El último día…por ahora

Hoy nos volvemos a casa. Mi aún marido vendrá a buscarnos y comeremos en algún sitio antes de tirar para casa. Ahora no volveremos en quince días, así que toca, por ejemplo, regar el jardín, recoger la ropa de baño, limpiar el lavavajillas, hacer camas, apagar termo…así hasta la hora misma de partir.

Cuando esté regando en el jardín me despediré de la pareja de canarios, que viven en la congoja de saber que necesito podar las ramas de su árbol que ya alcanza hasta el ventanal del salón. Demasiado peligroso teniendo en cuenta que aquí, cuando hay tormentas, la lluvia y el viento hacen mil destrozos a lo largo y ancho de este cachito de tierra. Así que toca comprar podadora y acabar con un problema que se está volviendo secuoya.

Ayer fui con el niño hasta la playa, por esto de sacarlo de la rutina diaria y porque, por sólo verlo disfrutar en el agua vale todo la pena. Llegamos tarde, miramos a ver si había un espacio minúsculo donde ponernos, observamos que la marea estaba bajando para no mover luego las cosas de sitio, y, antes incluso de poder decirle que si se esperaba a que me remojara un poco el cuerpo para no morir asada, salió como un galgo hacia el mar.

Mientras el sol me iba haciendo vuelta y vuelta, un grupo de amigos formado por tres familias se apoltronaron entre unos señores con los que podía cogerme de la mano de tan cerca que estaban. Habían salido huyendo del agua que aún alcanzaba con fuerza las pertenencias de quienes, ante lo minúsculo de la playa, se sientan demasiado próximos al mar. Pidieron disculpas, a los señores, que no a mi, «qué te crees tú, guiri» debieron pensar, porque mi gorro, mis gafas, mi pelo claro, engaña a algunos. Total, que, sentarse y hablar junto a mi de lo divino y lo humano fue todo uno. Hubiera metido baza si no pensaran que era extranjera, y yo debía mantener el tipo hasta que salió mi hijo del agua. Entonces me pidió papas y el camuflaje se fue al agua conmigo. Mientras me remojaba, veo al enano con el paquete de papas, de rodillas, comiendo sí, pero esperando, alerta, como un suricato. Dí un suspiro y salí a la estrechez del cubículo donde estaba. Le digo al peque que si nos vamos, que estoy hasta la chirla de aguantar balones, hijos de otros, conversaciones de patio de vecinos…hasta que miro su cara y veo que no me entiende. Hemos dejado de hablar el mismo idioma. Suspiro y me callo. Suspiro y lo beso. Suspiro y le digo que lo quiero. Se pone de pie de un salto y vuelve al agua. En ella él crea una burbuja, como una bola navideña, en la que nadie entra, donde no le alcanza ningún balón ni pelota de los artistas de las palas, ni ninguna salpicadura de quien se sube a los hombros de alguien para luego saltar al mar. Él gira, nada, se aleja, se acerca, se deja mecer por el mar que lo deja varado como una foquita a la orilla. De vez en cuando me mira sin verme, con esos ojos grandes y su sonrisa perenne. Él está allí, en algún sitio mental a donde lo lleva el mecer de las olas. Hay una canción de Luz Casal que dice: «pero yo te esperaré, en la orilla, aunque tú no volverás jamás…» Y eso es justo lo que siento cuando estoy con él en la playa, que no puede evitar marcharse a algún lugar donde nadie puede alcanzarlo. Ni siquiera yo misma. Mientras lo miro rezo para que la sal del mar le dure los quince días que estaremos sin venir ahora. Me gustaría preguntarle si eso será así, pero sé que no está conmigo. Se ha ido lejos, a un mundo que lo mece y le hace cosquillas.

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4 respuestas a “El último día…por ahora”

  1. Mi querida Ana, estoy molesta y me siento apretujada desde aquí al leerte, ahí entre tantas personas maleducadas en la playa, que seguro levantan la arena y os la echan a los demás al moverse, es que eso no lo soporto, me da mucha grima, tal vez porque estoy acostumbrada a la playa de piedras donde yo suelo ir y allí la arena solo está bajo el mar.
    Qué pena que se os acaben esas mini vacaciones, pero algo es algo…
    En Madrid tenemos fuego, es horrible, yo vivo bajo el aparato de aire acondicionado y cada vez que tengo que sacar al perrito me da de todo🤦🏼‍♀️
    Ahora mi marido se ha ido con mi hija y los niños a la playa y yo me suelo quedar en casa con mi hijo, el perro, las plantas, voy a ver el gato de mi hija y por supuesto atiendo la casa rural, como verás no me faltan quehaceres, pero lo prefiero antes de ir a Villajoyosa, pues el piso es pequeño y estar allí todos me agobia mucho y lógicamente a los niños les gusta ir a la playa del pueblo que está más retirada pero es de arena y como te dije me da de todo allí pringandome, aunque afortunadamente los demás bañistas no te invaden las toallas 😂🤷🏼‍♀️
    Bueno, hoy te estoy contando yo mi vida, pero me gusta saber de ti y que tú sepas de mí, me encantaría conocerte, aunque por lo que vas dejando te imagino rubia, cual guiri, a lo tuyo y mirando a los maleducados de las playas con cara de «qué os den a todos» jejeje jejeje; y por supuesto me gustaría mucho tener conversaciones contigo, creo que tienes que ser una persona muy interesante y muy enriquecedora.
    Espero que estos días que os vais a casa se pasen rápido y podáis volver a ese paraíso, donde esa pareja de canarios, el banco de tu jardín y tus plantas os esperan para haceros la vida más dulce y bonita.
    Muchos besitos. 😘💗🌷

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    • Muchísimas gracias Yvonne! Yo, solo de pensar en el calor seco de la Piel de Toro me dan los siete males. Yo te he visto en fotos y te sé una mujer trabajadora llena de poesía. Muchas gracias por tus piropos, siempre tan lindos y que dejan a este blog con una pinta más pinturera. A mi también me encantaría conocerte. Te noto llena de sabiduría y eso me gusta. Un besote y feliz domingo! ❤️😘🫂💗

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  2. Lo peor de las vacaciones es cuando se terminan. Yo, recién aterrizada en el camping, y terminando de organizar todo, esta mañana me ha venido a la mente lo a gusto que montamos y lo que cuesta el desmontar. Aún ueda mucho por disfrutar pero sé que pasa muy rápido.
    Een cuanto te descuides Ana han pasado esos quince días para volver y tanto tú como tu peque disfrutar de esa playa aunque sea con algunos que no conocen el respeto.

    No he podido evitar esa conversación entre Yvonne y tú, que os quede claro que si algún día coincidís yo me apunto eh!! A ella ya la conozco y es una bellísima persona, una muy buena amiga de sus amigos, y tú «pintas» parecida.
    Un besote y a por esos quince días que pasarán rápido.

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