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JERRY
¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?
Esta es la historia de un perro común, que vino a caer en una familia no tan común.
Los primeros recuerdos que tiene Jerry de sí mismo, es la de estar metido en una caja de cartón, con sus hermanos por la que de vez en cuando asomaba algún humano para mirarlos. Como el que hace lo propio en una pastelería y piensa: «Cojo ese trocito de pastel? O mejor me abstengo que todo me va a la chicha?» Pues lo mismo pasaba con la gente que los miraba. No creían que les conviniera un animal de compañía. «Si se pone malo…Si me voy de viaje…Soy alérgic@…» Habían mil motivos para dejarlos en aquella cajita.
Un día llegó una mujer, de pelo negro y ojos de gata a la que no le faltaban motivos para no acercarse a la camada ni con un palo. No tenía dinero, a su marido no le gustaban los perros, ella los animales ni fu ni fa…Le dijeron que el cachorro era gratis. Y, como en una oferta de dos por uno, que podía devolverlo si la convivencia se le hacía cuesta arriba. Y, sorpresivamente, alargó la mano y lo escogió a él.
La convivencia fue, desde el principio, bastante buena, aunque el recibimiento por parte del humano hombre no fue precisamente la de tirar cohetes. Cuando miraba para él, podía ver cómo se preguntaba que dónde quedaba lo que opinaba sobre lo de tener mascotas, si su mujer no entendía que la vivienda era de ambos!. Así que decidió conquistar a aquél hombre en primer lugar. Ella ya estaba prácticamente en el bote. Él supo enseguida qué se esperaba de su persona, porque es un perro muy listo y, rápidamente, y, para no volver a la caja de cartón, aprendió las cuatro cosas que se le pueden pedir a un cachorro que acaban de destetar de su madre.
No tenía él mucho tiempo viviendo con sus humanos, cuando, al hombre le salió algo en la pierna que no tenía buena pinta. Un moretón sin haberse dado ningún golpe paseando con él. Raro. La mujer insistía en ir al médico pero él, quizás por haber sido desautorizado un montón de veces, decidió hacer como que no pasaba nada. Hasta aquél día.
Empezó a encontrarse mal, y, rápidamente, cayó de frente, con tan buena suerte que, su mujer, haciendo un esfuerzo que su esqueleto casi no le permitía, lo sujetó para que no se partiera la crisma. Llamó al servicio de emergencias mientras veía cómo la vida de su marido se escapaba rápidamente por encima del suelo frío.
Ella comenzó a llorar y Jerry se acercó a la humana para darle consuelo, para explicarle que, pasara lo que pasase, estaban juntos en toda esa historia.
Luego desaparecieron los dos dueños de la casa, él sobre una camilla y ella detrás, llorando. Luego vinieron los hijos a pasearlo y a darle de comer y Jerry pensó que, tal vez, le había tocado el palito corto y se iba a quedar sin dueños. Pero no! Al cabo de unos pocos días aparecieron los dos de nuevo. Sonrientes. Agradecidos por haber superado ese mal bache.
Al humano hombre se le recetó pasear. Había sufrido una embolia pulmonar porque lo que tenía en la pierna, el trombo, le subió a los pulmones y allí colapsó su cuerpo. Escapó por la mínima así que decidió que sería buena idea, teniendo mascota, en darse unos buenos paseos por el barrio con ella. Luego la llevó a los cumpleaños de su sobrina política, que cumple años en verano, que es alérgica, que tiene dos hijos autistas a los que las mascotas más bien no, pero que aman a Jerry sobre todas las cosas, y, poco a poco se fue haciendo con el corazón de todos. Eso, a pesar de que, en el primer cumpleaños, a la sobrina de marras, le rompió una figura muy bonita de una mujer africana. La rompió en un salto, por la cintura, y, cuando pensaba que lo harían también a la barbacoa, vio como la mujer le decía a su tía que el animal lo había hecho sin querer y que aquello tenía arreglo. Vivan las sobrinas inteligentes!!
Ahora, cuando alguien fallece, y para no tener que aguantar las charlas con familia que casi no conoce o soporta, también se lleva a Jerry a los velatorios. Y se quedan los dos tan pichis dando vueltas por el recinto hasta que baja alguien de las salas y se pone a charlar con él. Si no, ya sabe que aquello no durará más de una hora u hora y media, conoce a su mujer hace dos millones de años, y sigue con el paseo hasta que a Jerry le da la gana. Tanto es así, que hace poco se puso malo por comer piedras del jardín mientras su dueño andaba distraído hablando con los vecinos. Se puso igual de malo que su dueño pero consiguió expulsar lo que había comido. Y ahora pone mucho más cuidado que sabe perfectamente que, en esa familia, mucho dinero para veterinarios no hay. Lección aprendida
Jerry es el consentido de la familia. El más pequeño también, y ahí seguirá hasta que su vida perruna termine. O la de los humanos!

Este es Jerry. El chico más peludo y sexy de esta familia -
LO DE COMPRAR
Qué es lo más caro que te has comprado (sin incluir la casa o el coche).
Nunca he podido permitirme un lujo. Cuando eres madre de dos chicos autistas y empiezas a priorizar, encuentras que la vida puede ser maravillosa porque puedes pagarles la terapia, los estudios y comer. Lo de las facturas…Bueno! Esas te dejaban la cuenta en números rojos y no pasaba nada. Calculaba siempre que seguiría trabajando en el sitio donde estaba destinada y, como me renovaban cada tres meses, tampoco me echaba a la boca algo que no pudiera pagar si me paraban.
Hasta hace bien poco, la vida ha sido eso. Mirar que pudiera pagar tal o cual cosa y pagarlo a base de reunir todos los meses una cantidad.
Me he gastado mucho dinero en las oposiciones. He debido estar en todas las academias y preparadores de la isla. Excepto con una que me quedaba a tomar mucho por saco, todos me conocen. He preparado con magistrados, con secretarias coordinadoras, con letrad@s de la administración de justicia, con funcionarios, con gente que daba clase como si fueran funcionarios y que aún eran interinos…Si a mi me diera el punto de poner los apuntes que he pagado, por poner un ejemplo, en mi piso, no dudo ni por un segundo que acabaríamos, mi marido, mis hijos y yo en el garaje al hundirse el suelo con el peso. Fueron 20 años en los que conseguí lo que quería ya más por pundonor que porque yo realmente pensara que podía sacar aquello. Cuando dijeron que era concurso oposición, me subí a ese tren, y conseguí llegar victoriosa a la estación. Aún recuerdo la cara de tristeza de mi madre cuando me dijeron que el examen sería en abril, el 17 concretamente, y allí estábamos, ella y yo, en el hospital. Yo cuidando de ella y, la pobre mujer, se viene a entristecer por causa de un examen! Recuerdo que le dije que eso no tenía ninguna importancia, y recuerdo que, una vez que ella se fue, decidí no presentarme. Hasta que se lo dije a mi marido y él, a fuerza de apelar a la amistad, porque siempre subíamos en el coche a dos amigas mías, me convenció de presentarme aunque solo fuera para ver qué tal el examen. Aprobé!
Otra cosa en la que he gastado un montón de dinero ha sido en entender el autismo. Cursos, congresos, y cualquier otra actividad que tuviera que ver con ello, han sido mi brújula. Ya he dicho muchas veces que mi madre me decía que era el dinero mejor empleado. El que servía para entender y para manejar las situaciones que se plantean en mi casa, en mi día a día. Ayer, sin ir más lejos, fui a una nueva peluquería con mi hijo. En la otra a la que vamos, a la que van toda la juventud del barrio más marginal de la capital, que está justo al lado de mi casa y de mi trabajo, va a cortarse el pelo allí. Nos dio hora para el 27 de noviembre!! Mi hijo ya parece un Beatle! Pues eso, que voy al señor que le corta el pelo a mi hija y le pido hora para el crío. Antes de irme le digo que no quiero rapadoras ni secadores porque el niño es autista. El hombre me pone la sonrisa más tensa de la historia. Taladra a mi hijo con la mirada a ver si tiene pinta de formar algún pifostio en su negocio. Mientras él va haciendo esos cálculos, yo lo miro fijamente. Para ver si el resultado, reflejado en su rostro será negativo o positivo. Fue positivo. Al salir, mi hijo me pregunta que qué significa ser autista. Respiro profundamente, y calculo qué voy a decirle. Hay que ir con pies de plomo. Que no se quede con la sensación, cuando he terminado de hablar, que, ni por un momento, piense que ser autista significa ser inferior a nadie. Él me contesta que alguien le ha dicho que ser autista es ser guapo. Ha debido ser su hermana! Me sonrío y le digo: «Eso, cariño, sin ninguna duda!» Y nos fuimos a casa. A descansar de todas las carreras de la semana. A vivir en Avatar. Hasta el lunes!
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Mi asignatura
¿Cuál era tu asignatura favorita en el colegio?
Mi asignatura favorita era literatura. Imaginen una niña delgada, feucha, nada llamativa, que tampoco deseaba llamar la atención de la gente, con unos problemas que, ya por esa época le llegaban por las cejas, intentando sobrevivir a cada uno de los días de su vida.
Por aquel entonces, vivía como diría mi admirada Isabel Allende, como en un retrato en sepia. Todo pintaba de ese color en mi vida.
Con la llegada de esa asignatura, aprendí a leer poesía, enamorándome de Machado, de Lorca, de los clásicos…Resulta que, una vez al mes debíamos leernos un libro, que te ponía la profesora como tarea. Me hice socia de la biblioteca municipal, porque no tenía dinero para libros, lo cual era una cosa alucinante trabajando mi padre de tipógrafo en una imprenta, y me entregaba a la labor con una pasión de las de verdad. Como la de una jovenzuela que fuera a reunirse con su amante. Llegaba del cole, me duchaba, merendaba, hacía los deberes en algún sitio lejos de las miradas de mi abuela a la que solo le importaba cuánta luz consumías con el estudio, y, por último, como cuando dejas lo mejor de un plato para el final, sacaba el libro de marras y lo iba disfrutando poco a poco.
Qué me gustaba imaginarme como protagonista! Fui el conejito estresado de Alicia, la hermana sensata de Orgullo y Prejuicio, Peter Pan que era capaz de salir volando por una ventana y desaparecer hacia Nunca jamás…
Cuando todo terminaba, cuando la historia acababa, necesitaba meterme en otra, como una yonki que huye de su realidad. Lo que yo procuraba pasar por aquella adicción sin hacerme daño. Esperando que alguien me gritara bajo mi ventana un «Rampunzel niña hechicera, échame tu cabellera!» Hasta que caí en la cuenta de que no iba a venir nadie en mi ayuda y debía salir de aquel pozo oscuro yo solita. Poniendo una mano delante de la otra. Un pie delante del otro. Con esfuerzo si, pero empujada por todos aquellos libros, por todas aquellas historias. Por mis personajes preferidos.
Si tuviera a mi profesora delante ahora mismo, la abrazaría con fuerza y le daría infinitas gracias por darme un primer amor. Un amor de los de verdad. Mi tabla de salvación!
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De aquí a tres años
¿Cómo crees que será tu vida de aquí a tres años?
De aquí a tres años ni siquiera sé si seguiré por aquí. No me pongo en plan tremendista pero, la vida misma es así. Recuerdo los planes que hacía mi madre. Ella decía que solo había que visualizar lo que deseabas con muchas ansias. Tan es así, que, increíblemente, y ante las ganas locas que tenía de arreglar su casa del sur de la isla, visualizando, visualizando, ganó la lotería dos veces. No se hizo rica, pero consiguió, unos años antes de irse, de dejarla muy bonita. Menos mal que la disfrutó a tope!
Dentro de tres años tendré la edad de mi marido. 57 tacos. Y él, desde que sople sus 60, se jubila. Años de servicio plus edad, dan como resultado que él estará jubilado mientras yo voy a trabajar. Hay algún problema? Pues no. Cero. Siempre he sabido esa realidad. Y él tiene ganas de jubilarse desde hace ya un par de años. Tiene un trabajo que no te permite estar achacoso y él, sin estarlo ya, sabe que no vamos para jóvenes. Ley de vida!
Mi hijo tendrá catorce y, en esas fechas, ya estaremos mirando qué va a ser de su futuro. Querrá seguir estudiando? No? Será ya autónomo? Seguiré siendo su lóbulo prefrontal para la toma de decisiones, o habré sido sustituida por pérdida de confianza? Quien sabe!
Mi hija entrará en los dos patitos. 22 años. Yo, a esa edad pensaba muy seriamente en dejar esta vida y hacerme humo. Espero ser lo suficientemente sostén para que eso no le suceda. Habrá aprobado las oposiciones? Seguirá contando conmigo o pensará que, definitivamente soy una carca? Tendrá pareja? Será autónoma?Tampoco sé.
Lo que sí sé seguro es que me quedan cosas por ver, por perder, por ganar…Seré gestora? Me importa eso realmente? O preferiré seguir acarreando expedientes sin ningún compromiso, sin ninguna presión? No me importa realizar tareas que tienen que ver con mi puesto anterior. Aunque llegará un momento en que me pasará como a una compañera. Que la veía por el pasillo por donde hacemos el reparto y no sabía si reír o llorar. Demasiado mayor para tirar de un carro (literalmente).
No sé qué decisiones tomaré en unos días, cuánto más en tres años. Lo que sí pediría, con permiso de quien se está llevando la suerte que debería tocarme a mi, aunque solo sea por los años, es vivir tranquila lo que me quede. Que el mayor sobresalto que me lleve sea la subida de precio de un corte de pelo. No va a suceder, pero ya me gustaría ya!
Y, por supuesto, quiero salud, necesito salud, para poder seguir acompañando a los que me quieren. Nada más. Bueno! Eso, y algún viajecito más!
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El festivo
Invéntate un día festivo. Explica por qué todo el mundo debería celebrarlo y cómo.
Deberíamos celebrar el día de estar sanos y ser felices. Para ello propongo que, durante todo un día, hubiera una jornada de puertas abiertas al acceso a la salud. A la física y a la mental. Me encantaría que existieran una especie de escaners, de esos que parecen el dintel de una puerta, pasar por él y recoger un papelito después. «Mira, yo que tú pondría más atención en lo que te ocurre y deberías ir al psicólogo» o salir de allí con el nombre de un buen médico especialista en eso que te ocurre y que no sabes de dónde viene. Nada de resultados funestos. Solo consejos. Así nos evitaríamos situaciones como las que ocurren en muchas familias, donde un componente de la misma, peregrina por veinte mil médicos y chorradas hasta dar con lo que tienen.
Mi madre estuvo, pues yo creo que unos dos años, buscando respuesta a un síntoma que nadie sabía de qué era. Le hicieron dos endoscopias o tres, la mandaron a un logopeda para darle rehabilitación vete tú a saber de qué, le dijeron que era la helicobacter. No. Era el páncreas. Todo venía de ahí. Pero ni siquiera casi al final de su periplo médico daban con lo que tenía. Y solo hacía falta un escaner. O una radiografía. O yo qué sé!
Lo que sí sé es que a mi madre, si le hubieran planteado pasar por debajo de una estructura metálica para salir con un papelito que le dijera: «el problema de lo que usted tiene le viene de este sitio concreto, le recomendamos que visite a tal doctor» a ella le hubiera parecido divertido y práctico. Divertido porque a ella todas estas cosas futuristas le hacían gracia, y práctico porque no interrumpía ninguno de los viajes y homenajes que se dio para el cuerpo. Que fueron un montones y que, cuando pienso en lo que disfrutó respiro un tanto aliviada.
Y así debería ser ese día! Una celebración del hecho de seguir vivos, de respirar, de sentir el sol y el aire en tu rostro! Vivir una experiencia médica corta para aprovechar el resto de tu día, de tus días, como te da la gana. Eso sí, sin la obligación de ir al médico de marras si a ti lo que te apetece ante la enfermedad es ponerte de perfil. Que también sea válido vivir, y morir, como desees. Pero sabiendo que tú hiciste esa elección. Que decidiste no poner remedio. Porque no querías hacerlo. Porque vivir sin saber es otra forma de vivir. Y de morir!
Hoy he vuelto a desvelarme, pero si pasara ahora por el escaner, saldría con un papel que diría: «bienvenida a la vida en premenopausia, buen viaje!»
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Mis sitios web
¿Cuáles son tus sitios web favoritos?
Hace unos años, hubiera enumerado aquí páginas y páginas que solía visitar para sacar información sobre el autismo y sobre el tdah. Aún hoy día, visito alguna, como es el caso de autismo diario, porque Daniel Comín, que es quien la lleva, es más intenso que un perfume de Lancôme, pero es un tío que cuenta un montón de verdades sobre los engañifes que existen en este tipo de temas. Estafadores hay por ahí una barbaridad! Gente que te dice que tus hijos deben llevar determinada alimentación y que con ello mejorarán, ojo! eso ocurre solo en casos en que la persona autista tiene alguna intolerancia desconocida alimentaria. Que le pongas determinadas lavativas con determinados productos que ya verás que bien…y, cuando vas a la web de Daniel te dice lo que tienes que oir. A lo mejor no en un tono correcto, ya digo que es más intenso que el carajo, pero sí con evidencia científica. Y eso amigos, es algo indiscutible.
Recuerdo el día que lo conocí. Me fui a una charla suya en a tomar por saco en esta isla solo para escucharlo. Como una fan loca. Pues bien, en uno de los descansos, como buena fan loca, me acerqué a tantear el asunto de mi hija, que por aquél entonces, a algunos profesionales, solo les faltó decirme que la niña era de Marte.Es decir,estaba absolutamente perdida y quería respuestas. Y respuestas ya. No cuando la niña fuera mayor. Total, que le explico lo que hace la cría y bla bla y me suelta: «No sé qué problema hay en decirte desde ya que tu hija es autista». Me quedé con cara de tonta y luego me reí. Era la primera persona que era honesta conmigo y en ese momento se lo agradecí. Y siguió: «Yo creo que la niña va a salir adelante, porque por lo que cuentas solo, tiene un buen pronóstico. Eso sí, procura formarte para poder ayudarla porque así, como vas hoy, eres la víctima perfecta de cantamañanas». Y eso hice. Hasta hoy. He hecho formaciones en su web, en el año 2020 concretamente, que no dan titulación pero sirven para obtener conocimientos. Y eso es lo importante. Por lo menos cuando eres madre o padre. Cuando eres un profesional que necesita inflar su currículum no.
Otra web que visito mucho es esta misma. Quién me lo iba a decir! Mi hermana me dijo muchas veces que me abriera un blog y que escribiera y que ya vería yo que bien…Pero me costaba muchísimo contar nada que fuera mío. Sé lo vulnerable que te vuelves cuando eso sucede. Lo que no sabía era que, con esto de escribir, iba a poner en claro situaciones y malos entendidos que han habido en mi vida a lo largo de 19 años. He ido muy deprisa, he estado muy pendiente de mi hija, y he descuidado a otra gente a la que quiero. A mis hermanos, por ejemplo. Luego llegó el enano, no sé porqué le llamo enano si está tan alto como yo, y entonces todo se difuminó y solo tuve ojos para ambos. He descuidado incluso amistades, y me he visto más sola que la una, con una ansiedad a mil por horas, una depresión de caballo, que me empujaron finalmente a pedir ayuda terapéutica. Ahí llevo desde el 2020. Contando mis cosas a Elena, que así se llama mi psicóloga, encajando piezas, tejiendo, reconstruyendo la persona que fui y a la que había olvidado. Se puede uno mirar al espejo y no reconocerse en absoluto. Y eso me pasó a mi. Hasta ahora, que empiezo a ser la persona que fui.
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REVIVIR
¿Hay alguna edad o año de tu vida que te gustaría volver a vivir?
Si hay un año que me encantaría volver a revivir sería el año 2020. Algunos pensarán, «pero qué dice la loca esta??» «Qué se tomó??»
El año ese fue para mi un año de aprendizaje total. Cuando llegó el confinamiento, me di cuenta de qué y cómo estaba mi hijo. El ver a qué nivel estaban sus conocimientos de algunas asignaturas me llenó de horror, y eso que soy una madre que, quizás está demasiado encima de sus hijos, pero también soy mayor y, como todo ser humano de mediana edad, cometo errores y tengo despistes garrafales.
Lo bueno es que, sin necesidad de trasladarme a ningún sitio, conseguí que lo valoraran, primero online, y, cuando pudimos salir, presencial. Y ahí sí que se detectó lo que yo ya estaba viendo en casa. Que tenía un tdah que lo imposibilitaba para estar medianamente concentrado en ninguna actividad. Menos ver dibujos animados. Saltando eso sí. Con Bob Esponja de fondo. Así estudiaba yo para las oposiciones. Preparando el exámen en la cocina mientras lo veía a él en el salón, saltando y agitando sus manos. Muchas veces lo vi que las movía tan rápidamente que, me acercaba a él riendo y le decía que era como un colibrí, y, como él no sabía qué era eso, se lo enseñé con don Google en el móvil. Le gustó lo que vio y a mi me gustó estar con él y compartir mis días, esos días tan raros en los que solo podías salir a comprar, con mis hijos en casa.
Luego llegó mi cumpleaños. Mi cincuenta cumpleaños. Y, yo, que pensaba vivir el momento de manera épica, me tuve que conformar con hacerlo con mi madre. Solamente. Vamos!! Conformar es solo una manera de hablar! Ese mes que estuve con ella a solas fue el mejor mes de mi vida. Recuerdo aún el día en que me dio migraña y ella me puso un paquete de guisantes en la cabeza. Mientras descansaba de aquella manera ridícula, la oigo subir las escaleras de su casa corriendo, para decirme muy contenta que su marido había decidido no coger el avión para estar juntos. Ella estaba feliz y yo también. Iba a poder vivir unas vacaciones sin interrupciones. Sin tener que compartirla con nadie. Disfrutar de nuestras conversaciones, de nuestras confidencias.
Cuando se acabó el mes y cada una debió volver con su rutina, nos separamos con las pilas cargadas. Esa fuerza que ella me dio en aquél momento me sirvió para luego despedirla en un adiós definitivo al año siguiente. También me ha servido para todo lo que vino después de su marcha.
Me hubiera encantado que estuviera conmigo en estos momentos difíciles que he pasado. Saberme engañada, vulnerada mi seguridad…me ha hecho sentir con ganas de no salir de casa. Pero he pensado qué habría dicho mi madre y, con ello, he tirado para adelante. Con mucho gusto, volvería al momento justo en que nos vimos después de estar confinados y me preguntó que cómo nos saludábamos. Yo le contesté con un abrazo apretado y un beso milenario. Si tuviera que volver a algún día concreto sería ese. Y me quedaría ahí. En ese beso. En ese abrazo.❤
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Lo que se debe saber
Dinos algo que creas que todo el mundo debería saber.
Se debe saber que, la vida, esa que creemos larga y fructífera, puede no serlo tanto. Que no debemos amargarnos por cosas que no tienen remedio. Que, hay gente a la que consideras amiga capaz de venderte por treinta monedas de plata y, gente que, sin tú pretenderlo, se convierten en una forma de salvavidas que no puedes creer si quiera, que eso pueda ser cierto. Cuya generosidad se ofrece acompañada por la frase: «porque sí!» Alucino mucho cuando, alguien que te conoce de anteayer, te ofrece una cama, un plato, su tiempo…
Se debe saber que puedes pasar sin un montón de cosas que consideras imprescindibles, mientras vas posponiendo algo tan fundamental como tu salud.
Hoy nos ha dicho nuestro jefe que, la tan temida palabra cáncer ha vuelto a su vida y, mientras lo miraba, conseguía visualizar todo aquello que él daría por recobrar su salud y morir de viejito. De la mano de sus hijas. Puede que eso suceda! No hay porqué ponerse en lo peor! Pero eso sí, no nos creamos la última coca-cola del desierto. La salud es lo que mueve todo en la vida. Tanto es así, que, si ella falla, viviremos algo que es muy democrático. Morir. Lo único que toca a todos por igual. Seamos felices! El ratito que vamos a estar aquí, lo merece!
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Un niño
¿Qué significa ser un niño de espíritu?
Ser un niño de espíritu es mirar al mundo con ojos limpios y claros. Con ojos curiosos. Reír ante cualquier situación por poco graciosa que esta sea. Para eso los críos tienen la virtud de sacar lo mejor de lo peor. Y hacerlo con ganas.
Tener un espíritu de niño es tirarte en el suelo con él, a jugar a lo que le apetezca, disfrutando de ese rato sin pensar en nada más. Ni siquiera comer.
Es revivir tu infancia cada día. No añorarla. Sentirla aún en tu piel.
Es creer aún en la magia, en duendes y hadas, en la humanidad misma. No pensar que el que tienes en frente no es más que un sinvergüenza sino darle el beneficio de la duda. O mejor, un voto de confianza que es algo que, con el paso de los años se convierte en cinismo y suspicacias por las huellas que la vida ha ido dejando en nuestro ADN.
Cuánto me gustaría volver a ser niña! Aquella que, con sus coletas y sus botas ortopédicas era capaz de saltar el tramo de diez peldaños de escalera, hasta la puerta de la casa de su abuela, casi sin sujetarme y sin romperme la cabeza. La que esperaba con ilusión la noche de Reyes o al Ratoncito Pérez. La misma que se emocionaba cuando era su cumpleaños, la que, durante un minúsculo intervalo de tiempo pensó que la vida era sólo eso. Vivir y disfrutar.
Ahora deberíamos todos hacer lo mismo. Vivir y disfrutar. Antes de que la vida nos saque tarjeta roja y pasemos por el túnel de vestuarios lamentando no haber aprovechado más. O jugado más!
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El genio
Si un genio te concediera tres deseos, ¿qué pedirías?
Hace un montón de años, cuando por el mundo andaban cuatro gatos, había un chaval que vivía en una casa, con toda su familia, pasando más hambre que los perros de la calle.
Tenían tres habitaciones y una cocina minúscula. En una habitación, dormían sus padres, en la otra, sus tres hermanas, y en la última, él con sus dos hermanos. La casa sólo tenía una ventana y, cuando su madre preparaba la comida, la vivienda se llenaba de humo, y, las narices de todos, terminaban con la punta llena de hollín. Eran felices, porque al que nada tiene, solo le queda hacer feliz a quienes ama.
Un día, para engañar a su cabeza, y a su cuerpo de que tenía mucha hambre, salió a dar un paseo por los alrededores. Iba cabizbajo, triste. Mirando al suelo, se encontró con algo brillante a lo que dio una patada. Sin pensar. Luego, descubrió que el objeto podría ser valioso y se puso a frotarlo para ver si era de oro.
Para su enorme sorpresa, salió de allí un genio que le dio las gracias por haberlo liberado. Que estaba harto de vivir encogido en aquella lata, de no poder ver a otro ser vivo, de vivir, además, en la oscuridad. Le dijo que le iba a conceder tres deseos y que pensara muy bien cómo emplearlos.
El muchacho decidió que, para su familia se había acabado eso de pasar hambre y que ya no les faltaría dinero para gastarlo.
Luego pensó en sus vecinos, igual de pobres como ratas, y decidió que, porqué no, la suerte se extendiera a ellos.
El genio le dijo que solo le quedaba un deseo. Que lo meditara antes de decirlo. Abrió el joven un momento la boca para pedir el amor de una muchacha a la que hacía tiempo que amaba cuando se fijó en la mirada del genio. «Vaya!» Pensó. «No conozco a este genio de nada, y ya me importa el hecho de que él sea tan feliz como ha hecho a mi familia». Entonces le dijo al genio que deseaba que no volviera a aquel objeto dorado. Que él sabía de vivir en un sitio oscuro y minúsculo y que no quería vivir sabiendo que, su felicidad iba a depender de la infelicidad de otro.
El genio sonrió al joven y le deseó toda la felicidad que merecía con las riquezas concedidas. Se giraba para marcharse cuando el joven lo paró. «A dónde irás ahora que eres libre?» Se quedó un rato pensando y contestó: «A ver mundo, a dormir viendo las estrellas, a conocer gente…» » Vale!» le dijo el chico, «pero qué te parece si vienes a mi casa sólo por esta noche? Así me explicas cómo acabaste ahi».
El genio asintió con la cabeza y, juntos se fueron hablando de mil cosas. No durmieron esa noche y, al día siguiente, salieron los dos de la casa del joven a vivir aventuras…y esa, amigos, ya es otra historia!