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Las opiniones hirientes
Después de la llorera del jueves noche, oí a mis hijos en el salón hablando muy bajito. No quise saber qué decían porque por eso hablaban en ese tono, para que yo no me enterase, así que cogí mis auriculares y me puse a ver algo superficial en la tablet para distraerme.
Al día siguiente, cuando le dije a mi hija que yo no estaba hecha de acero, me explicó que les había quedado claro a ambos lo que yo afirmaba. Luego me explicó que, a la pregunta del enano de porqué lloraba mamá, ella le contestó que, como a mí me pasara algo iba a estar más jodido y solo que el carajo. Que yo era la única persona en casa que estaba pendiente de todas sus cosas y, que, si seguía siendo un indolente para los estudios, iba a caer por una ladera tan alta y profunda que le costaría el futuro.
Cuando oí sus palabras sentí una pena infinita por el niño que me llevó a mi propia infancia. Yo era una niña buenísima que no se movía ni hablaba mucho para no molestar. Cuando comencé en el colegio, con tan solo cuatro años, recibí más golpes que explicaciones. Llegaba a mi casa con los pantalones empapados en orines y, como iba en un microbús, ponía mi chaqueta debajo del trasero para no mojar el asiento. Luego la profesora me hacía un gesto, me ponía a su lado, y mientras yo bajaba de la guagua, iba contando loas al día que había tenido. Yo no prestaba atención. Yo solo quería llegar a casa. Además, aquello que le contaban a mi madre no era algo que hubiese vivido así que para qué sonreír o pararme junto a ella. Mi madre que era joven, estaba embarazada y no era tonta, empezó a sospechar que algo no iba bien. Qué eufemismo!
Luego fui a otra guardería en el que fue el año más feliz de mi vida escolar. Acababa de nacer mi hermana y eso, junto con una profesora maravillosa que alucinó mucho cuando a mi primer error puse la mano para que me diera un reglaso, me hizo avanzar lo que no hice el año anterior.
Vuelta a otro cambio de colegio y vuelta a los golpes y castigos. Con su poquito de explicaciones y tal, que no se diga que tenemos a toda esta gente solo para zurrarles!
Luego fui al colegio donde acabaría mi viaje escolar, que comenzó con una profesora que, cuando te veía distraída, hacía sonar una campana de acero junto a tu oreja.
Al año siguiente tuve a otra maestra que me dijo que yo era un burrito, con orejas, rabo y pelaje incluidos pero que con su magia, ella iba a conseguir que fuera una especie de Pinocho a la inversa.
Tras un año de altibajos, llegué a un curso donde, mi profesora de inglés y de lengua, una mujer que había sido enfermera en los United Kingdom, no hizo otra cosa que criticar, palabras textuales, «mi horrible letra». Siempre se me dio bien la asignatura y a ella se le dio mejor llegar a suspenderme porque mi letra era un asco. Me castigaba sin recreo y me llevaba a un aula donde habían ovejas descarriadas como yo, a hacer caligrafía.
Los dos últimos años en el colegio, tuve la suerte de tener algo más de soporte. A lo que sucedía en casa de mi abuela se unió el que mi madre cogiera las de Villadiego, mientras yo hacía equilibrios para no partirme la crisma. Me cambiaron a la profesora y ese año a miss caligrafía la reubicaron en religión. Otro error. Tenía una compañera a la que, siendo de una religión distinta a la nuestra, debía asistir a sus clases, donde se le explicaba cuan equivocada estaba su familia y ella en lo que a creencias se refería. Y allí estábamos el resto soportando aquella turra de mierda.
Teníamos una profesora de esas dos asignaturas muy seria y con mucho desapego a su alumnado que ella mantenía a una distancia prudente. Era educada, culta, llevaba gafas de sol por un problema en sus ojos y jamás sonreía. Yo hacía todo lo posible por agradarla porque su rollo en clase me gustaba y mucho. Cero humillaciones, cero chapas, bien de explicaciones maravillosas.
Un día empezó a pedir los deberes a la clase y, no recuerdo porqué, casi ninguna compañera los había hecho. Llegó a mi y me hizo poner en pie. Fuimos corrigiendo ejercicio por ejercicio y, para mi agrado, los iba teniendo bien. Llevábamos cerca de una hora con la corrección y la oigo hablar de que no podía estar más orgullosa de una persona como yo, que, no solo había realizado la tarea, sino que la había hecho fetén. Me dijo que no dejara que nadie nunca me dijera otra cosa que no fuera que era una mujer trabajadora. Una mujer. Yo parecía una bombilla roja como un tomate, aguantando la emoción y las lágrimas de oír a alguien hablando bien de mi. Me pidió que me sentara y, al hacerlo, noté que me había transformado y pensé que, si algún día tenía hijos, nunca, jamás, en la vida, permitiría que nadie los hiciera de menos ni los abandonaría. Esa es la razón por la que doy el mil por cien con el enano. Porque debe estar harto de que lo consideren un fracaso y yo debo empujarlo para que él vea que lo que dicen de él no tiene porqué ser necesariamente verdad. La infancia necesita nutrirse solo de cosas bonitas para que, al crecer, sean como esos árboles espigados y hermosos. Esos a los que solo son capaces de mover el viento y no la rabia ni la frustración, ni la incompetencia.
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La vida ideal
If you had to describe your ideal life, what would it look like?
Si describiera en algún momento de hace 30 años cómo sería mi vida ideal en el futuro, hubiera dicho que una vida sin ataduras. No andaba en mi cabeza casarme ni tener hijos pero, el tiempo, la madurez, todo mezclado con un poco de insensatez dieron como resultado otra cosa.
Tener hijos es algo precioso que se transita, si asumes que todo puede ir muy bien pero también terriblemente mal, y si aceptas todo lo que venga. He visto compañeras de trabajo confesarme, y hacerme jurar que su secreto estaría a salvo conmigo, el que sus hijos habían dado con sus huesos en prisión. Algunos por meses, otros por años porque se dedicaron al tráfico de drogas, y, para eso, la pena mínima es de 9 años, incluido ese delito en el que eres madre y visitante, y, convencida por tu hijo o por tu pareja, decides que llevarles droga a la prisión no es una mala idea si lo piensas con la cabeza encajada en las axilas. He vivido enfermedades de años, discapacidades enormes, he visto llorar a padres porque sus hijos, esos niños a los que habían idealizado desde el útero materno, resulta que no quiere jugar al fútbol. Vaya por Dios! He visto parejas destrozadas porque su hijo decidió marchar antes que ellos…en fin, que el tener hijos es una aventura, si, pero en modo yinkana, aunque las cosas vayan como la seda!
Toda esta chapa que he pegado es introductoria a la semana de mierda que llevo con mis retoños. Desde el «tengo que hacer un trabajo y va de esto» y resulta que no, que ha malinterpretado lo que ha dicho la profesora y vamos a hacer la tarea el puto día antes porque su profesora es alérgica a la aplicación escolar, hasta la desregulación que lleva mi primogénita que es ya de traca. Entre unas cosas y otras, porque no puede hacer el enano las tareas sin ayuda, y porque subirlas a la aplicación requiere de un conocimiento tecnológico que aprendí durante el confinamiento, y que olvidé en cuanto mi madre marchó, nos estábamos acercando peligrosamente a lo sucedido. Mi cerebro decidió ocupar espacio ram de memoria cerebral para instalar el dolor y decidió que eso eran chorradas olvidables y prescindibles. Lo de la aplicación digo.
Total, que olíamos a drama familiar desde lejos y ya desde principios de año. «Divorcio is coming» me dice mi primogénita cada vez que me la cruzo por el pasillo y ahí está la causa de su desregulación. La incertidumbre de no saber qué va a pasar con nosotros como familia. Nos íbamos deslizando por un meandro tranquilos y en paz, y hemos entrado en una zona donde debemos remar con mucha fuerza para no ahogarnos. No saber qué va a pasar es lo peor para un autista y eso, ahora mismo, es algo que se respira con fuerza en mi casa.
Todo saltó por los aires el jueves. Mi hijo debía hacer un video en inglés explicando un libro, video que quise evitar correo electrónico mediante. No hubo suerte. Me iba al gimnasio y los dejé a ambos en proceso de grabación muertos de risa. Al volver el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Cuando pregunté, mi enano me miraba lloroso mientras también lo hacía de soslayo a su hermana. Al dirigir la mirada a ella noté que estaba a punto de explotar. Ya había amagado durante la comida pero desactivé la bomba, bueno no, solo pospuse la catástrofe unas horas. Ella fregaba y yo trataba de calmar toda aquella ira, pero qué va! No tuve suerte! Y entonces ocurrió. Me gritó. Me amenazó. Me dijo que estaba sola con todo, incluido lo de enviar lo del trabajo a la plataforma. Yo estaba tan nerviosa que no daba pie con bola con la tablet y le pedí ayuda. Me dijo que no de una manera muy desagradable. Entonces me quedé de pie allí como la mujer de Lot, como una estatua de sal, y noté que me rompía, sin poder evitar el derrumbe. Lloré y lloré y lloré, tanto, que nos fuimos a acostar los tres con el estómago encogido. Ellos de verme y yo de no cenar después de semejante mal trago.
Al día siguiente nos fuimos a comer juntas. Me pregunta que porqué había llorado de aquella manera. «Porque soy humana hija! Porque me crees fuerte pero solo soy una mujer vulnerable que trata de salir de esta crisis con el menor número de heridas posibles». Como si las heridas pudiéramos evitarlas! Creo que en ese instante dejé de ser la madre fuerte para ser una mujer hecha de barro que comete errores y que no puede saltarse esta etapa de catástrofe por la que estoy pasando. Pero no me importó. Porque soy todo lo que ha pasado en mi vida. Para lo bueno…y para lo no tan bueno. Ojalá haber tenido una vida en que lo más emocionante que me hubiera pasado es descubrir que hay un nuevo sabor de mi helado preferido! Por ejemplo! Ojalá haber tenido una vida sin tantos sobresaltos. Ojalá!
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Feliz día de la madre!
Querida mamá! Hoy te escribo esta carta para felicitarte por el día de la madre y así, te pongo al día de las últimas novedades. Sabes que, al mes de tu irte me presenté a las oposiciones y las aprobé? Si. Y lo que es más increíble, me quedé a menos de la mitad de la tabla! Desde ese entonces ya puedo decir lo que decías tú, mi hija es funcionaria…y ahora podrías añadir, de carrera. Lo más increíble de todo es que, tu nieta, obligada mucho por las circunstancias familiares, esto es, por no tener dinero para poder sostener su carrera, se presentó a las mismas que yo, y, al segundo año las aprobó. Cuando me enteré de su gesta, salí corriendo a abrazarla, y lloré mucho y pensé en ti. Cuánto querías a tus nietos! A las niñas las dotabas de poderes incluso extrasensoriales y cósmicos para esto del estudio. Al niño…bueno! El niño había sido un fallo vital que había venido a llenar nuestros días de risas, que hoy día, si no fuera por su sentido del humor, la vida aquí en Avatar sería como pasear por un pueblo abandonado a las tres de la tarde. Un aburrimiento supino!
El roro, ahora llamado enano, aunque ya queda poco para soltar lo de enano, va para adelante, con muchas dificultades, pero va. Es cierto lo que decías de que los chicos tienen más problemas que las chicas. La primera de todas, vivir su autismo sin enmascarar nada, y eso, mutti, hoy día es hasta pecado. Todos debemos dar apariencia de normalidad, aunque luego nos pongamos a hablar con otra persona por videollamada en una guagua atestada de gente, a grito pelado, o lleven unos altavoces para poner la música en la playa porque deben desconocer la palabra auriculares. Eso no importa. Lo que importa es que tu hijo se levante de la mesa y aletee las manos como un colibrí. Eso está fatal. Lo de ellos es moderno y constitucional, que ya me gustaría darles con el BOE en la cabeza, también te digo! Lo de mi hijo es distinto y por lo tanto molesto y, por lo tanto, la sociedad preferiría que ya si eso, no salga de Avatar para nada. Ni para estudiar. Para qué están sus padres?
Mi aún marido y yo vamos regulinchi, aunque en realidad entramos en ese estado cuando nos dieron el diagnóstico del enano en el despacho del neuropediatra. Ahí todo cambió en nuestras vidas. Ahí me sentí la rubia de la familia Monster, y quise decir que yo si tal me iba yendo de Avatar. Recuerdo que me dijiste que uno abandona el barco, deja de intentarlo, por falta de amor a su pareja pero que debía pensar en mis hijos y en lo extraordinarios que son, y entonces te emocionaste y yo te acompañé en el llanto. Cómo echo de menos las conversaciones contigo! Cómo me encantaría volver a reír como lo hacía junto a ti! Ya no he vuelto a reír igual jamás de los jamases. Como diría Bob Esponja, mi compañero de fondo mientras estudiaba en la cocina, se me rompió la caja de la risa, y me volví Calamardo, y, de repente, al mirarme al espejo descubrí un rostro que no era el mío. Era el de una mujer mayor, que había recibido muchos palos y a la que la vida no le importó cero arrebatarle de lo poco importante que había a su alrededor. A su madre. A su amiga. A sus risas.
He de contarte una última cosa. Cuando pasamos juntas el último verano, tuve la sensación de que el cosmos me decía que espabilara y aprovechara porque esa sensación de bienestar se iba a tomar muchos vientos. Te dije que te miraras aquello del estómago con aire preocupada porque sabía de lo que era capaz la vida. Y así fue. Porque mantener a mi lado a alguien como tú era para ella como un poquito demasiado. Qué hijaputa! Pero no importa. Como decías «tú ponte de perfil como la Nefertitis y deja que todo fluya!» Y aquí sigo, fluyendo. Como diría Sabina «extraña como un pato en el Manzanares. Así estoy yo sin tí».
Un beso grande mamá! Dale otro a la abuela de mi parte y felicítala por mí. Las quiero mucho a ambas, y siempre, siempre, las llevaré en mi corazón. 💕 Te quiero a morir!
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Camino a la sanación
Tengo una especie de paralís biológico producto de este Bornout que transito y que me impide o me pone zancadillas para que me encargue de lo que es ahora mismo prioritario. Me apetece solo estar metida en la cama, sin ser molestada por nadie, y eso, ahora mismo, es imposible. Bueno! Siempre lo es, pero ahora el niño encara su tercera evaluación y hay que echar el resto. Sabe alguien cuánto es el resto de nada? Como palanca para salir de esta situación, he vuelto al gimnasio al que no iba hace un mes. El peso que me pongo en la barra es pequeño pero debo volver a recuperar mi forma poco a poco, sin prisas. Ya hablé con uno de los monitores, en parte por desahogo, en parte por si él, desde su experiencia, aporta alguna idea que me pueda ayudar. Y eso ya es novedad. He pedido ayuda!
A consecuencia de esto que me pasa, he perdido mi plaza en la piscina municipal. Fui a pagar la mensualidad y, al pasar la pulsera para acceder a la oficina, me vi con un mensaje en la pantalla que me decía que me habían dado de baja. He respirado tranquila, he salido de allí y he elegido dar un paseo hasta casa en vez de coger la guagua para atemperar mi ánimo. He tomado la decisión de no flagelarme ni hablarme mal. «Ya volverás! Cuando todo esto pase, volverás» me he dicho, y, con ese mantra que daba calorcito a mi alma he llegado a mi destino.
También me he dedicado mucho mucho a la lectura. Al audiolibro concretamente. Me decidí al principio por una escritora sueca, Camila Läckberg, y su «Una Jaula de Oro» pero…no pude acabarlo. Empecé a meterme demasiado en la historia y esto me llevó a una angustia innecesaria ahora. Volveré al libro en otro momento. Sin prisas. Como con la piscina. Ninguna de esas cosas es importante y yo solo debo realizar lo que lo es. Despacio. Como cuando se pisa suelo lunar. Ese rollo. Así que, en este conjugar los verbos descansar y priorizar, mirando videos de tik tok, sí, esta aplicación del demonio es otra cosa que debe una utilizar como si desactivara una granada, descubrí a la dueña de una librería que recomienda muchísimo los libros de Pedro Simón, y, como no tenía el gusto, y ella me parece una lectora con solvencia, me pedí en la biblioteca dos audiolibros y dos libros electrónicos, todos del mismo autor, por esto de que la distancia física con la biblioteca más cercana a mi casa me impide estar yendo cada semana, por poner un ejemplo a elegir y devolver. Total, que estoy con «Los incomprendidos» y este sí que sí. Hay su poquito de drama y una historia que puedo leer sin que mi alma se haga pedazos. Tengo que recordar el ponerle un comentario a la librera por esa recomendación. Pedro Simón escribe maravillosamente y a mí, su libro, me lleva de camino a la sanación.
A consecuencia de este estado mental que transito, y como si no fuera ya poco lo que llevo, el domingo anterior, a las 8 de la tarde recibo un correo de la profesora de inglés de mi hijo. Que no había realizado una redacción pero que si el lunes la entregaba, ella, ser de luz por excelencia y magnánimo donde los haya, le recogería la tarea. Hice la croqueta y escribí yo misma una redacción porque él ya dormía. Al día siguiente le cuento a mi hijo y él me dice que esa tarea ya la había hecho pero que no entendió que debiera entregarla. Contesto el correo a su profesora y le digo que estos malos entendidos se hubieran resuelto si pusiera la tarea en el classroom. Ser de luz no me responde. Como para ponerme en mi sitio, recibo otro del profesor de biología. Que en el examen del viernes (estamos a lunes y él, curiosamente, lo recuerda ahora que he escrito un mensaje explicando lo que pienso de ser de luz y compañía) mi hijo ha dibujado un pene en el examen y que, al llamar la atención de mi hijo autista delincuente, éste no le hace caso. Le sigo el juego y cuando me encaro al enano me comporto como lo que soy, una persona que no está para afrontar estas chorradas desde la serenidad. Salimos de casa para la terapia y el niño va llorando todo el trayecto. Llora durante toda la terapia. Llora el camino de vuelta. Lo abrazo fuerte al llegar a casa y me explica que ya se había disculpado con su profesor y que el dibujo no lo hizo en el examen. Le escribo a éste y le contesto que haga lo que quiera con la nota (me había dicho que dibujo de pene era igual a suspenso) que ya habíamos hablado con el niño y que me disculpaba por lo sucedido. Demasiadas explicaciones a gente que trata a mi hijo como si a éste no le pasara nada. Como si él no sintiera, pensara, entendiera, de manera diferente. Como colofón, pasa el crío por una migraña tan fuerte que el martes no va a clase. El lunes próximo le voy a escribir un correo a su tutor. Uno en el que voy a dejar nítidas las líneas de actuación del próximo curso. Pero eso será el lunes. Hoy voy, sin consigo ánimo suficiente, a salir de entre estas sábanas atrapa-sueños y ponerme las mallas del gimnasio. Que ya solo el ceñimiento debería considerarse como un deporte de riesgo. «Serán solo 45 minutos» me digo para animarme. Pero es tan fuerte el olor a quemado que desprendo!
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El cumpleaños
Hoy es el cumpleaños de mi aún marido, y ya comienza su cuenta atrás para la jubilación. Echando la vista atrás, parece que fue ayer cuando nos conocimos, hasta que recuerdo que, para saludarme, a mi que iba vestida de negro, lucía una esplendorosa rapada rebelde, fumaba y lo miraba como a una bacteria peligrosa, producto de haber conocido cero hombres normales a mis dieciocho, me dio la mano. Él no podía adivinar la depresión de caballo que llevaba, ni que unos años después esa misma enfermedad me llevaría a decir que hasta aquí, que ya había tenido suficiente. Tampoco intuyó mis múltiples problemas y era tan ingenuo que pensaba que no entraba a la casa de mi abuela porque no sabíamos si lo nuestro iba en serio. Yo procuraba meter toda la mierda bajo una alfombra imaginaria que dio como resultado que un día, sin yo poderlo remediar, el problema se lo encontró de frente, y ese día, pensé que él no sería lo suficientemente fuerte para sostenerme. Me equivoqué. Aún así, sentía tanta vergüenza, él era tan ingenuo, y yo estaba tan harta de todo que un día le dije que habíamos terminado. Seguimos en contacto por esto de que él pensaba, con toda la razón además, que un día acabaría malamente todo ese drama familiar a la italiana, con gritos, con violencia, pero sobre todo, con seres humanos que vivían al límite de su psique. Lo que no sabía él es que yo, cada noche, como un general, planeaba una estrategia vital a una semana vista. «No te rindas, hay algo más allá de ese horizonte» me decía, pero perdimos el contacto y yo me desconecté de la única persona medianamente normal de mi vida. Entonces llegó el día de «hasta aquí!» y, tras fallar en el intento, hecha un auténtico estropajo, salgo de la Escuela de Turismo y zas! me lo tropiezo, como en las pelis. Le cuento que he decidido irme a vivir con mi madre y veo en su cara una profunda tristeza. Me invita a salir la víspera de mi partida y ahí me pide que le escriba. Me echo a reír y le digo que vale. Siempre me ha gustado escribir.
Íbamos a entrar en el año 92, en el año de las Olimpiadas, de la enfermedad de mi hermano, de no puedes vivir con tu madre porque ésta repite los mismos patrones dramáticos que tu abuela solo que los de tu abuela ya los tienes aprendidos y no quieres hacer lo mismo con tu madre. Y te vas. Y organizas tu vida de otra manera, y, un día, nos volvimos a ver y ya fuimos inseparables. Él me planteaba dudas vitales y yo se las resolvía con eficacia. Entonces parpadeamos dos veces y nos vimos con dos hijos, una hipoteca, un coche y mucha mucha pelea, pero ahora de otro estilo, la que sirve para convertir a tus hijos en seres humanos autónomos.
Hoy he acechado al dueño de la dulcería de la esquina y, cuando la he visto abierta, he corrido para comprarle una tarta de cumpleaños sabor polvito uruguayo, su preferida. Cuando la he enseñado, ha pensado que era de queso (odia el queso) lo que da una idea del viraje de nuestra relación, le hemos cantado el cumpleaños feliz, ha abierto el regalo de su madre, que le he adivinado que eran calcetines y calzoncillos, se ha arrastrado hasta la cama que trabajó de noche, y se ha dormido como un bebé.
Hoy iremos a comer fuera, a un restaurante de pescado que ha elegido él. Como siempre, lo hará sin reservar, porque odia hablar por teléfono y saldremos sobre las doce y media porque odia esperar y las colas. Él es así! y, cuando le decimos que es tan de Avatar como sus hijos, se pone en modo hiperfoco y ya no lo sacas de ahí hasta que le pones la comida delante. Ha sido un tío con suerte a diferencia de mi que siempre he bailado con la otra cara de la moneda.
Anoche soñé que me decían que había fallecido pero, al entrar a la habitación descubrí que solo dormía. Y pensé en su suerte, en que solo a él podría pasarle esa resurrección, solo él podría sorprenderse al ver mi cara de preocupación. «Te dije que te cuidaría siempre! No puedo dejarte aún!» Me dijo. Y entonces, me desperté.
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La compañera
Escribo desde mi cama. Hoy no me apetece hacer nada más que escribir cuáles han sido mis sensaciones aquí en Avatar y poco más. La lavadora y la ropa sucia me gritan que me ponga las pilas pero yo estoy haciendo oídos sordos tan ricamente. Creo que, por lo que oí en un video del Dr. Mau, que, para quien no lo sigue en Instagram, es un médico que trabaja en USA, tengo lo que viene siendo un Bornout producto del trabajo ejercido durante mi jefatura. Ahora queda recomponerse y salir airosa de esto que me pasa. Este cansancio extremo, este no importarme nadie más que los míos, y a ratos! Este olor a carbonilla que desprendo…no sé. Tal vez sea que me hago mayor y ya, pero desde luego, tengo que buscar la fórmula que me haga volver a ser la misma que hace dos meses atrás, y no el guiñapo que escribe entre sábanas, incapaz de poner un pie fuera y hacer una lista de cosas pendientes que, si las pusiera en fila, ya habrían dado la primera vuelta terrestre. Como punto número uno, la declaración de la renta. Socorro!
Mi trabajo es ahora prácticamente físico. No tienes que pensar, ni que romperte el coco con nada. Los lunes y los miércoles bajamos al archivo de piezas de convicción (básicamente las pruebas de los delitos) y surtimos a Audiencias y penales de lo que se llevan a los juicios. Dinero falso, móviles, prendas íntimas que, según al lugar al que vayan, hago un relato inventado de lo que puede haber sucedido. La segunda vez, venía del Juzgado de Violencia sobre la mujer y se me ocurrió un relato tan pormenorizado, que mis compañeras me miraron con ojos de sospecha. Debo dejar de dar rienda suelta a mi imaginación o debo no compartir todo lo que pienso con gente que no me conoce, como paso previo a no dar pábulo a rumores. Tengo que tener un perfil bajo, pero es que aquellas tres pruebas me lo pusieron a huevo. Lo que debió pasar en aquel delito se contaba con aquellos tres artículos.
Para colmo, tengo una compañera que es de Avatar. Y no lo digo yo, sino que lo sospecha ella y a mi, que me contó su sentir, me salió el diagnóstico como el relato de las pruebas. Solo. Ella viene de haber trabajado un año en penal y debe ser tan de Avatar que su jefa, sospechando un abuso de su compañera, dividió el trabajo de ambas en dos sin necesidad de oir a la otra parte porque el abuso se podía, incluso, documentar. Eso no suele ocurrir en las torres donde trabajo. A los jefes esas cosas le pasan desapercibidas. No me contó detalles porque se ha quedado tan afectada, que cuando le dije que ese era mi mayor miedo con mi hija, esto es, que venga alguien y se aproveche de su ingenuidad, le cayeron dos lagrimones gordos por su rostro menudito, pero me los puedo imaginar porque la otra es una mosquita muerta nivel pro. Pone hasta voz infantil excepto cuando cree que nadie la oye. Su «no tenía que haber pedido este destino» lo hizo con voz de mujer pasando los 55, y no con la de niña de 7 años que es el que utiliza habitualmente, pero claro! No sabía que yo estaba cerca parapetada entre dos pantallas de ordenador. Se me erizan los pelos de la nuca solo de recordarlo.
Le he dicho a mi compañera que, mientras estemos juntas, mientras el grupo siga siendo así de numeroso, procure mantener las distancias con la interfecta y se arrime a sombras como la mía, que estoy tratando de hacerme humo y que no se note ni mi presencia ni mis ausencias. Así evitaremos problemas y posteriores conflictos. Sálvese el que pueda de gente que llega a un sitio y dice eso de «yo no quiero problemas, yo solo vengo a trabajar» porque esa gentuza…miente! Y cuando te das cuenta te han aislado y han conseguido que no te hable nadie porque se han dedicado a explicar no se qué y solo te queda mirar a los demás con cara de tonta, porque, encima, somos tan maduros que, ante los problemas elegimos el silencio, con la excusa de que no queremos pasar al lado en el que se encuentra la persona aislada. Por cobardía. Ya le he dicho que me he topado con muchas personas así en mi vida y que a mi el conflicto me pone cachonda, así que, si lo desea, puede ponerse junto a mi y dejarme a la matona de pacotilla esta. Sé que no se van a producir situaciones como las vividas en el penal de donde viene, básicamente porque para eso tendría que oler a miedo porque este es el arma que utilizan las personas que hacen como Yago, el personaje de Otelo, tirando la piedra y escondiendo la mano. Y yo no destilo ese aroma! Yo al miedo lo he mirado muchas veces de frente!
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Recuerdos
Te hecho de menos. Cuando miro a mi hijo y caigo en la cuenta de que no le viste cumplir ni siquiera el año, siento una tristeza profunda porque tu muerte fue un fracaso médico y del entorno. Cuando alguien toma la decisión que tú tomaste, los que nos quedamos aquí rumiamos qué pudimos haber hecho diferente, si no contestamos a tus llamadas con la suficiente celeridad, si no te dijimos demasiadas veces lo que te queríamos. Mi madre te recordó hasta el último día de su vida y, cuando partió lo hizo en el temor de no verte al otro lado, porque su educación le hacía creer que tú irías a Boston y ella a California, hasta que yo la tranquilicé diciendo que sí que sí que tuviera la esperanza de que eso ocurriría. Entonces se fue con su alma más ligera al otro lado!
La depresión, y quien lo ha vivido lo sabe, es como un monstruo gigante pegado a tu espalda, que va alimentándose de tu energía y acabas como lo hiciste tú, arrastrando los pies como un anciano, abrazándome suave como si pudieras romperte, preguntando a tu hermana si no podías enviarle WhatsApp preguntando qué debías hacer en todo momento. La depresión es un asco. Uno de enormes proporciones, tanto, que yo era incapaz de reconocer al hombre con su agudo sentido del humor, fuerte, que parecía capaz de gestionar un imperio, tras cuyas espaldas se escondía tu madre en las movidas con tu padre. Eras la única persona por la que él sentía respeto, pero es que eras culto, hiciste un viaje por casi toda Europa, con tus primos, en una época en la que eso era una audacia, lector impenitente, amante de la música de Nat King Cole, que no podía reírme más cuando te veía imitarlo porque eras un cachondo, o asomabas tu cabeza de algún cuarto y movías las orejas de soplillo que Dios te dio. Te debo todo lo que sé. También te debo haber dado la cara por mi en ocasiones en que debió estar mi padre, y tú que no querías hijos, decidiste que la vida te diera una sobrina coñazo. Eso sí, eso te dio derecho a un hueco en mi corazón hasta que cierre mis ojos. No todo el mundo tiene derecho a ese puesto! Tampoco sé si te importe esto una porra!
Lo que más rabia me dio de tu marcha es que, cuando fui a despedirme de ti, antes de la incineración, fue ver tu rostro con aquella paz, aquella felicidad, mientras yo me moría por dentro. Antes de abandonar la sala te dije que te veía bien y luego te deseé buen viaje. Luego fui a llorarte tras la mampara, a sostener a mi madre que te adoraba y que no quiso verte muerto.
Mientras siga con vida, mientras tenga memoria, tú serás mi tío varón favorito y de los hombres más importantes de mi vida con permiso de mi hermano, mi hijo y mi aún marido. Te quiero mucho cariño!
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El calor y otras coñas
Hace un calor interesante (ejem) aquí donde estoy. Hay aire caliente, venido directo del Sáhara, un aire malo para la salud, porque más que respirar boqueas cual pez fuera del agua, y que los guiris llevan con una naturalidad que no comprendo. No sé si, buscando huir del frío de sus países les da igual caer en un brasero caliente. No importa. Existe la cerveza y las jarras que se venden en esta zona a granel. De hecho, el éxito de los sitios de por aquí está en el tamaño de la jarra y su precio. La comida no les importa mucho porque, para eso, están criados con fish and chips. Eso te convalida el estómago para casi cualquier cosa. Mientras escribo, además, pasan ante mí insectos voladores cada vez más grandes, a punto del desmayo, con el calor pegado a sus alas, solicitando que, por favor, los remate. La pareja de aves del árbol es la única que es feliz, pero claro, ellos están cobijados entre sus ramas y, por ahí, ahora mismo, me gustaría vivir a mi. Donde estoy sentada, hace, a las 9 de la mañana, casi 30 grados. He regado el jardín y he puesto agua en algunos cacharrillos que mi vecina teutona dejó en él para si quiere beber agua alguna tórtola u otro pobre animal.
En cuanto a mi muela, sigue sin estar bien. Ayer me levanté sin dolor pero, por la tarde, sin haber cenado, me fui a la cama con él pegado a mi rostro. Hay que tener paciencia, me digo. Mañana, según como me vea, iré al médico a ver qué me dice. Tenemos uno en donde trabajamos, porque, con los seguros privados queriendo quitarse a los funcionarios de arriba, te dan cita para cuando has muerto o así.
Es increíble como ha sido este fin de semana. Hoy tienen planeado ir al restaurante a donde siempre iban mi madre y su marido. Hay que ir temprano porque no reservan mesa, no les hace falta. El dueño está podrido de dinero. Su secreto? Poner la carta en los salvamanteles, mesas y sillas de plástico, se sirve y se come en platos de postre y, hasta no hace muchos años, no ponían ni cuchillos, todo con tenedores de postre, una coña que eliminó el tercer marido de mi madre, que, como olía a tío con dinero, a pesar de su pinta de Paco Martínez Soria, y sabía de negocios de restauración un cachito grande, le dio al dueño un par de lecciones de porqué no se debe tratar al cliente como a una oveja. Comer si, pero pastar….Total, que mi familia planeó este finde el miércoles, cuando yo me levanté de la cama vomitando y en proceso de morición. Ellos, si, se asomaban de vez en cuando, me traían frío para ponerme, me decían que cómo podía haberme puesto así tras una extracción, y mientras ellos planeaban ya lo que harían al llegar aquí. Yo trataba de decir que con permiso de mi salud, claro! pero ellos no escuchaban mis ruidos agónicos.
Ir a la playa es otra cosa a la que venimos casi que, aunque llueva. Ayer estuvo nublado, pero así y todo nos fuimos a la orilla do mar con el enano. Mi hija dijo que ella se negaba a pasar frío, que es muy cachondo porque hacíamos esto mismo con ella, y se quedó en casa. Cuando volvimos me dolía del lado izquierdo de mi cara y me fui a mi habitación donde los oí en la terraza planeando el domingo. Cuando me asomé a la terraza del piso superior pude verlos y oírlos, mientras cenaban, usando ese idioma que casi no entiendo. Mi hijo hablando de arañas, su interés último, porque su padre, cuando viene aquí, se dedica a enseñarle cómo cazan, cómo se comportan, les muestra sus crías, mientras ellas hacen tan pichis sus telas de araña en las esquinas de la entrada. Yo ni hablo ni opino. Yo no pertenezco a ese mundo sesudo y lleno de conversaciones que ni entiendo. Para compensar, cuando terminaron de cenar subieron por turnos mis hijos y se acurrucaron junto a mi, para decirme que me querían y que les pone muy nerviosos verme enferma. Lo entiendo. Ya han vivido una pérdida importante y saben lo que es. Yo les tranquilizo diciendo que no vivimos en la Edad Media y que, de esto, creo que no parto al más allá. Todo ello, claro está, acompañado de abrazos tranquilizadores y besos aliviadores de incertidumbres. Y así me quedé dormida. Llena del amor de los míos. Tanto, que apareció mi abuela en mis sueños. Y entonces ya alcancé el cenit de la felicidad.
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Cuando el dolor te arrastra
Estoy en mi casa del sur. He venido arrastrada por la extracción de la muela que fue bastante peor de lo que pintaba. Lo típico de mi vida! Que es un trámite fácil? No importa! Ya arreglamos una complicación! Le falta a usted un papel que no sabemos dónde puede conseguirlo y que no le habíamos pedido a nadie! Que es una revisión sin más? No te preocupes guapa! Para tí tenemos rotura de la máquina, muerte de quien tendría que hacerte la prueba, incendio en el hospital…chorradas! Yo creo que la muela llevaba más tiempo rota del que pensaba y ese fue nuestro giro argumental vital. Al día siguiente amanecí vomitando. Y al siguiente. Y, hasta ayer, con dolores. Anoche fue mi primera noche sin dolor porque esta casa vibra alto en rollo positivo. Después de ver en la tele «Viaje al centro de la Tierra» película de los años 50 que me llevó a una infancia llena de pantallas de cines, me río mucho cuando mi aún marido dice que yo no entiendo de cine! No tiene ni idea! Este cuerpo que les escribe ha visto de ciclos pasados en pantalla grande como para llevarme tres premios, porque para mí el séptimo arte ha sido siempre como la literatura, una forma de evadirme, de vivir de espaldas a los problemas que hacían todo lo posible por llamar mi atención mientras yo ocupaba mi tiempo en vivir historias de familias felices, entristecerme por ver amores reales de pantalla grande como los de Katherine Hepburn con Spencer Tracey, un hombre católico, alcohólico, que solo se permitió ser su marido mientras actuaban, aprender historia con películas, incluso, bélicas, que yo no hago ascos…en fin, que me voy por las ramas, después de mi «dosis» de clásicos, apagué la luz y dormí como un bebé. Tanto y tan bien, que, al despertarme y ver que no me dolía nada, he dado las gracias a Dios, a los que ya no están y que me acompañan entre estas cuatro paredes, y a la vida misma.
El dentista me recomendó tomar cosas frías y yo, que no soy de tomar azúcar, me vi tomando helados y refrescos, además de agua fresca. Sentía yo que, con el azúcar, conseguía ponerme de pie sin morir, sin ser yo dramática ni nada de eso. El resultado fue que dormí esa noche tres horas. Me desperté un montón de veces, y en una de ellas, yo creo que a consecuencia de un pico de azúcar en sangre, me dio por sentir un duelo con mi muela. La eché de menos y la lloré incluso. Para azuzar el dramatismo, que no decaiga, me acerqué a mi enano para abrazarlo, como quien abraza una tabla para salvarse ante los embates marinos, y, en el proceso me dije que, hasta cuando iba a utilizar a aquel trocito de mí para lamer mis heridas. Mi coherencia se estaba poniendo encima de mí y me daba de bofetadas mientras me explicaba que yo no era «La dama de las camelias» y que ella y yo nos habíamos currado mucho estar donde estábamos para que a mi me diera por ponerme de abrazafarolas. Aún así, conseguí quitármela de encima con una llave y me giré para seguir lamiendo mis heridas y pensé en mi madre. Y lloré, como una Magdalena cualquiera hasta que sentí dos carraspeos. Levanté la mirada y allí estaba. Mi madre. Explicándome que si seguía utilizándola para bálsamo a chorradas, cogía el portante y se iba con viento fresco. «Es que no puede una lamentarse a gusto?» Le dije. «A mis costa no!» Me contestó. Y, tras unos segundos, debí caer dormida.
Al despertar sobre las cinco y pico de la mañana la glucosa ya tenía unos ratios aceptables y ya me dejaba pensar. Un capítulo de una serie o dos después y sonó el despertador. Entonces hice lo que hago siempre que algo me perturba. Crecerme. Desperté al enano a besos, y de un salto, como una Nadia Comãneci cualquiera, me levanté a preparar las cosas del crío para ir al cole. Aún estaba con dolores y no fui al trabajo, es cierto, pero sí noté que, por fin, yo era más que aquel problema. «Todo pasa y todo queda» dijo Machado y esa frase me ha parecido siempre tan verdad…!
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Anhelos
Hoy ha amanecido lluvioso aquí en la capital. Nos íbamos a la casa del sur pero es que, las predicciones meteorológicas decían que llovería por allí también y decidí no ir bajo juramento al enano de volver el fin de semana que viene so pena de acabar suplicando su perdón por no cumplir mi promesa. Para consolarme, miro en las webcam que hay colocadas en las playas de la zona para ver cómo va todo. Me encanta ese lugar! Está todo tan ajardinado, tan tranquilo, que me sienta como un orfidal en mi ánimo. Luego miro la casa por la cámara conectada a la alarma para ver cómo están las cosas allí y así veo cómo dejé la casa, si la gata que nos visita cada noche ha vuelto (resulta que el gato negro era gata, según mi vecina, que es la que trajo hasta la urbanización una comuna de gatos muy poco adecuada para la fauna de la zona) porque cuando se sube a la terraza una luz ilumina toda la entrada y hace que la cámara se ponga en alerta y me envía una notificación tras otra diciéndome que alguien ha accedido a la terraza. Patrañas. Hasta ahora, claro! Es una mascota, la mascota de la casa, más concretamente. Ha perdido su collar rojo y ahora, cuando la veo no consigo distinguirla. Ha perdido su mojo la gatita.
Luego pienso en mi madre. Ella amaba esa casa. Qué me diría si siguiera viva? Le gustarían los cambios que he hecho? Le parecería bien lo que hago con la casa? De una cosa estoy segura. Le habría encantado saber que la vecina se mudó a varios kilómetros de allí, no porque esta le cayese mal, sino porque es tan invasora en la vida de los demás como sus gatos, y, cuando eso ocurre, o la pones muy en su sitio o te pones muy de puntillas para que no se de cuenta de qué es lo que haces en cada momento. Pero todo se acaba y eso, increíblemente, es otro ítem que hemos alcanzado con el paso de los años.
Ha entrado el niño a mi habitación y me ha dicho que está lloviendo. Me vuelvo a la webcam. Si. Allí el día también va regular. El ánimo se alinea entonces con el día y decido que hoy debo pasar a la acción. Necesita mi mente mucha distracción para no tener pensamientos tristes, pensamientos de anhelos, de añoranza, llenos de recuerdos bonitos y en familia. No seamos cenizos. «Recuerda que tienes hijos y que ellos te necesitan fuerte, con la moral alta» me digo.
Siento la mano de mi aún marido en mi brazo. De vez en cuando necesita asegurarse que no he cogido las de Villadiego y me he hecho humo. Ayer se enfadó porque puse su pantalón de trabajo a lavar y, a pesar de mirar en los bolsillos delanteros y traseros, no me fijé que tenía otro a media pierna. Ahí estaba su agenda, un bloc de notas, un pilot y una pluma. El resultado ha sido un enfado, un repetir colada, y todo lo que estaba en el bolsillo arruinado. Que porqué no me di cuenta? Alguien ha convivido con tres personas autistas en casa? Pues eso! Que cuando presto atención a lo importante no me fijo en cosas nimias. Ojalá haber tenido ese mantra años atrás! Tal vez eso me hubiera hecho aprovechar más tiempo de calidad con personas que ya se han ido. Yo no soy Édith Piaf, que no se arrepentía de nada. Yo soy Sandra, la floja, la familiar, la que daría todo lo que le dejó su madre por conseguir un añito más a su lado. «Déjate de lamentaciones, levántate y ponte a recoger!» me digo. Pues eso! Feliz día!