He dormido fatal. Anoche alguien, en un grupo de WhatsApp en el que estaba, dijo que cogieran las teas y fueran a quejarse de nuestro trabajo a propios y extraños. Tenía preparado seis escritos, uno por barba y he flipado. Se quejan de entrar a los juicios de todas las jurisdicciones. Gente toda que pasan de los 40 con mil años de experiencia. Me salgo del grupo ipso facto. Llevo toda la noche soñando con discusiones, con gente que no aparece, con prisas, y luego, al despertar, he caído en la cuenta de que, esa, es mi vida últimamente. El enano, que ayer se despertó a las ocho y media «me quedé dormido, lo siento!» me dijo, hoy ha decidido hacerlo a su hora habitual, que son las 7. Entre levantarme, tomarme un café, agonizar mientras lo hago o escribir, he decido esto último porque el acto de poner mis pensamientos, darles un orden, me da una paz que no encuentro ni en tilas ni químicos ni pilates.
Le dije al niño que iba a dormir otro poco en una mentira que no creí ni yo misma y él salió hasta el salón, para encender SU televisión, y, en un momento que sólo su mente conoce, ponerse a saltar y aletear sus manos. Si la tele estuviera en el pasillo, su padre diría que la avería de agua que tenemos, la provocó él.
No salta despacio, ni lo hace con ligereza, mientras él realiza un sauté, que dejo enlace para los que no les guste el ballet, o no tengan idea o cualquier otra cosa, el suelo vibra y mi corazón se para pensando en el matrimonio de ancianos que habita debajo. No crean que no me he disculpado por eso, sino que ya quedamos una vez en que ‘ellos no escuchaban cosas de niños» me dijeron, y mi corazón fue bastante más liviano desde entonces. https://youtube.com/shorts/eiDHt0Eh264?is=ilBJVchP0dExYrXP
Me levanto y comienzo mi rutina porque con los nervios me molesta todo, incluso las sábanas. Me asomo a la ventana y dejo que el sol de la mañana me de en la cara, mientras observo a los cuatro gatos madrugadores de un domingo, que me encantaría pensar que vuelven de alguna fiesta pero no porque esto es un barrio lleno de gente muy mayor. Me acerco al niño moviendo las caderas, en un baile entre busco mis ánimos y el ridículo, nos abrazamos, lo beso en la mejilla, esa que solo me pone a mi, a los demás les deja el coco, concretamente, pelo, y me devuelve el abrazo. Lo vuelvo a besar en esa mejilla de la que tengo uso exclusivo.
Me preparo el café y pienso que no sería mala idea inyectármelo en vena, cual yonkie, esperando que la dosis me lleve a un lugar sin tanto ruido en mi cabeza, sin tanto rún rún. Tomo café mientras escribo estas letras, y, mientras lo hago, ese ruido mental desaparece, se hace humo, puf.
Vuelvo a la cama. Quiero terminar diciendo algo bonito como, hay que vivir la vida a momentos, disfrutar de ellos, aprovecharlos al máximo, para cuando se nos tuerza la cosa y recordemos lo bien que vivíamos antes de pasar por ese bache. Como yo, por ejemplo. Me aplico la frase en el alma. Le digo que aguante, que ya falta poco. Me mira. «Te quiero» me dice. Siento que mi cuerpo entra en modo descanso…me llevará al país de los sueños?»
3 respuestas a “La mala noche”
Hoy me leo tus dos escritos del tirón.
He estado desde el jueves en la casa de la playa y allí no tuve tiempo de nada.
Ahora, ya en casa, tranquila me meto del tirón.
Y es que, Ana… leerte es como meterse un rato dentro de tu cabeza, y madre mía, no paras ni dormida… aunque en eso también nos parecemos. 🤦🏼♀️ Mi cabeza parece una puta lavadora en modo centrifugado hasta cuando duermo.😭
Me ha encantado imaginarte bailando por la casa, en modo me animo, y ese momento con tu hijo… ese beso en la mejilla que es solo para ti… de verdad, es de lo más bonito que has contado. Ahí hay algo muy tuyo y muy especial y me encanta.
Y mira… lo del trabajo… te entiendo más de lo que crees. A mí también me ha tocado vivir momentos que han sido una puta mierda, de esos que te revuelven por dentro y no te dejan ni descansar. Y lo que cuentas de ese grupo… es que es para salirse, hiciste bien. Bastante tienes tú ya como para aguantar según qué cosas.
Se nota el cansancio, el ruido en la cabeza, ese “rún rún” que no te suelta… pero también se ve que, incluso así, sigues estando, sigues cuidando, sigues tirando. Y eso tiene mucho mérito, Ana, aunque tú lo vivas como sobrevivir al día.
Y ese “te quiero”…
ahí lo tienes todo. Aunque el día venga torcido, aunque la noche haya sido un desastre… eso lo pone todo en su sitio, aunque sea un ratito.
De verdad, ojalá está semana que comienza mañana, te dr un poco de tregua, aunque sea a ratos pequeños. Y si no, pues eso que dices tú, un día cada vez… que ya es mucho.
Te mando mucho ánimo y muchos besos, un gran abrazo y mi mejor deseo de que estés lo mejor posible.
❤️🥰🌷
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Muchísimas gracias Yvonne! Ayyy, las casitas de la playa! Acaban de mandarme una foto de la mía que ha estado a punto de salir volando la pasada noche. Estoy deseando ir y ver cómo van las cosas, pero ahora no tengo tiempo. Un beso muy fuerte y mucho ánimo, que sé que todos, con nuestros más y nuestros menos, peleamos con gigantes en forma de molinos. Feliz descanso y feliz semana! ❤️❤️❤️
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Por eso hemos ido para allá.
Hubo un temporal y hasta el tejado de los garajes ha salido volando; también una subida de tensión de luz quemó todos los electrodomésticos de varias casas y yo quería ver cómo estaba todo allí.
Afortunadamente a mí solo se me ha estropeado un ventilador de luz de esos modernos que se me ocurrió poner el año pasado, pero en fin… Es lo menos importante. Mis pobres vecinos llevan casi un mes sin nada, ni nevera, ni wifi, ni calentador d agua, ni vitro, un horror, así que me doy con un canto en los dientes y encima agradecida que no haya sido en mi casa mucho más que ese ventilador.
Cuídate mucho, Ana, por favor, mira por ti. Me acuerdo muchísimo de ti, te lo digo de corazón. ❤️
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