Si pudieras revivir un año de tu vida, ¿cuál elegirías?
Hubo un año de mi vida en que tuve a toda la familia veraneando toda junta en unos apartamentos al sur de la isla. Yo debía tener unos 18 años ya, mi hermano era un bebé, y, justo después de pasar esas vacaciones, caí en una profunda depresión. Si volviera a pasar por aquellas vacaciones lo haría con mi actitud de hoy, esto es, soy buena pero no tonta, no pienso quedarme con tu hijo porque si tú has venido a divertirte yo también, y creo que, con eso y con un mucho de decirle a mi abuela que la quería muchísimo ya estaría.
Sería más abrazadora, emplearía las palabras «te quiero» en todas sus acepciones, disfrutaría viendo a mis tíos con salud y, en definitiva, aprovecharía cada minuto de aquellas vacaciones.
También modificaría mi actitud con mis hermanos. Estaría con ellos todo el rato, aprovechando que ambos eran menores, y no me pegaría a adolescentes brujas que, para conseguir que yo me despegara de ella (no tenía ni idea de que no le caía bien) se inventó un insulto que yo no lo le di, y su madre, que ya ha fallecido, me fue buscando por todo el complejo a gritos para darme de golpes. Si viajara en el tiempo eso no sucedería porque no saldría con su hija ni a la piscina. Y, a lo mejor, no le diría ESE insulto pero sí otro que le fuese mejor a su pelaje dañino. Comadreja podría ser uno!
Mi hermano era un crío que se despertaba mucho mucho de noche. Si pudiera viajar en el tiempo, haría lo que luego hice con mis hijos, ponerlo en mi cama, vigilar su sueño, acariciarlo y decirle en voz bajita que las cosas van a torcerse en cuanto a salud se refiere pero que, de adulto, se sacará esa espina yéndose de viaje a sitios remotos, que, a pesar de sus achaques infantiles, luego hará en el cole buenos amigos, que tendrá buenas parejas, que, en definitiva, valdrá la pena esas penurias. Le relataría sus viajes en forma de cuentos y así, seguramente, dormiría la mar de tranquilo.
Me iría con mi hermana a todos sitios, y visitaríamos todos los locales aledaños a los apartamentos juntas a pesar de mis 18 y de sus trece y le iría contando todas las cosas bonitas que le pasarían después, como su boda, que fue la monda, y su niña, nacida el mismo año que mi enano para que no perdamos de vista que hay un hilo invisible que nos une. Uno que es fuerte, como el de una tela de araña. Ella también ha viajado mucho y lo ha hecho a países que no visitaré en mi vida (como los de mi hermano) pero es que lo mío es más de vivir en planetas distintos y eso, lo diga quien lo diga, supera a todos los viajes del mundo.
Luego me acercaría a mi abuela y le pediría de rodillas todas sus recetas maravillosas. Yo, desgraciadamente, no tomé notas porque estaba centrada en huir, escapar, tirar para adelante. Ojalá ser la yo de ahora en un cuerpo de 18 que yo escondía con vergüenza. Tener esta actitud vital a esa edad hubiera hecho de mí una mujer dinamita pero, por desgracia, la ley no me daba la razón. Yo era una exagerada, una dramática, una «porqué siempre llevas esa cara…» Hoy día lo explicaría pero, por aquel entonces hacerlo hacía que cayeras al pozo de la desgracia masoquista, y si algo no fui nunca es eso. Yo solo quería vivir y crear una vida que fuera buena para mí y lo conseguí, vaya que sí! Conociendo a mis hijos terminé de ver las cosas en una perspectiva que te da el ver cómo tratan a tus hijos como a ciudadanos de segunda mientras tú peleas y peleas por cada uno de sus logros. Pero, ahora, después de mil batallas pasadas, presentes y futuras, son ellos los que me susurran en sueños diciendo que todo va a ir bien. Y yo siempre que puedo me escapo con ellos a Avatar, ese planeta maravilloso que abarca todas las paredes de mi casa. En este tiempo, con estos años, escribiendo estas letras…
6 respuestas a “Aquel verano del 88”
Los dieci… y tantos son unos años maravillosos , me saque la competencia de marinero con 15 y que años…
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Has tenido una vida llena de experiencias!! ❤️🥰
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👍😊😊😊😊
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cambiar el pasado un sueño, me recuerda a la película – y Peggy Su se caso — que vuelve al pasado y también quiere modificar su destino… – si fuera posible me apuntaba-
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Querida Ana, qué maravilla leerte así…
Me has emocionado, como tantas veces. Noto todo el cariño, la ilusión y la sensibilidad que pones en cada cosa que nos cuentas.
Y me he reído muchísimo con lo de la comadreja 😂, qué momentazo.
Qué bonito todo lo que compartes y qué bien lo cuentas, me da gusto leerte. Te mando un beso enorme y un abrazo de esos que aprietan el alma. ❤️🥰
PD. Perdón por no haber estado aquí la semana pasada, te leí, pero no tenía fuerzas para nada, mi cabeza aún está muy chunga y no paro de pensar en todo el dolor de lo que hemos vivido aquí.
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Muchísimas gracias Yvonne!! Si algo he aprendido en esta vida es que todos necesitamos espacio y tiempo para sanar nuestras heridas. Te agradezco que pases y me leas, aunque no es obligatorio. Date tiempo! Muchísima fuerza y un abrazo enorme para tu familia y para tí! ❤️
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