Mi sueño cumplido

¿Cuál es tu sueño más grande?

Hoy es mi santo, lo fue de mi madre y lo es de mi hija. Tengo en mi perfil de WhatsApp mi primer nombre porque poner ambos siempre me pareció un poquito demasiado y, total, la gente en general me conoce por éste y no por Sandra así que, sin problemas. Pues bien, llevo, desde que me levanté, recibiendo felicitaciones para mi hija, a pesar, como digo, de mi nombre de perfil, que digo yo que si me hubiera puesto, como alguna, Paloma que Vuela Sobre el Mar, entendería la confusión, pero, de esta manera, comprendo las pocas ganas de leer que tienen algunas personas y me entra algo de depresión.

Al grano. Mi sueño más grande se ha cumplido ya en parte. Recuerdo cuando invitamos a nuestra hija por sus notas de la Ebau a un sitio muy elegante, de esos que, además, tiene unos ventanales que asoman a un paisaje precioso, todo ello con la idea de amortiguar el golpe de explicarle que no podíamos pagarle la carrera. Mi hija creyó que bromeábamos, y, cuando cayó en que no, salió a llorar al baño. Yo le explicaba los pagos que debíamos hacer y que eran del todo inviables. Si su hermano no se convertía en una espora no había manera de hacer frente a pagos con su certificado de discapacidad caducado. Ni con él! Su padre rápidamente pasó a explicar el plan B, opositar y que, al conseguir la plaza, estudiara lo que quisiera. Le dijo que no había prisas y yo, por apuntalar el que se viera años y años con lo mismo, le dije que se diera dos para aprobarlas, le recomendé preparador, le dí todo mi amor y mi apoyo, y con esos dos bastones hechos de palillos de dientes, salió a buscarse sus lentejas. Yo iba junto a ella, explicándole que se preparaba para el año siguiente, que no se atragantara con lo que había que estudiar, que confiara en sus capacidades y en su profesor. Yo estudiaba para el cuerpo de Gestión y así, además, daba ejemplo. Acababa de aprobar promoción interna. Ella me miraba de soslayo, como cuando de peque quería algo y yo ponía todo el contenido del armario de la cocina en fila para que cogiera lo que demonios quisiera. Nunca tuve éxito con eso y ella me miraba entre un «te odio por no entenderme» y un «gracias por intentarlo».

Cuando salimos del examen ella ya venía con la energía baja de mis compañeras. Me dijo que le había salido fatal y yo me sentí morir. «No puede ser» me dije. «Toda esta mierda de dejar a su hermano con alguien para estar las dos aquí tiene que ser para algo bueno!».

Preparé la comida y caí en estado comatoso, pero, al levantarme de la siesta atisbé un panorama distinto. Sabía que su autoestima no le permitía ver el valor de lo que ella es, que es muchísimo, y le dije que esperara a corregirse el examen. Cuando eso ocurrió, supe que podía haber pasado el corte. Todavía quedaba el supuesto. Me pasan las respuestas y me voy a corregirlo justo antes de la terapia de su hermano. Luego, pedirle a la terapeuta que me calcule el resultado y los gritos de alegría de ambas y los abrazos.

Sale la lista de aprobados y su profesor, que debe tener algún amigo en el Ministerio, le envía un correo. Como sabe que es autista porque se lo he dicho yo con el ánimo de que entienda que ella se va a SU hora porque toca guagua y cena, además de quitarse todas las interacciones sociales de su aura para no caer en meltdown, me manda el mismo correo a mi. No debe cambiar ni el «Buenos días doña Ana». Comienzo su lectura y cuando llego a la parte que dice que está en la lista de aprobados corro a su encuentro, resbalón mediante al coger una curva, la encuentro, la abrazo, lloro como el día aquel en que al pronunciar su nombre me contestó «qué?». Ella está igual de estupefacta. No entiende mi alegría, es incapaz de asumir su logro, no sabe la medida de lo conseguido. Y allí me quedé, abrazada a ella como un abrazafarolas cualquiera, borracha de orgullo y de amor aunque no a partes iguales. Recordaba todo lo luchado, el enseñarla a hablar, señalar, subir y bajar peldaños, el pañal, quitarle el biberón, los millones de pictogramas, las enfermedades y las incógnitas de no saber qué le pasa…hasta llegar ahí, a ese momento mágico en el que sabes que todo valió la pena.

Luego ví acercarse a su hermano por la derecha que, tímidamente me preguntó si estaba orgullosa de su hermana. «Estoy orgullosa de los dos» le dije. Y es verdad! Lo miré a los ojos y quise ver cuál sería su camino pero aún no había nada claro. No importa! Lo realmente importante es que estamos en ello. Con toda la energía y todo el amor del mundo!


9 respuestas a “Mi sueño cumplido”

  1. Tres Anas y las tres maravillosas.
    Qué bonito regalo te haces, las haces, nos haces… recordando ese maravilloso logro de tu hija, ese aprobado que le permitirá elegir más caminos para su vida, ese aprobado que imagino lo consideráis un trampolín que le hará saltar a donde ella quiera.
    De nuevo, felicidades Ana!!!!!💝💐🌷

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