Los malos recuerdos

Ayer tuve al niño enfermo, y sin ser una cosa mortal o grave (rinitis) estuvo muy fastidiado, con la cara muy congestionada, que le derivó en un dolor de cabeza…en fin, que no fue un día ni siquiera para hacer deberes o jugar en familia.

Siempre que alguno de mis hijos se pone enfermo, se desata en mí una tormenta interior de algo que enterré hace muchos años, como un perro a un hueso, y que cuando estoy en esta situación, mi mente, la cabrona, va alegremente a desenterrar semejante recuerdo para pedirme que, por favor, no me comporte como lo hizo mi padre en todas las ocasiones que estuve enferma que fueron un montones. Y entonces, pensando, evitando ser así, consigo solo una profunda tristeza y un, «preocúpate, por el amor de Dios, no lo abandones!!»

Fui una niña tan enfermiza que puedo hacer check a toda la cartilla de vacunación y decir: «de esto no llegué a vacunarme porque lo tuve». Llegué a pasar, incluso, la tosferina, que es algo que, ya en los 70s estaba bastante superado. De hecho, no conozco a nadie a quien le diera como a mi.

Luego tuve una enfermedad muy misteriosa y por la que tuve que pasar por extracciones de sangre mensuales (no sé cómo lo conseguían porque, con cuatro años pesaba 14 tristes kilos). Mi madre me llevaba, se tapaba la cara o salía fuera porque no quería verlo, y luego me invitaba a un helado. No he vuelto jamás a tomarme uno con su galleta y su sabor a turrón. Recuerdo mi falta de resistencia cuando iban a pincharme porque ya en ese entonces, si alguien me hubiera preguntado, si alguien se hubiera molestado en saber cómo estaba le hubiera contestado: «remátame».

Iba a mi pediatra un montón de veces, y ya, aproximándome a los 5 años, con mi madre muy embarazada de mi hermana, ella misma enfermó de algo relacionado con el riñón. La recuerdo sacar la cabeza por fuera del coche familiar y vomitar de camino a urgencias. Tan mala estaba  que, para mi disgusto, una tarde le dijo a mi padre que me acompañase al médico. Él se negó y le dijo que, ningún padre llevaba a sus hijos al médico. Oh my god! Premio al caballero como el mejor padre! Creo que fue la primera vez que le oí decir que no a mi madre. Ella le contestó que la niña (yo) era de ambos, que ella no podía llevarme porque estaba a punto de parir, enferma y que apechugara. Lo siguiente que recuerdo es a él tirándome del brazo por todo el camino hasta llegar al médico porque éste quedaba tan cerca que se podía llegar caminando. Imaginen el sacrificio!!  Entonces tuve una epifanía y calculé que, si eso era así estando yo jodida, su hija, su retoño, su, como decía el ex de mi tía que mal rayo lo parta, multiplicación, estaba más claro que el agua que yo no le importaba nada. Y en esa revelación me hice la promesa, con cuatro años!! de no tratar jamás a mis hijos así. Eso fue con 4 años. Con unos pocos más y más actitudes de mierda de ese estilo me dije que no quería ser madre. No quería joder la vida a otro ser humano como a mi.

Por eso, cuando mis hijos enferman, aunque sea de una pollez que sé que no va a pasar de 24 horas yo siento que algo dentro me sube al coco y empieza a ponerlo todo del revés. Es como si tuviera un mono con dos platillos gritándome que haga algo. Ya tengo herramientas para cerrarle la boca y no dejarme arrastrar por la ansiedad, pero es desagradable.

Cuando acabó el día, me preguntó que si podía saltarse la ducha y, como llevaba todo el día en casa le dije que si. Total que se acostó junto a mi y, antes de conseguir decirme nada, cayó redondo al mundo de los sueños. Yo lo hice de manera atropellada. Me dormía, me despertaba, me volvía a dormir, me volví a despertar para descubrir que llevaba un auricular en la oreja, con su poquito de cable que llevaba a la tablet y que podía haber caído al suelo para romperse, todo ello porque, al dormir, el mono de los platillos vuelve para hacer de las suyas y llevarme al mundo de las pesadillas pero a mi nadie volverá jamás a sacarme de Avatar! Ni de coña!

, , , ,

2 respuestas a “Los malos recuerdos”

  1. Ay Ana, lo que cuentas hoy me llega muy dentro.
    Podría decirte que no entiendo cómo un padre puede tratar así a una hija o a unos hijos, pero en mi caso, por desgracia, sí lo sé, llevamos nueve años viviéndolo y sigue siendo igual de duro.
    Por eso te leo con una mezcla de pena y de admiración. Porque, a pesar de todo lo que arrastras, estás ahí, cuidando, quedándote, sosteniendo todo.
    Cada vez que tus hijos enferman y tú te preocupas, no estás repitiendo nada, estás haciendo justo lo contrario.
    Y eso, aunque a veces duela y agote, es una forma muy grande de amor.
    Según iban pasando las letras por mis ojos, pensaba en lo bien que te vendrían las «constelaciones familiares» que seguro conocerás, pero como ya has comentado en varias ocasiones, sé que acudes a terapia.
    Te admiro muchísimo, eres una gran madre y una gran mujer.
    Un abrazo enorme.💗🥰🌷

    Le gusta a 1 persona

    • Muchísimas gracias Yvonne. Si, por desgracia, en los designios de la vida, a algunos les tocan padres que ejercen y a otros…padres que no, aunque más duro es aguantar vivencias como las que asoman de tus versos. Por eso te abrazo fuerte, desde la distancia, para dar un extra de energía a ese tipo de situaciones penosas. Buenas noches y feliz semana! 💖🫂😘

      Le gusta a 1 persona

Replica a POETAS EN LA NOCHE Cancelar la respuesta