Puedo caminar y caer sobre un manto de arenas movedizas y podrán detener mi marcha y hacerme desvariar, pero mientras me aferro a la rama seca que tenga cerca y esta me mantenga con vida lucharé hasta el final de la contienda entre la arena y mi cuerpo, entre mi cuerpo y mi alma, pues sé que si lo hago saldré de ello reforzada, brillante, vencedora, pero si la rama se rompe, si me dejo llevar por esta pena que me consume y me duele, no podré seguir siendo tabla de salvación de otros, no podré seguir siendo referente, y por ahí vida mía, por ahí no voy a pasar. Jamás!
Lucharía
Categoría: familia
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Cuando yo era muy pequeña, tanto que mis ojos sobrepasaban un poco la mesa que había en el salón de la casa de mi abuela, me dedicaba a vivir un día tras otro, en un silencio casi absoluto. Vivía con un montón de gente, en un piso amplio, no como lo que tengo actualmente en propiedad que es una caseta de perro, no, en aquel sitio podían dormir, y de hecho dormían, siete personas. Luego ya si eso hablamos de intimidad, de sitio en el armario y bla bla, pero la realidad es que la vivienda en sí era el camarote de los Hermanos Marx.
Y allí estaba yo, procurando no destacar, no llamar la atención en ningún sentido porque, si te movías, salías perjudicada.
Solía escuchar música, leer en algún rincón donde no fuera visible, y hacer deberes. No salía a la calle a jugar porque con 9 años me vino el periodo y, de repente, el espejo me devolvía la imagen de una chica de unos dieciséis años, con un cerebro infantil. Y yo era muy tímida y no soportaba algunas preguntas que ahora contestaría con un exabrupto por la impertinencia del de enfrente.
Pero antes de esa transformación, un día que me aburría como una mona, me acerqué a ver qué hacía una de mis tías en la mesa. Ella estaba súper concentrada porque estaba haciendo deberes de dibujo. Ella iba al instituto por aquel entonces. Cuando me asomé, su creación consistía en la cabeza de un caballo y yo quedé maravillada porque al animal solo le faltaba relinchar. Me puse a preguntarle sobre cómo podía dibujar tan bien, y ella, al principio, me contestaba cortante. Luego debí decir algo ingenioso que le gustó y comenzó a reír. Para que entendiera que yo no era una niña (ella tiene seis años más que yo y quería reducir las distancias) le hablé de un libro que había leído. Me dijo que cómo podía ser capaz de memorizar tantos datos, me eché a reír y saqué el libro de la estantería. Ahí comenzó lo que luego se convertiría en un cariño inmenso, sazonado siempre con el hecho de que ella hacía a veces cosas no muy lógicas, en una familia donde esa palabra, la verdad, no tenía cabida.
Muchos años después, con dos hijos y un marido que se portó con ella como un cerdo absoluto, que además, la dejó por otra y me dijo A MI que porqué no me quedaba con su hijo pequeño que él tenía mucho estrés para criarlo solo, sufrió mi tía una crisis mental que derivó en un diagnóstico demoledor y muchos meses de ingreso en un psiquiátrico extranjero, donde nadie hablaba su idioma, pasando un invierno muy duro, sin ropa, porque su ex puso sus pertenencias en el garaje y ella tenía solo ropa de verano porque venía de vuelta de unas vacaciones a su tierra, y con unos hijos tan pequeños que no podían ir solos a visitarla.
Luego ha ido capeando la enfermedad, cumpliendo con el tratamiento y ha salido adelante. Hasta este mes. No sé si es que considera que lo que ella vive ahora mismo es la realidad, que decidió dejar la medicación con lo que, a día de hoy, sé que está viva y bien pero nada más. Ha empezado a medicarse porque su hijo mayor fue a verla y vio que su madre había decidido escapar de lo que ella considera solo mentiras, esas que no deben gustarle mucho, y su mente había saltado al país de las pesadillas.
Y aquí estoy, como cuando era niña, intentando ver qué hace, poniéndome de puntillas a ver si logro verla.
Espero que regrese, que vuelva de donde está. No quiero que se vaya y no poder despedirme. Pero como dice la canción de Luz Casal: «yo te esperaré, en la orilla, aunque tú no volverás jamás «. Menos mal que justo antes de todo esto, le dije lo profundamente que la quería, si no, mi tristeza sería tan grande que no podría soportarla.
Voy a ponerme de puntillas de nuevo. A ver si la veo!
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¿Qué estrategias usas para lidiar con las sensaciones negativas?
Ayer fue un día convulso. Suele serlo cuando es el aniversario por la muerte de tu madre. La llevas todo el día en el coco, con esa sensación de nubecilla gris sobre tu cabeza, con un aluvión de mensajes telefónicos que recibes porque el resto de la gente que la conoció también la echa mucho de menos, y con esa tristeza que se queda abrazada a ti todo el día. Como una cría de koala. A tu espalda.
Encima de estar toda la jornada aullándole a la luna, me dice la tía a la que sustituyo que ya está de alta, hoy sábado, y que va a pillarse las vacaciones de 2025. Podría haber cogido las del año pasado, y yo haber estado trabajando un mes más en sustitución pero, por lo que sea, ha preferido que su mesa se pegue más de un mes sin funcionaria que la haga funcionar. Sé que yo no soy santo de su devoción. Y ella y yo, hace años, tuvimos alguna movida en la que le expliqué que ser funcionario significa tener un poco de educación y respeto por el que tienes delante, ya sea compañero o usuario. Ahora le debe escocer un pelín que no se la eche de menos y que yo me ofreciera a hacerle el trámite de solicitar las vacaciones por ella. Cuando entregas mal y recibes bien es una putada cósmica. Vas en busca de pelea y te encuentras con que, incluso, te ayudan. Habrá deseado mucho escupirme con su bilis, pero se encontró con alguien que perdió hace muchos años el interés por discutir por chorradas.
A última hora de la tarde, recibo un mensaje de móvil. Acaba de fallecer la madre de mi compañera y amiga en el Registro. El mismo día que mi madre. Y pienso en que hay veces en las que uno debe entender que no son todo coincidencias, sino alineaciones de astros, el cosmos, Dios, o como quieran llamarlo. Por la mañana había puesto un aparato que sirve para limpiar la placa de descanso que me pongo por la noche a funcionar. Al cabo de un rato, comienza a apagarse y a encenderse. Como no se aclara, lo apago yo. Se vuelve a encender. Lo vuelvo a apagar. Sigo con mis cosas y vuelve a encenderse. Tres veces lo mismo. Decido desenchufar el cacharro. Y entonces me viene a la cabeza la madre de mi compi, que, al igual que mi madre, tiene el mismo nombre que su hija. Siento que partirá ese mismo día. Puedo incluso sentir a mi madre diciendo que la mujer va a estar bien. Que ella siempre fue una gran anfitriona y que estará al otro lado esperándola. No quiero imaginar la cara de la señora cuando vea a mi madre acercarse con toda su buena energía, con su paso enérgico, su sonrisa en los labios y ofreciendo un abrazo de bienvenida que hace que se te quiten todos los miedos.
Al apagar la luz para dormir, he apoyado mi cabeza en la almohada y he caído en la cuenta de otra cosa. He hecho lo mismo que mi madre hacía con la gente mal rollo. Sonreírles, ofrecerles sus mejores viandas, y si te vi no me acuerdo. Y me he sentido orgullosa, porque no hay nada más bonito que devolver bien por mal y dormir esa noche como un bebé. Y es lo que he hecho. Y me ha sentado maravillosamente.
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¿Dónde irías durante un día de compras?
Abstrayéndome total de mi vida presente, y creyendo que tengo una cuenta corriente de esas en las que, ir de compras pudiera ser como el día de la protagonista de Pretty Woman, gastando cantidades indecentes de dinero, me iría a una de esas calles en las que solo ves tiendas de marca y coches caros a porrillo. Siendo rica y un poco superficial, me bajaría del coche conducido por un chófer, hombre ya! y empezaría a meterme en todas las tiendas. Haría como Georgina, la mujer de Ronaldo. No me probaría la ropa. Eso lo vi en una serie que hizo ella para Netflix y que me pasaron de estrangis porque no me puedo permitir esos extras y en casa no vemos series ni pelis. Yo no lo haría por prisas, sino porque soy una vulgar mujer con una enfermedad tan vulgar como la alergia y, claro, si me pongo a quitarme y ponerme ropa, acabaría, además de cansada y satisfecha, enferma y no, no quiero terminar con un antihistamínico en el cuerpo. Queda poco glamuroso tener la nariz como Rudolf, el reno de Papá Noel.
Luego, claro está, iría a una librería para llenar una balda de mi biblioteca del ala este de mi casoplón. No me sería difícil elegir títulos. Jolín que vicio tengo con la lectura! En lo que llevamos de mes, y estamos a día 9, ya me he leído dos libros y me quedan tres en la recámara. Le estoy haciendo pupita al carnet de biblioteca que no utilizaba desde el año 2002 porque, cuando nació mi hija, y a consecuencia de la fuerte depresión que sufrí, olvidé que era socia. Debí hacerlo mientras preparaba las oposiciones y me iba a estudiar allí. Ni idea. Como si le hubieran pasado un paño a mi mente y hubieran borrado muchos de mis recuerdos.
Terminaría el tour comprando comida. Aceites, embutidos, todos caros y muy ricos. Y volvería a hacer como Georgina. Esto me lo envían a Gavá, esto al Prat, pero no a mis casas, sino a las de mis hermanos. Claro! También pediría que me enviaran a mi! Que mis chichas no se crean de la nada! Aunque yo tendría que preguntar eso de, «envían a Canarias?» Si no, ya me lo pillo yo aquí, aunque hay algunas cosas que solo veo pasada Gibraltar, y, la verdad, no me gustaría quedarme con las ganas.
Terminaría el tour de las compras merendando con mis hijos. En algún lugar discreto y silencioso. En algún lugar donde entremos y no se nos queden mirando los demás porque tenemos una pinta «rara». Un sitio donde nos dejen en paz. Pero fuera de Avatar. Eso sí, que disfrute mi prole de los placeres de ver otros mundos. Esos a los que su madre visita con la imaginación.
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Si pudieras convertirte en otra persona durante un día, quién querrías ser y por qué.
Si pudiera ser durante un día una persona, sería mi hijo. Quiero saber qué anda bajo esa mata de pelo que corona su cabeza, de dónde sale su felicidad, hacia dónde quiere ir cuando agita sus manos, como el aleteo de un colibrí. Hacia adelante. Hacia atrás. Ahora salto, tan alto y fuerte que puede que en una de estas salga volando, como un Peter Pan cualquiera en busca de Nunca Jamás.
Me gustaría ver a qué velocidad van sus pensamientos. Cuánto tarda en aburrirse en el cole, cuándo decide desconectar y viajar mentalmente hasta Avatar. Volar hasta allí llevado por el ruido quizás de un fluorescente del aula, o, por como le pasó el otro día, porque se negó a quitarse una peluca azul, una melena incómoda hasta decir más no, porque sus compañeros hicieron lo propio. A dónde fueron sus pensamientos para dejar de pensar en la melena? El día antes, me puse a peinarla y a dejarla algo lisa para que no le cayera en la cara. No soporta que nada ni nadie toque su cara. Al día siguiente, que debía llevar un sombrero, antes de salir de casa, vomitó.
También es cierto que, en muchas ocasiones, lo ves riendo solo, en el salón, y yo me pregunto si hay algo dentro de él que provoca esa risa contagiosa. Si yo fuera mi hijo, durante esos instantes, cerraría los ojos, como hace él, y giraría sobre mí misma, dejando que la luz que entra por la ventana caliente mi cara. Y levantaría los brazos, imitándolo, y me olería los brazos, porque tal vez, en ese instante, pueda percibir el olor de la vegetación de su planeta en los poros de su piel, y viajar hasta allí sin necesidad de maquinita, solo con los recuerdos. Quiero saber a qué huele Avatar. Yo solo puedo verlo desde fuera, pero no acceder a él. Como quien mira algo hermoso pero lo hace separado por un cristal. Quiero saber cuan maravilloso es que mis dos hijos decidieron elegirlo como lugar donde vivir, aún a sabiendas de que pagaríamos el precio que pagamos hoy día. Vivir separados por un cristal.
Si fuera mi hijo, abrazaría a mi madre, tal y como hace él, yendo al país de los sueños respirando su olor, sintiendo su calor, como el náufrago que se agarra a un madero que no quiere soltar porque sabe que, cuando se aleje de su lado, cuando se vaya, lo hará para siempre. Y solo quedarán recuerdos, y todo se tornará más feo y gris. Y, a la mañana siguiente, cuando haya vuelto a ser la de siempre, cuando vuelva a ser su madre, podré entender mejor porqué hace lo que hace y porqué le pasan ciertas cosas. Tal vez, incluso, pudiera quererlo más si cabe…pero creo que no, porque ya no hay más espacio a tanto amor en mi pecho.
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¿Qué te aburre?
Voy a empezar diciendo que yo, aburrirme, lo consigo pocas veces. Primero porque amo estar viva, y solo eso es para mi un milagro divertido y lleno de magia, segundo, porque mis dos hijos son autistas, con lo que, si no ando con uno ando con la otra, tercero, porque oposito a gestora, que son 68 temas a estudiar, vete a aburrirte tú con algo así!, cuarto, porque tengo una vivienda en la que puedo hacer mi vida de manera cómoda pero a la que hay que hacer un mantenimiento de limpieza y todas esas cositas que te quitan tiempo, quinto, porque, encima de todo eso, mi madre me dejó en herencia un apartamento que tenía alquilado a una pareja, con lo que todos los marrones, problemas, desacuerdos, tengo que solventarlos yo solita, rezo porque un día me digan que dejan el apartamento porque les queda chico, no me molestan pero ese tema me supone un estrés añadido, y quinto, porque tengo trabajo. Que es el trabajo de mi vida? Si. Que requiere de esfuerzo mental y concentración? También. Que con todo lo que tengo eso es pedirme un poco demasiado? Si. Pero es algo que hago con placer.
A ver, con esa lista, quien dice que se aburre? Pero hay veces, por ejemplo que ver la tele, me supone un aburrimiento feroz. Los programas de reallity me parecen un truñaco de mucho cuidado, no veo las noticias, y los documentales de bichitos hacen, en general, que me adormezca y haga unas siestas profundas. Tampoco veo series, teniendo una tele de estas por cable a la que nadie en mi casa hace puto caso. Lo adquirí porque venía en el lote. Móviles+tele+más segunda vivienda+alarma. De ese tipo de ofertas. Tampoco escucho podcast. O solo alguno. A cachitos porque hay algunos muy largos que me dan sueño, por esto que yo me puedo poner a oírlos a las diez de la noche. A las diez y media ya estoy con Morfeo.
Todo el rato libre que tengo, que es casi igual a cero, lo dedico a escribir, a leer o a escuchar música. Soy más simple que el mecanismo de una chupa.
Por cierto, el otro día fui a la biblioteca a hacerme socia y resultó que lo era desde el año 2002. Y yo sin saberlo! Pero ahora tienen un formato, como en todas las bibliotecas del país, que puedes alquilar un libro y leerlo online. Me estoy leyendo uno que, si hubiera sido solo por el nombre no lo hubiera elegido. Y tampoco por la portada. «El club de lectura y el pastel de cáscara de patata» se llama. Si lo ven por ahí, compradlo. Qué libro más bonito pol favoooo! De lo mejor que me he leido en este 2025, porque estoy en un club de lectura en el que ya se han elegido dos libros a leer que se me han caído de las manos del aburrimiento y que no voy ni a nombrar aquí. La gente elige los libros, me temo, porque son cortos. Y un asco, la verdad. Este que estoy leyendo también lo es, pero en maravilloso. Han recomendado un libro esta última vez en el club que no he conseguido y que creo que es autoeditado, y mi aburrimiento en las lecturas anteriores, ha hecho que no me moleste ni en buscarlo ni en comprarlo. Una pena! Pero dar una media de 20 euros por un libro que no te gusta y que va a la caja de donaciones on de la marcha, es triste!
En fin! Mi tiempo para escribir es limitado porque ante mi se extiende un fin de semana lleno de cosas que hacer, entre ellas, subirme el dobladillo de una falda que ha sido pospuesto tres fines de semana con este. Voy a disfrutar de mis hijos, vamos a comprar, seguramente mañana porque ando resfriada y hoy no me apetece, comida chatarra y nos vamos a mirar a las caras y nos vamos a echar unas risas.
Un último consejo. Quien tenga la oportunidad de aburrirse, que lo haga. No se dejen aconsejar por esos que dicen que si te aburres llenes tu tiempo, por ejemplo, haciendo manualidades o reformas en casa. Es preferible aburrirse. De verdad. Y disfrutar del proceso. Porque de la vida hay que aprovecharlo todo. Hasta sus andares!
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Dinos algo acerca de tu par de zapatos preferido y adónde te han llevado.
Nunca he tenido unos zapatos preferidos con los que caminar. Era de las de comprarme un par y, cuando se caía a cachos, me compraba otros. No había dinero para dispendios y siempre he preferido comprarme un libro que ir calzada.
He caminado muchísimo. Cuando era jovencita, por esto de que mi padre no me aflojaba un duro, solía ir caminando a todos sitios. Aquí es todo cuesta abajo o en llano, así que no había problemas. Los problemas llegaban al subir y entonces, si era mucho el recorrido, cogía el transporte público.
He caminado en todo tipo de situaciones, he salido corriendo por situaciones de peligro, he bailado, he caminado por el placer de andar, lo he hecho por obligación…recuerdo un viaje a otra isla en el que yo me negué a seguir caminando y mi madre, que por aquel entonces estaba muy embarazada de mi hermana, junto con mi padre, se subieron los dos a una guagua y me dejaron en la parada. Sola. Durante el rato que estuve allí, mis pensamientos se fueron a un ojalá pase alguien que quiera a una niña y me lleve consigo. Ya casi podía sentir el sabor de vivir una maternidad con una madre que no fuera joven e inexperta como la mía, y con un padre abnegado que me demostrara su cariño a cada rato. No hubo suerte. Se bajaron en la siguiente parada y volvieron a por mí.
Luego, porque el universo es bueno, nació el bebé que resultó ser una niña. Una grande, hermosa, con unos ojos azules impresionantes. El día que mi madre volvió del hospital con ella, salió mi abuela a llamarme a la calle: «Sandraaaaaa, veeeeenn» y claro, fui, a ver qué era tan urgente e importante. Y salí corriendo como un galgo, y salté los escalones que llevaban a la casa de mi abuela de un solo salto y, sin aliento me puse junto a mi madre que me enseñó a la niña. «Te gusta?» Me preguntó. Yo asentí con la cabeza. Y volví a mirar a la nena y supe que había terminado mi soledad. Y me alegré por mi. Muchos años después nació mi hermano, pero él vino a enseñarme otra lección de vida. Esa niña se hizo mujer y hace unos años me animó a escribir y a abrir un blog. Hoy es su cumpleaños. Cumple 50 añazos y espero que siga cumpliendo muchos más y que yo los vea. Sé que suena egoísta, pero es que los hermanos están para llenar los vacíos de la vida. Como espero que yo la de la suya.
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¿Eres patriota? ¿Qué es para ti el patriotismo?
En mi caso concreto, siendo como soy una madre de dos personas neurodiversas, ser patriota es pagar mis impuestos, todos, y recibir cero de la Administración a la que doy mi dinero. No recibo ni he recibido jamás, ni siquiera, un diagnóstico psicoterapéutico para saber qué tenían mis hijos. Me los he costeado yo, al módico precio de unos doscientos euros cada uno. Mi hija pasó por tres porque no me terminaba de encajar lo que leía con lo que vivía. Además de costosos, mal hechos. El colmo de los colmos. Nunca he tenido ayuda con ellos. Ni un solo respiro familiar. Eso sí, somos familia numerosa. General, no especial, con lo que recibes algún descuento, pero no para tirar cohetes. Que he tenido que ver en algunos sitios cómo me miraban con sorna por intentar no arruinarme para entrar en ellos. «Son de ámbito privado» me dicen. Ya! Seguro que no recibes ninguna subvención para preservar lo que contiene eso por lo que cobras a precio de pelo de unicornio. Segureishon.
Pago mis impuestos, se hacen fiestas para la gente en general a la que no somos invitados, y aún así, soy capaz de sentirme feliz por quienes van a ellas. Ayer se les ocurrió a mis hijos ir a un McDonald’s que está cerca de mi casa. Oh cielos!! Nos encontramos de frente con la unión de las aficiones de la Copa del Rey de baloncesto. La gente disfrazada, música a granel, cantos a voz en grito…y nosotros tres allí en medio, conmigo de cicerone explicando toda aquella situación, intentando además hacerlo con algo de humor para que no salieran en desbandada. Mis hijos creían que aquel follón era por los carnavales.
Soy tan patriota que, arrimando el hombro como lo he hecho, colaborando con organizaciones no gubernamentales, poniendo mi granito de arena en muchas causas, no puedo contar con que, a mis hijos le hagan la vida más fácil, ni cuando van al cole, ni cuando viajamos, y ahora, por último, poniendo un viaje de fin de curso al que mi hijo no puede ir porque es cero inclusivo. Decir Eurodisney, verbalizar que van a un parque de atracciones gigante, y visualizar a todos divirtiéndose sin pensar en mi hijo, ha sido el modus operandis de este año. Otros años han sido otras cosas, pero este, se ha llevado la palma. El ejemplo mayor de lo que es que te escupan a la cara y luego se molesten porque te quejas. Porque me he quejado, si. Lo cual les ha importado cero.
Soy tan patriota que, a pesar de que vivo en una sociedad que piensa en general que debería vivir en un gueto, aunque yo lo llame Avatar, y que ya si eso, me busque la vida para salir adelante, aunque es cierto que hay gente que no tiene ni la menor idea de lo que viven familias como la mía, sería capaz, si fuera necesario de defenderla con uñas y dientes. Porque aunque esté atravesando un paraje yermo, también es verdad que vivo en una sociedad libre. Para pensar, para expresarse, para vivir. Y eso, amigos, no puede decirlo todo el mundo. A mí lo que me queda es poder quejarme. A veces por aquí, a veces a modo de formulario, porque quejándonos y dando voz, hacemos que, algunas personas tomen conciencia, con esa libertad que, ya eso sí, es para todos más o menos por igual.
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Te dan una noticia increíble. ¿Qué es lo primero que haces?
Hace años, al fallecer mi abuela, llegó alguien a quien quería mucho y me dijo que solo nos veíamos en velatorios y, que el próximo sería el suyo propio. Yo sabía que su pareja, en ese momento ya ex, la maltrataba. Le había dado tal paliza ese verano que, sin poder simular los moratones, cogió la baja. El cuerpo, su cuerpo, era verde total. Además, trabajaba en un hospital, y sabía que la iban a diagnosticar con precisión. Claro está, la familia se enteró nada más echarle la vista encima.
En el momento de vernos, se desahogó con nosotras y, como soy una persona de carácter ansiosa, le aconsejé que huyera a otra isla y se hiciera humo. La tenía amenazada con sus sobrinos, con sus hermanos…»Si me dejas te mato y me mato» y ella, al igual que yo, estaba comvencida de que no era una fanfarronada.
A los dos años, cuatro meses después de dar a luz a mi hija, me fui de viaje para que mi familia pudiera verla y estar con mi madre. Quería que me dijera que algo en mi hija no iba bien pero resultó que su diagnóstico fue de lo más regulinchi. La niña era perfecta y a mi me fallaba el coco por histérica. Pudiera ser! Pensé.
En esa tesitura estaba, cuando me dice que me va a dejar no recuerdo si uno o dos días porque se iba a Madrid con su marido por motivos laborales. El día que se iban, dándole el pecho a la niña, siento un grito ahogado de mi madre. Luego, la oigo subir las escaleras, abre la puerta y me dice lo que se había pronosticado. La había matado y se había volado la cabeza. Con un arma ilegal que la policía no investiga por estar los dos muertos o si, y no dan con el origen de la misma. Yo me quedo en shock y, justo en ese momento, ya no puedo volver a dar el pecho a mi hija. Grito desesperada que cómo diablos no se ha podido evitar algo así!. Que cómo es posible que alguien tan maravilloso haya tenido tal fin!
Luego supe que llegó viva al hospital y que no pudo superar la operación. Antes, al de la ambulancia, le dijo: «este cabrón me ha matado». Sabía que la vida se le iba por los dos orificios de bala.
Y así, cagándome en la puta vida es cómo reaccioné a semejante noticia increíble. Con cara de idiota y con ganas de gritar que el cosmos podría si eso poner sus ojos en otras personas y no en gente como ella, una chavala buena gente y con una resiliencia increíble. Pero no, por lo visto era necesario que muriera con 33 años. A manos de un desgraciado. Para acabar cubierto su cadáver por una lápida. Era necesario…
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¿Hay alguna actividad o afición que hayas dejado atrás o en la que hayas perdido el interés con el paso del tiempo?
Con mis 54 años encima, he dejado muchas aficiones atrás. Algunas por exceso de años, como el ballet, alguna por falta de paciencia, como la de coleccionar sellos, y alguna por discrepancias con la directiva de un determinado club de fútbol, el Real Madrid, que decidió destituir a Vicente del Bosque cuando que acababa de darle la liga, su segunda liga! Menos mal que la vida es justa, lo nombraron seleccionador y se fue para volver con la copa del mundo. Me imaginan siendo futbolera? Si. Sé lo que es un fuera de juego! A que no tengo maneras? Pues si. Hace mil millones de años que ya no sigo ni la liga, ni conozco a los jugadores, ni nada de nada. Cuando Florentino dijo que quería un equipo galáctico, mandé al equipo a tomar muchos vientos. Y lo mismo les sucedió en la liga. No volvieron a remontar hasta bastante después. Pero yo ya no veía los partidos. Eso sí. Lo último que hice fue ver el Mundial que se remató con aquel: «Iniesta de mi vida!» de un Camacho exultante de felicidad. Menudo golazo les marcó a Holanda! Menudos marrulleros los holandeses!
Otra de mis «aficiones» ya más por obligación que por placer es estudiar sobre el autismo. Durante estos 17 años he leído, me he formado, he hecho un máster…pero, el año pasado, cuando iba por la mitad más o menos de éste, mi hija me dijo que dejara de emplear tiempo en entenderlos. Que pusiera el foco en mi. Que fuera egoísta. Que estudiara para promoción interna y me dejara de gastar dinero en esos cursos. Eso ha sido lo más difícil de hacer. Le dije a mi hija que lo hacía por ayudarles a tener una vida mejor, y ella me contestó que, a mi edad, lo que debía hacer era buscar yo una vida mejor. Buscar mi felicidad.
Es la decisión más dura de mi vida. Tenía un curso pendiente que no hice. Directamente. Me metí en la primera lección y me rendí y, junto con mi rendición, decidí dejar de medicar al niño. Esto último porque le daban unas migrañas terribles a consecuencia del medicamento. He de decir que, sin ella, a pesar de las dificultades, ha empezado a florecer, a mejorar, a entender. Producto de mi decisión? No. Pero sí por todo lo que llevo en la mochila. Por todo lo estudiado, por su terapeuta, que es una maravilla, y por él mismo que ha visto cómo se cambia la mirada de los demás en su persona, haciendo que mejore su autoestima.
Y en esas estamos actualmente! En poner el foco en mi. Estoy estudiando para ser gestora que es el último paso que debo dar para ascender al nivel que tengo de titulación. Lo hago por amor propio? No. Lo hago por mi. Porque quiero emplear la misma energía que empleé en los demás para mi misma. A ver qué sale de todo eso! No sé si lo consiga, pero desde lueguísimo, pienso disfrutar de cada uno de los pasos y decisiones que tome. Quiero pasarlo bien los últimos años de mi vida!