Hoy es el cumpleaños de mi hijo, y, dicho así, en siete palabras, parece algo sencillo y banal. Un año más, regalos, tarta de cumpleaños y vuelta a la normalidad. Para mí, saber que han pasado trece años tan rápido, me produce vértigo. Me he hecho muy mayor corriendo detrás de él, gritando su nombre, rogándole que parara, mientras él reía delante de mí, así hasta que algún alma caritativa lo paraba antes de que muriera asfixiada. Saben la cantidad de almas caritativas que hay por ahí? En todas las carreras vividas, solo un pobre anciano que arrastraba los pies se apiadó de mi. Eso da un total de un alma caritativa por millón de habitantes!
Me hice mayor, e incluso diría que me encogí, el día que me dieron su diagnóstico de autismo. Ese jarro de agua fría en la cara, ese recordatorio de muchos diciendo «ya te lo advertí!» Qué daño hace eso a la mente materna! Llenándote de una culpabilidad que cargas como una mochila de militar. Intentando no romperte la crisma ante una pérdida de paso. También me hice mayor el día que decidí medicarlo. No podía creer que no pudiéramos sacarlo adelante sin necesidad de algo químico que le aliviase su inquietud, esa que lo hace parecer un colibrí, aleteando rápido sus manos, hacia atrás, hacia adelante, intentando al mismo tiempo despegar sus piernas del suelo, que hace cosquillas en su cerebro y que lo hace reír durante horas. En casa eso nunca ha sido un problema. En el colegio, ese lugar donde intentan que los niños encajen todos en un molde imaginario impuesto por una mente gris, estas cosas, sus cosas, son inaceptables. Él lo sabe y, por eso mismo, no quiere, ni siquiera, llevar una caja de ambrosías y repartirlas en clase. No quiere tener que ver nada con el colegio, ni con compañeros, ni con profesores.
El día que él nació amaneció luminoso. Yo rompí aguas de madrugada, y con mi poquito de contracciones, me fui al hospital. Me dijeron que no estaba de parto pero que me quedaba ingresada ante mi estupefacción. No podía entender que tuviera que estar allí cuando tenía que cuidar de su hermana. Como diría Sabina «y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres…» A las siete menos cuarto sentí un dolor fortísimo y, sin casi poder respirar llegué al paritorio. Tras un par de preguntas impertinentes de la matrona sobre la lactancia materna y de porqué yo había decidido que no como si esa decisión afectase a la economía del país y no a la rutina familiar y tras contestarle que haber cómo se apaña una mujer con una hija autista, con rutinas de autista y con un «espera hija, que voy a darle el pecho a tu hermano. Tú, como decía aquella, haz cosas de niña autista, no sé, pinta un búfalo!» Creo que la matrona entendió el sarcasmo. Tomó nota muy seria y comenzó a ayudarme. La oigo gritar: «aquí viene un rubio!» Y entonces apareció ante mí un niño tan enorme que no podía creer que lo hubiera parido sin complicaciones. Nos enredaron en sábanas para que no pudiéramos casi movernos el uno junto a la otra y, como sigue Sabina «desnudos al anochecer nos encontró la luna». A él lo besó en la frente y le alborotó su engranaje neuronal y a mí me susurró que tuviera paciencia con él. Que era un niño mágico lleno de problemas y capacidades maravillosas. Yo lloré porque no me veía capaz de repetir la historia. Entonces llegó la vida y me dijo que sí que sería capaz porque él y yo estábamos forjado en acero. De uno inolvidable!
2 respuestas a “El cumpleaños del rubio”
Hoy, querida Ana, te felicito a ti también por haber parido a un rubio lleno de alegría y que, aunque viva en Avatar, seguro que tiene el corazón puro y llena el tuyo de amor.
Hoy también es el cumpleaños de mi nieta, también cumple 13, pero no tenemos la suerte de poder abrazarla y besarla, hoy ella está triste y separada de lo que más quiere, que es su madre, sus abuelos… Hoy está junto a un monstruo, porque así lo ha decidido un juez, y aunque sean findes de semana alternos, ella y su hermano se van sufriendo, con ansiedad y mucho miedo.
Abraza a tu hijo, bésalo y disfrutad mucho de este día de cumpleaños para los dos, porque estáis los dos de celebración.
Mil besitos de mi parte. 😘🥰❤️💗🌷
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Siento mucho leer que vives esa experiencia tan horrorosa. Y lo siento aún más por ella, porque, nadie, a ninguna edad, deberia vivir con quien no desea. Qué casualidad que hijo y nieta cumplan el mismo día! Muchísimas felicidades a tu niña grande y a la pequeña. Les envío un abrazo enorme! 🫂💕❤️🥰
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