Repaso a agosto

Este mes me ha gustado mucho a pesar de que ya solo me queda un día de estar en lo que el martes se llamará «mi antiguo trabajo». Y digo a pesar porque, siendo yo una ansiosa, lo normal sería que estuviera pensando mil escenarios catastróficos pero no es así. También es cierto que llevo toda la semana yendo a donde voy a estar trabajando para ver qué hay que hacer por si al compañero que está solo en estos momentos, le diera por ponerse enfermo cuando yo tome posesión, que es algo que no digo a las malas, pero la gente enferma y su realidad es que está solo con todo el curro. No me gusta entrar de nuevas, ver el cuadro, y esperar que me explique en un mes como septiembre donde ya los letrados afilan sus escritos, sus demandas, sus dudas…para aparecer por allí cargados de papeles de clientes en algunos casos ingratos. En general, nunca me he encontrado ninguno que no sude la camiseta. Supongo que el ser autónomo lleva ese plus de esfuerzo. Demuestro con mis visitas ser una ansiosa? Si. Pero una ansiosa disciplinada.

Para variar, este año he decidido venir a la casa del sur aunque sea en guagua, que nos lleva, agárrense que vienen curvas, dos horas y media de viaje. Podríamos coger la directa que llega en una hora, es cierto, pero al chófer le ha dado por dejarnos tirados en la parada dos viernes consecutivos. No importa. Aquí llegamos y nos bajan las pulsaciones, el estrés, el cortisol. Subimos a la casa, a la que hoy me voy a dedicar a limpiar, colocamos, abrimos ventanas y salimos a comprar a un súper que tenemos al bajar un tramo de escaleras. Subimos, cena, duchas y a dormir más a gusto que en casa, tal vez porque la nuestra necesita un poco de limpieza de mala vibra.

Ya nos contactó la terapeuta, que, a demás, nos ha puesto días y horas chulas para no andar corriendo toda la maldita tarde, tengo los libros y el uniforme comprados, porque el enano ha pegado un estirón que ha conseguido que solo entre en una 16, así que solo me faltan sus playeras que pillaré el lunes si tengo suerte. Si no, aún me queda un fin de semana de ventaja. Él afronta sin mucha alegría el estar en 2° de la ESO pero este año, al traerlo aquí, he conseguido que en estas fechas él y yo no nos estemos subiendo por las paredes. Él porque está bastante regulado y yo, porque al conseguir eso duermo muy a pata suelta. Solo me queda conseguir que acabe unos ejercicios que le mandaron de francés para recuperar la asignatura y ya estaría el círculo completo.

La única sombra es que volvemos a no tener noticias de nuestra tía. Ha dejado de coger el móvil y ahora estamos viviendo un poco el asumir que alguien tan enfermo como ella no puede dar siempre el do de pecho y hacer como que nada le pasa. Es cierto que los que la queremos vivimos en un ay, pero es lo que toca ante enfermedades tan graves como la suya. Yo tuve una conexión muy especial con ella, pero hace tiempo, sobre todo a raíz de su último resbalón al abismo, que no consigo «sentirla». No sé si me explico pero, cuando uno quiere mucho a otra persona, a veces, sin verla sabe si está bien o mal y ahora eso no me pasa. Sé que no debo poner ninguna expectativa en ella, porque hace tiempo que ella voló a un mundo imaginario que la hace feliz y yo, aunque me duela mucho, no puedo ir tras ella porque yo debo estar donde se me necesita. Yo debo estar en Avatar!

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