Tengo una especie de paralís biológico producto de este Bornout que transito y que me impide o me pone zancadillas para que me encargue de lo que es ahora mismo prioritario. Me apetece solo estar metida en la cama, sin ser molestada por nadie, y eso, ahora mismo, es imposible. Bueno! Siempre lo es, pero ahora el niño encara su tercera evaluación y hay que echar el resto. Sabe alguien cuánto es el resto de nada? Como palanca para salir de esta situación, he vuelto al gimnasio al que no iba hace un mes. El peso que me pongo en la barra es pequeño pero debo volver a recuperar mi forma poco a poco, sin prisas. Ya hablé con uno de los monitores, en parte por desahogo, en parte por si él, desde su experiencia, aporta alguna idea que me pueda ayudar. Y eso ya es novedad. He pedido ayuda!
A consecuencia de esto que me pasa, he perdido mi plaza en la piscina municipal. Fui a pagar la mensualidad y, al pasar la pulsera para acceder a la oficina, me vi con un mensaje en la pantalla que me decía que me habían dado de baja. He respirado tranquila, he salido de allí y he elegido dar un paseo hasta casa en vez de coger la guagua para atemperar mi ánimo. He tomado la decisión de no flagelarme ni hablarme mal. «Ya volverás! Cuando todo esto pase, volverás» me he dicho, y, con ese mantra que daba calorcito a mi alma he llegado a mi destino.
También me he dedicado mucho mucho a la lectura. Al audiolibro concretamente. Me decidí al principio por una escritora sueca, Camila Läckberg, y su «Una Jaula de Oro» pero…no pude acabarlo. Empecé a meterme demasiado en la historia y esto me llevó a una angustia innecesaria ahora. Volveré al libro en otro momento. Sin prisas. Como con la piscina. Ninguna de esas cosas es importante y yo solo debo realizar lo que lo es. Despacio. Como cuando se pisa suelo lunar. Ese rollo. Así que, en este conjugar los verbos descansar y priorizar, mirando videos de tik tok, sí, esta aplicación del demonio es otra cosa que debe una utilizar como si desactivara una granada, descubrí a la dueña de una librería que recomienda muchísimo los libros de Pedro Simón, y, como no tenía el gusto, y ella me parece una lectora con solvencia, me pedí en la biblioteca dos audiolibros y dos libros electrónicos, todos del mismo autor, por esto de que la distancia física con la biblioteca más cercana a mi casa me impide estar yendo cada semana, por poner un ejemplo a elegir y devolver. Total, que estoy con «Los incomprendidos» y este sí que sí. Hay su poquito de drama y una historia que puedo leer sin que mi alma se haga pedazos. Tengo que recordar el ponerle un comentario a la librera por esa recomendación. Pedro Simón escribe maravillosamente y a mí, su libro, me lleva de camino a la sanación.
A consecuencia de este estado mental que transito, y como si no fuera ya poco lo que llevo, el domingo anterior, a las 8 de la tarde recibo un correo de la profesora de inglés de mi hijo. Que no había realizado una redacción pero que si el lunes la entregaba, ella, ser de luz por excelencia y magnánimo donde los haya, le recogería la tarea. Hice la croqueta y escribí yo misma una redacción porque él ya dormía. Al día siguiente le cuento a mi hijo y él me dice que esa tarea ya la había hecho pero que no entendió que debiera entregarla. Contesto el correo a su profesora y le digo que estos malos entendidos se hubieran resuelto si pusiera la tarea en el classroom. Ser de luz no me responde. Como para ponerme en mi sitio, recibo otro del profesor de biología. Que en el examen del viernes (estamos a lunes y él, curiosamente, lo recuerda ahora que he escrito un mensaje explicando lo que pienso de ser de luz y compañía) mi hijo ha dibujado un pene en el examen y que, al llamar la atención de mi hijo autista delincuente, éste no le hace caso. Le sigo el juego y cuando me encaro al enano me comporto como lo que soy, una persona que no está para afrontar estas chorradas desde la serenidad. Salimos de casa para la terapia y el niño va llorando todo el trayecto. Llora durante toda la terapia. Llora el camino de vuelta. Lo abrazo fuerte al llegar a casa y me explica que ya se había disculpado con su profesor y que el dibujo no lo hizo en el examen. Le escribo a éste y le contesto que haga lo que quiera con la nota (me había dicho que dibujo de pene era igual a suspenso) que ya habíamos hablado con el niño y que me disculpaba por lo sucedido. Demasiadas explicaciones a gente que trata a mi hijo como si a éste no le pasara nada. Como si él no sintiera, pensara, entendiera, de manera diferente. Como colofón, pasa el crío por una migraña tan fuerte que el martes no va a clase. El lunes próximo le voy a escribir un correo a su tutor. Uno en el que voy a dejar nítidas las líneas de actuación del próximo curso. Pero eso será el lunes. Hoy voy, sin consigo ánimo suficiente, a salir de entre estas sábanas atrapa-sueños y ponerme las mallas del gimnasio. Que ya solo el ceñimiento debería considerarse como un deporte de riesgo. «Serán solo 45 minutos» me digo para animarme. Pero es tan fuerte el olor a quemado que desprendo!