelta de la esquina y seguiréis disfrutando mucho.
Un abrazo, preciosa. 🥰❤️🌷
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Muchísimas gracias por leerme y por dejar siempre esos comentarios tan bonitos, sobre todo cuando imaginas a mi familia con ese grado de sensibilidad. Un besote! 🫂❤️😘
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Qué gusto da leerte cuando conviertes la rutina en una historia llena de vida. Me he reído con lo de tu alma haciendo la maleta al ver las plazas de penal y con tu hijo bailando como Michael Jackson hasta en la playa. Pero, sobre todo, me ha encantado ese momento en el que cuentas que unos chicos lo invitaron a jugar. Como bien dices, eso sí es inclusión de la buena, la que nace con total naturalidad.
Y qué bonito el retrato de estos días: la playa al atardecer, las pequeñas tradiciones familiares, la inglesa amable, los bolsos, las ocurrencias de tus hijos… Son de esas vacaciones sencillas que, al final, son las que más se recuerdan. Ojalá las de julio sean todavía mejores. ¡Disfruta mucho de lo que queda y que el jardín no se ofenda por tu ausencia!
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Qué gusto me ha dado y ver este comentario tan bonito! Las vacaciones de julio han sido maravillosas. Mi hijo ha disfrutado del Jackson que tiene en el cuerpo y mi hija y yo lo hemos acompañado felices. Muchas gracias por leerme! Feliz día! ❤️
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